El plástico es parte de nuestra vida cotidiana, lo utilizamos prácticamente todos los días, sin ser completamente conscientes del impacto que generamos. El “de un solo uso” es aquel producido para utilizarse y luego ser descartado, entre los que se encuentran las bolsas de supermercado, botellas plásticas de bebidas, colillas de cigarrillo, sorbetes, entre otros.

¿Qué podemos hacer desde las organizaciones?

“Para disminuir la utilización de plástico de un solo uso, y principalmente en empresas de servicios, es recomendable establecer una estrategia integral, que incluya realizar diagnósticos internos, concientizar y sensibilizar a colaboradores y actores de la cadena de valor, promover alternativas ecológicas para el uso de materiales, incluir criterios de sustentabilidad en la contratación de proveedores y mejorar los sistemas de gestión de residuos”, explica Diego López, Socio de PwC Argentina

“Para ese fin, es fundamental comenzar por un diagnóstico que permita conocer las áreas de mayor uso de plásticos en las empresas, para luego trabajar sobre cuatro ejes principales:

1. incorporación de materiales alternativos
2. gestión de residuos (como mínimo, en su separación en origen)
3. toma de conciencia (sensibilización de los distintos stakeholders de la compañía para comprender la problemática y comprometerse con los programas)
4. trabajar sobre indicadores de gestión, que permitan a la empresa medir y comunicar sus progresos con impacto.
Todo ello implica un cambio de paradigma y comprender que compartimos entre todos la responsabilidad de cuidar el medio ambiente.” agrega Diego López.

De acuerdo al informe de Naciones Unidas “El estado de los Plásticos” de 2018, anualmente 13 millones de toneladas son descartadas y se utilizan 5 billones de bolsas. Por minuto, son compradas un millón de botellas de plástico y en promedio, una persona utiliza 200 al año (cada una demora unos 400 años en biodegradarse). Entonces, hasta que una sola bolsa plástica se biodegrada, una persona utiliza en promedio otras 80.000.
Debido a su relevancia, la Asamblea de Naciones Unidas firmó en marzo del corriente, un acuerdo global para la reducción de plásticos de un solo uso para el 2030, siendo muy determinante en su mensaje: “o nos divorciamos del plástico, o nos olvidamos del planeta”.

“Promover una nueva forma de hacer, ver y entender la responsabilidad individual y colectiva que tenemos dentro de la preservación del medio ambiente es indispensable para desarrollar nuestras actividades de manera sostenible, y para lograrlo, debemos trabajar sobre la base de la comprensión y el compromiso colectivo.” comenta Belén Zermatten, especialista en Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente en PwC Argentina.

Los líderes de los países desarrollados comenzaron a reconocer la problemática y sus efectos en el ambiente y la salud y, mediante la declaración conjunta emitida por los miembros del G20 (celebrada los días 28 y 29 de junio en Japón), se hizo un llamado a la comunidad internacional para compartir como perspectiva global común la “Visión del Océano Azul de Osaka”, cuyo objetivo es reducir la contaminación adicional de basura plástica marina a cero para 2050, a través de un enfoque integral que incluye implementar mejoras en la gestión de residuos y soluciones innovadoras para evitar el uso de plásticos.

La Unión Europea aprobó en marzo, la prohibición de los plásticos de un solo uso a partir del 2021, mientras que, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a través de la Resolución N° 341/16, modificada por la 29/2018, se dispuso que a partir del 1º de enero de 2017, los supermercados, hipermercados y autoservicios de alimentos y bebidas dejaran de entregar bolsas plásticas livianas, no biodegradables. Esta Resolución, enmarcada en la Ley 3.147, sancionada por la Legislatura Porteña, se relaciona con el objetivo de la ley 1.854 sobre Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (conocida como “Basura Cero”) que apunta a minimizar la generación de desperdicios en general. En el marco de esta ley y a través de la Resolución 2019-816 del Boletín Oficial 22/05/2019, se resolvió que no se podrán ofrecer ni colocar sorbetes plásticos de un solo uso a la vista del cliente, prohibiendo a partir de los 6 meses su utilización, entrega y expendio.

Por otro lado, se encuentra en Cámara de Diputados, un proyecto de ley de presupuestos mínimos para la gestión ambiental que reconoce la Responsabilidad Extendida del Productor (por la gestión financiera de los residuos que se derivan de sus productos), y que establece que deben constituir asociaciones de alcance nacional para la gestión de residuos de envases. Cada asociación debe elaborar y presentar un proyecto de Sistema de Gestión Integral de Residuos de Envases, que aseguren mecanismos adecuados de recolección, acopio y transporte, así como técnicas adecuadas para su tratamiento y disposición final. El proyecto incentiva también a que implementen sistemas denominados “Depósito, Devolución y Retorno” (DDR), como mecanismos para garantizar la reutilización de los envases.

“La conciencia de las distintas partes involucradas está creciendo a un ritmo cada vez más acelerado y ello genera una demanda de cambios a nivel empresarial y gubernamental. Cada vez son más los motivos que incitan a las empresas a reducir el consumo y generación de plástico, y a tomar un rol activo para enfrentar esta problemática. Además, el avance en las legislaciones a nivel local e internacional, con fines de regular o prohibir el uso de plásticos de un solo uso, obliga a las empresas a tomar medidas a futuro: reducir sus consumos de plástico, mejorar los sistemas de gestión de residuos e invertir en alternativas viables y novedosas para modificar sus sistemas de producción, empaque, envasado y así evitar el costo por multas o sanciones.” finaliza Belén Zermatten.