Compartimos la nota de Julián D’Angelo, Coordinador Ejecutivo del Centro Nacional de RSE y Capital Social (Cenarsecs) de la UBA, en la que analiza los desafíos que la incorporación al uso cotidiano de los smartphones y redes sociales plantea a los programas de responsabilidad social de las empresas.

Acaban de cumplirse diez años de la presentación pública del Iphone, el primer smartphone merecedor de ese nombre. Cuando Steve Jobs lo presentó el 9 de enero de 2007, parecía un lujo para pocos, que hizo que hasta algunos plantearan que iba a ser un fracaso. Finalmente los smartphones fueron los aparatos tecnológicos de más rápida venta y penetración. La mitad de la población adulta del mundo ya posee uno y se estima que esa cifra se elevará al 80% en 2020.
Estos dispositivos han intervenido en todos los aspectos de la vida cotidiana y a medida que fueron reinventándose a sí mismos, fueron también revolucionando transversalmente un gran número de empresas. Cambiaron nuestra forma de comunicarnos, de trabajar, de consumir, de viajar, de escuchar música y ver televisión y videos. Es una verdadera transformación que abarca globalmente a la industria y al mundo de los negocios.
En el caso de Argentina, según el estudio de eMarketer, nos ubicamos en el top 25 de países con mayor uso de este dispositivo, con 14.1 millones de usuarios. Y somos actualmente el tercer país en Latinoamérica con mayor cantidad de usuarios en la Red Social Facebook y Twitter, estando entre los veinte primeros del mundo en ambas redes. Ambos factores comienzan a producir su impacto también en el campo de la RSE.
“La combinación entre la alta penetración de las redes sociales en nuestro país y la masificación de los smartphones, está presentando un nuevo y serio desafío también ahora a la reputación y los programas de responsabilidad social de las empresas“, afirma el Lic. Julián Dángelo, Coordinador Ejecutivo del Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial y Capital Social (Cenarsecs) de la UBA.
Así como se viraliza rápidamente una pelea callejera o el colectivero solidario, lo mismo ocurre con el empleado que trata mal a un cliente o la calidad de un producto que no cumple con lo prometido, es por ello que hoy la empresa está desnuda. Hay millones de “fotoperiodistas” dando vueltas por el país que, armados con teléfonos móviles, pueden filmar y compartir instantáneamente como un empleado los maltrata, denunciar condiciones laborales inhumanas, falta de higiene, publicidad engañosa, precios abusivos, etc. Y el camino al cementerio está plagado de empresas que subestimaron el poder de las redes sociales
“Temas que parecían menores y antes no tenían repercusión, ni pasaban a mayores, ahora pueden multiplicarse y convertirse en una crisis para la marca o empresa gracias a un smartphone y las redes sociales. Por eso el seguimiento de las redes es un tema que ya excede al área de comunicación y empieza a ser tomado conjuntamente con la dirección de las compañías”, concluye el Lic. D´Angelo.
Las empresas ya incorporaron las redes sociales como un ámbito propicio para promocionar sus productos, lanzar sus campañas y cada vez más también para comunicar información corporativa y sus esfuerzos de RSE. Es por ello que la atención de la compañía en las redes ya no podrá enfocarse únicamente en lo que la empresa tenga para decir, sino que deberá participar de la conversación global, prestando especial atención a lo que sus consumidores, trabajadores o la comunidad en general exprese.