Edi Zunino, Jefe de Redacción de Noticias, es un periodista de pura raza que hace más de dos décadas forma parte de la revista emblema del grupo Perfil, afrontando avatares entre pecho y espalda, firme como un mascarón de proa, defendiendo el oficio por sobre todas las cosas.

Edi Zunino tiene un don, el de la palabra. Cuando empieza a hablar, da la sensación de que podría hilar mil temas diferentes sin tragar saliva, sin tropezar con una pausa, un vacío o una repetición conceptual. Tiene una claridad envidiable de los hechos, avalada tal vez por una teoría convincente en el campo de las ideas. Luego, habrá a quien le caiga en gracia y quien lo defenestre por su línea de pensamiento, pero nadie podrá negarle la virtud de poseer una retórica jugosa y contundente a la que no le falta un verbo ni le sobra un adjetivo.

Bien podría haber sido una de esas voces que te mantienen en vela durante toda la madrugada desde el micrófono de una radio noctámbula, con cierta filosofía con pedigrí de calle, café y libros.

Quizás esa habría podido ser su suerte, de no haber sido “tan bruto”, como dice él cuando se refiere, con cierto sarcasmo, a su viraje casual hacia el periodismo. Es que la historia de Edi y el oficio que defiende comenzó cierto día de 1981, cuando decidió ir a anotarse en el ISER (Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica), con la ilusión de convertirse en locutor de radio, un medio que le apasiona; pero lo rebotaron, así que se fue caminando desde Paseo Colón al 300, por Moreno derecho, hasta Combate de los Pozos, para terminar anotándose en la Escuela de Periodismo del Instituto Grafotécnico. Y así fue como empezó su carrera. Fue colaborador de los diarios La Voz y Sur, fue parte de la revistas TXT y 3 Puntos. En 1995, la Escuela de Periodismo de la Universidad de Florida (EE.UU.) le otorgó el Premio a la Ética Periodística por registrar y difundir el intento de soborno por parte de un importante sindicalista para que no publicara un informe sobre sus propiedades. En 1998 recibió el Premio ADEPA/Clarín a la Libertad de Prensa, por una serie de columnas escritas mientras conducía el equipo de la revista Noticias dedicado a investigar el asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas. Es autor de los libros Patria o medios (2009) y Periodistas en el barro (2013).

PRESENTE tuvo la oportunidad de conversar con él en la redacción de Perfil, su hábitat natural, allí donde lidera a un grupo de 35 personas que conforman el equipo de la revista Noticias.

 

 

¿Cuál es la responsabilidad que conlleva el ser periodista?

Ni más ni menos que la de llevarle a la sociedad la información de la mejor calidad posible. Luego, nosotros no sabemos para qué usa la información la gente; algunos, para tener tema de conversación; y otros para pretender cambiar el mundo. Los periodistas registramos acontecimientos y hurgamos en ellos de muchas maneras porque hay muchos géneros para hacerlo, y, con la revolución tecnológica, cada vez hay más.

¿Cuáles aptitudes debe tener un buen periodista?

Yo me planteo un tema de equidistancia, del no interés personal del periodista en la resolución o cobertura de tal o cual caso. Judicialmente, sería lo que se llama “las generales de la ley”, o sea, si vos sos parte del asunto, si guardás alguna afinidad con el inculpado, ya seas amigo o enemigo, tu testimonio va a tener mucho menos valor que el de aquel que no tiene ningún vínculo con él. Los seres humanos somos sujetos, y como tales somos subjetivos; tenemos ideas, prejuicios, religiones, posturas políticas, amamos y odiamos. En el posgrado de investigación que estamos llevando a cabo con la Universidad del Salvador, todas mis reflexiones al respecto con los estudiantes se basan en esto: el periodista tiene una formación previa, pero no sabe nada de los hechos porque no está donde ocurren, aunque después los reconstruye. Entonces, debe tomar la noción de que no sabe nada, esa condición te ordena todo tu trabajo porque te obliga a plantearte cuáles son las preguntas esenciales para saber qué es lo que pasó; y de esta manera, la pregunta pasa a ser la principal herramienta del periodista. Así, si tenías una hipótesis, debés estar dispuesto a ser flexible, sensato, serio y centrado como para poder mutarla en otra porque pudo haber estado equivocada. El problema es que el periodista posee la necesidad de captar al público, haciéndole creer que es él quien más sabe de todo. Pero para convencer al lector debe ser confiable, demostrar que partió del desconocimiento absoluto y que todo aquello que investigó lo hizo sin ningún interés propio en el asunto. El periodista debe ir virgen de información. Obviamente, eso es una declaración de principios, pero en la vida se nos puede presentar un tema que nos mueva hasta la fibra personal, afectiva, ideológica o moral.

¿Eso te lo enseñan en la escuela de Periodismo?

Hay una formación universitaria en los nuevos periodistas y un adiestramiento en los medios de comunicación en los que trabajamos, eso te da un saber hacer. Te ofrece técnica, una tecnología de trabajo que, si estás formado, te va a permitir sumergirte mucho más en los contextos de cada situación, porque sabrás manejar el antecedente, la historia, la situación del cuadro político, quién es quién en un determinado esquema. Dentro de la información, siempre hay personas que tienen vidas, y la realidad es bien compleja, por eso, quien esté mejor parado para interpretarla o saber de antemano cómo indagar en la coyuntura de las personas correrá con ventaja por lo menos a la hora de hacer un producto informativo de calidad.

¿El periodismo sigue siendo el cuarto poder o subió algún escalón en el podio de influencias?

No sé si somos el cuarto poder, yo creo que tendríamos que convencernos de que tenemos que ser lo menos poder posible, porque eso nos ha llevado a competir en terrenos que no son propios del periodismo. Eso no quiere decir rechazar el poder que tenga la palabra publicada o la atribución de escribir una nota, eso tiene una influencia y un poder. Considero que lo que hace falta en las sociedades modernas es una difusión cada vez más amplia y compleja donde se escuchen todas las voces. Nuestra ambición profesional debería estar centrada en convertirnos en retransmisores de por lo menos una parte de la información y de la sociedad. Una de las funciones del periodismo se encuadra en el rol del resguardo de la transparencia pública, pero no es la única.

¿Cómo hace el hombre de la calle para no comerse un buzón?

Lo más probable es que se lo coma, es un tema en el que actúan muchos factores.

¿La imagen es más potente que la palabra escrita?

Claro que sí, y mucho más en esta época. La imagen no tiene ni copete, dice o no dice, conmueve o no lo hace. Siempre va a valer más que mil palabras, y cuando tenés la posibilidad de que esa imagen se reproduzca hasta el infinito en instantes, eso es poder. Como la foto del chiquito sirio aparecido muerto en Turquía o la del chiquito qom que murió desnutrido. Creo que el dramatismo de esas imágenes acerca y mueve a las personas, todo el mundo reacciona ante ellas.

¿Cuál es tu visión de la masificación de los soportes técnico-digitales?

Creo que no terminamos de incorporarlos a nuestras vidas ni sabemos para qué van a servir. Hoy podés tener infinitas ventanas abiertas, algunas de información, otras de compra on-line, otras de fútbol, moda, pintura o pornografía. Tenés redes sociales donde vos mismo te sentís el editor de tu imagen en Instagram, de tu historia personal en Facebook, de tu capacidad de polémica y destrucción del adversario en Twitter, de buscar trabajo sin recurrir al agrupado del diario en LinkedIn, hay una oferta tan grande que todos estamos mareados y ninguno sabe exactamente para qué le va a terminar sirviendo todo esto, pero sabe que por la dudas tiene que estar. Eso en algún momento se va a decantar e iremos viendo cuáles no son funcionales, cuáles nos divierten y cuáles nos permiten conectarnos de verdad con otras personas.

¿Cómo ves las nuevas generaciones de periodistas?

La gente más joven viene con otra noción de lo que es la estructura laboral y todas las otras estructuras, la familiar, la escolar, la universitaria, entre otras. Hoy son pocos los jóvenes que se incorporan a una organización formal en la que funcione un orden jerárquico. Se perdió la idea del derecho de piso, del ir ascendiendo. La sociedad moderna es mucho más horizontal, más compleja en el sentido de la multifunción, no solo hablo de los medios de comunicación, sino de un montón de interacciones en las que los medios y los soportes de traslado de datos construyen una sociedad con estructuras y valores distintos. No me pienso entretener por ahora en si antes era mejor o peor, lo que sí veo es que tenemos generaciones nuevas que pueden adiestrar a las viejas en el manejo de los soportes tecnológicos, y eso es la primera vez que sucede en la historia de la humanidad.

¿Esas generaciones nuevas están permeables a recibir la experiencia de sus mayores?

Tal vez lo que falte o esté en crisis es la escala de valores. El tema es sobre la base de cuáles valores y de qué organigrama lo van a hacer. Acá decís “organigrama” y parecés un fascista. Y en cualquier aspecto de la vida siempre hace falta ordenar las cosas según las prioridades, que el más capaz sea el que lidere, porque aún no hemos dejado de ser sociales y de tener la necesidad de relacionarnos con el otro. Eso impone siempre límites, lo que yo niego es esta visión posposmoderna de la ausencia absoluta de límites; y es una discusión filosófica muy profunda porque hay que ver quién va a discutir los límites y desde dónde. Cada cual lo hará desde su punto de vista, y en su punto de vista va a estar involucrado su interés. Entonces es difícil, pero no deja de ser fascinante.

¿Qué opinás del periodismo de periodistas?

Creo que el periodismo es de lo que sea, y nosotros y los medios somos sujetos públicos del juego de intercambio de ideas, mercancías, dinero, influencias, favores y trampas en la sociedad. Yo hablo de lo que se me canta siempre ateniéndome a ciertos límites, no injuriando, no lastimando gratuitamente al otro.

¿Y del periodismo militante?

Periodismo y militancia siempre existieron. Es más, en términos históricos, el periodismo en la Argentina y en el mundo se originó en la militancia política, en la lucha de ideas, en tener un medio donde publicar las ideas, y esas ideas siempre se confrontaban con otras, y al haber explotado todo esto en los siglos XVII, XVIII y XIX cuando todas las sociedades estaban buscando su mecanismo de organización. “Con la espada, la pluma y la palabra”, tres cosas que se usaban con el mismo fin, buscar una organización para la sociedad de la aldea. Me gusta más el uso de la palabra que el de la espada, porque, tal vez, si no se hubiese usado la espada como a fines del siglo XIX, algunos conflictos de la Argentina hoy los sabríamos resolver de maneras más calmas y sensatas. Porque el otro siempre va a existir, lo podés negar y vas a ser un necio, o podés tratar de convivir con él, incluso en la contradicción, tratando de encontrar un equilibrio. Me parece que en la sociedad moderna periodismo y militancia poseen una contradicción básica. El periodista puede tener, en el último de los casos, un compromiso con sí mismo y con la empresa donde trabaja, y eso le puede nublar la cabeza y no permitirle hablar con sinceridad y trasparencia de esos dos temas. Por su lado, al militante político muchas veces en su vida se le puede presentar la necesidad de tergiversar los hechos para ocultar cosas que no conviene que se sepan. Y eso es un gran contrasentido con el periodismo. Es una época que tergiversó todo, los periodistas pasamos a ser sujetos de crítica, y creo que está bueno que se haya abierto la discusión. Trabajar en un ambiente en el que se puede ser cuestionado, porque a la larga tendría que significar que eso nos llevará a hacer mejor nuestro trabajo. Pero esta época nos hizo defendernos a nosotros mismos más que a la función de informar. Tomamos partido, entramos en la guerra, pasamos a ser parte de la noticia y no quienes la cuentan, y lo peor de todo es que nos encanta ser parte de la noticia. Perdimos, nos convirtieron en lo que no queríamos ser: parte del asunto.

Me llama la atención la velocidad con la que hilás las ideas, ¿pensás que hablás mejor de lo que escribís o escribís mejor de lo que hablás?

Creo que en materia del ejercicio de la profesión, escribir me enseñó a hablar con contenido, a tratar de decir lo que verdaderamente pienso, creo o supongo que pienso, porque mi escala de valores, mis ideales, tienen que estar expresados en lo que digo. Exponerte mucho tiempo a la palabra hablada en los medios de comunicación te puede llevar a decir las idioteces más grandes solo por la obligación de tener que estar diciendo cosas porque ese es tu modo de vida.


Edi Zunino (1963)

Colegio: Escuela Nacional de Comercio Juan Bautista de La Salle (Ramos Mejía)

Universidad: Escuela de Periodismo del Instituto Grafotécnico

Posgrado: No

Idiomas: Mal el español

Hobbies: Me gustó mucho el fútbol, pero me dejó de gustar

Tu mayor logro en la vida: Tengo tres hijos preciosos, una carrera decentemente hecha y ganas

Rasgo principal de tu carácter: Dicen que soy bravo, no creo ser tanto, me gusta construir equipos

Un lugar en el mundo: Me gusta mucho pasear, ampliamente, por cualquier lado

Personaje histórico preferido: Tuve varios, pero creo que necesitamos una sociedad sin ídolos

Un libro: Siempre voy y vuelvo a Roberto Arlt

Un momento para leer: Las vacaciones

E-book o libro impreso: Libro impreso