El ingeniero agrónomo Carlos Bruno Gentile, Secretario de Cambio Climático y Desarrollo Sustentable, brindó su mirada sobre la conciencia de riesgo climático en nuestro país y las posibilidades en materia de desarrollo y sustentabilidad para el empresariado.

¿Cómo describiría el hecho de lograr un desarrollo sustentable?

El desarrollo sustentable implica que se contemplen los aspectos ambiental, económico y social. Debe ser integral, incluir al ser humano y tener en cuenta las cuestiones ambientales en función del desarrollo humano; además tiene que ser viable económicamente. Debemos lograr que predomine una visión centrada en el ser humano, que en su medio el hombre pueda desarrollarse económicamente, a nivel salud, social y preservar el ambiente para las futuras generaciones.

En relación con lo que usted menciona sobre un cambio conceptual e identitario al hablar de ambiente más que de medio ambiente, ¿cómo se arraiga la sustentabilidad en la cultura ciudadana?

La educación es el primer pilar. En el Ministerio de Educación de la ciudad de Buenos Aires llevamos adelante el proyecto Escuelas Verdes. Hay que trabajar en educación formal –centrada en el sistema educativo con la currícula, la formación docente y los materiales didácticos–. La educación ambiental es una competencia transversal a todas las materias. También está la educación no formal, es decir trabajar para los ciudadanos en general, desde los clubes de barrios, la tercera edad, las empresas. En las encuestas en general, si le preguntas a la gente qué importancia tiene el tema ambiental, contesta “muchísima”. Cuando se les pregunta cuáles son los temas que más les preocupan, no aparece nunca el ambiente, sino seguridad, empleo, salud.

Si tomamos en cuenta su percepción sobre el ciudadano, sobre las empresas, ¿en qué punto está la Argentina en cuestiones ambientales?

Hay sensibilidad por la problemática ambiental, pero no hay tanta conciencia de la urgencia. Yo creo que lo tenemos pendiente. Tanto a los individuos como a las empresas les cuesta incorporar su responsabilidad, su posibilidad y oportunidad de hacer la diferencia, y cómo afecta lo importante y lo urgente de esta problemática. Como Gobierno nos paramos desde dos lugares: por un lado, con educación para promover proactivamente, pero por el otro lado debemos procurar que se cumpla la normativa ambiental; con los ciudadanos es un poco más difícil porque se trata más de un proceso de concientización. Por ejemplo, en términos relativos, comparados con muchos otros países que vienen trabajando el tema ambiental hace muchos años, separar adecuadamente los residuos lleva ocho años, aun en un Estado modelo que logra una separación diferenciada bien hecha con campañas, estructura y educación. No hay milagros, los cambios requieren un trabajo continuo y sostenido en el tiempo. Todos los cambios ambientales llevan mucho tiempo. Tuvimos varios años de atraso relativo grande en relación con otros países en algunas etapas de lo ambiental, producto de muchos años de inacción, con muchos cambios e interrupciones en gestiones anteriores. Estamos haciendo un update tanto de normativas como de procesos, retomando la agenda con las empresas.

¿Qué implica retomar la agenda con las empresas?

El empresario está mucho más en la coyuntura. Cuando un país se plantea desafíos inmediatos, lo ambiental pasa a un segundo plano. Cuando el país está mejor, lo ambiental pasa a tomar más lugar. Primero las empresas grandes a veces porque tienen su par a nivel internacional y tienen sus políticas de la empresa. La empresa toma lo ambiental porque la normativa se lo exige o porque la casa matriz le está bajando una línea, o porque le parece un buen instrumento de marketing. Accedemos a muchas donaciones de financiamiento internacional de otros países, mecanismos o bancos multilaterales para, por ejemplo, concretar acciones de capacitación, seguimiento, acompañamiento a las empresas. Por ejemplo, los reportes de sustentabilidad de las compañías son muy heterogéneos y muy pocas veces reflejan la gestión ambiental de manera adecuada, tanto si la hacen como si no. A partir de esto, estamos con un caso piloto en el sector vitivinícola para capacitarlos y fijar pautas en común para llegar a un manual que todas las empresas del sector podrían consensuar cumplir. Por eso está muy pensado en RSE. El reporte de sustentabilidad debe mostrar lo que realmente es la empresa, debe reflejar lo mejor posible los aspectos social, económico y ambiental, lo que hace, que su producto final sea bueno. Tiene que ser un instrumento de venta de la empresa y que ella misma pueda mirar sus procesos. Este proyecto lo hacemos con el apoyo de Naciones Unidas para el Desarrollo Sustentable.

¿Qué temas lo desvelan?

En 2002 empecé a trabajar en temas climáticos, en energías renovables. En relación con la pregunta, tenemos un área de Desarrollo Sustentable y una Dirección de Innovación para mirar los procesos de producción y consumo sustentable. El área propone convertir la producción y el consumo en sustentables mediante la innovación. Por ejemplo, compras públicas, emprendedorismo, alimentación y construcción sustentable, producción y consumo, proyectos de reconversión industrial (PRI). Hay dos conceptos que atraviesan todo esto, que son “eficiencia en el uso de recursos” y “economía circular”, es decir que los procesos dejan de ser lineales para que los productos finales recirculen y pasen a ser componentes del proceso productivo. Está asociado al Objetivo N° 12 de Desarrollo Sostenible establecido por la Organización de las Naciones Unidas, que consiste en garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles.