Actriz, guionista y realizadora cinematográfica, Teresa Costantini es responsable de la Fundación Arte Vivo, que trabaja en red con otras instituciones para fomentar transformaciones sociales en el área de la cultura, la educación y la ciencia.

“Estética” es una palabra que bien puede representar a Teresa Costantini, mujer de mirada segura y andar leve, que parece que nada deja al azar: desde el maquillaje que destaca sus rasgos más fotogénicos hasta una vestimenta que marida a la perfección con el mobiliario de su productora audiovisual, Buenos Aires Producciones. Es que esta mujer que nació en 1949 como María Teresa Correa Ávila –pero que es conocida en el mundo de las artes a partir del apellido que le legó su ex esposo (el empresario y coleccionista de arte Eduardo Costantini)– parece disfrutar muchísimo de formar conjuntos armónicos. De muchas maneras, esa femineidad delicada e intensa ha marcado sus intereses como directora de películas, por ejemplo El amor y la ciudad (2007) o Felicitas (2009), o la obra Hembras, un encuentro con mujeres notables (2012), donde actrices como Rita Cortese, Graciela Dufau, Ana María Picchio y Soledad Silveyra representaron bajo su dirección la vida de figuras femeninas de la historia nacional. En este apuntar el ojo creativo al valorizar el rol de la mujer en la evolución de nuestra sociedad, Costantini le da un sentido unificador a una tarea global como comunicadora que comenzó a desarrollar cuando ya había criado a los cinco hijos que tuvo con el fundador del Malba. Desde entonces, a los 37 años, no solo actuó en variadas producciones de cine y televisión, sino que creó su productora, hizo sus propios films y le dio nacimiento a la Fundación Arte Vivo, organización sin fines de lucro dedicada a la promoción de actividades ligadas a la cultura, la educación y la ciencia.

-¿Cómo se unen en su historia la pasión por contar historias y la acción social?
-Por un lado, comienza con la formación de una familia católica: mis padres siempre fueron solidarios y trabajaron a favor de la comunidad que nos rodeaba, que era San Isidro y Acassuso, donde yo crecí. A mi casa venían familias a las que se les daba de comer, se les daba ropa. Los conocías, sabías sus nombres. E influyó la formación que nos brindaba la escuela de monjas, donde nos llevaban a conocer a chicos que tenían menos que nosotros. Sobre el narrar, tengo el recuerdo de tías que nos contaban historias fantásticas que me encantaban. Y recuerdo un despertar muy temprano de la imaginación: a los 6 años ya tenía un grupo de teatro, hacíamos obras en los cumpleaños. Y desde entonces pensé que lo que quería hacer era escribir, ser actriz o estar en el cine. Por eso, si alguien cree que los deseos se cumplen, es así. En mi caso, la realidad superó esos sueños, porque hice ya unos cuantos largometrajes y estoy involucrada en una acción de ayuda con muchos niños a través del arte. Y supongo que en ese despertar, ellos van a encontrar una transformación a su hábitat y en su forma de desarrollarse en una sociedad que todavía es injusta.

Entre las actividades que Fundación Arte Vivo –asociada a entidades como Asociación Querubines, Fundación Casa Rafael y Fundación Nordelta– desarrolló durante 2012, se encuentra el apoyo que se les dio a 36 chicos carenciados económicamente, a través de transporte y meriendas, para que fueran incluidos en el proyecto internacional Linterna Mágica, por el cual vivieron el placer del cine en pantalla grande y descubrieron de forma didáctica los alcances del lenguaje cinematográfico. Antes de ver películas como El oso, de Jean Jacques Annaud, o Tiempos modernos, de Charles Chaplin, los chicos presenciaban una obra de teatro en la que se trataban distintos conceptos fílmicos ligados a la película que iban a ver o a la historia del cine en sí. Además, recibían una revista mensual en sus casas dedicada a conceptos o temas que se tratarían en el próximo film que verían. Es fácil sentir que en todo el trabajo social de Costantini lo estético tiene un lugar preponderante. “Para mí es fundamental, es algo que vino conmigo, que se ve en este lugar [su productora], en mi forma de tratar el material con el que trabajo en las películas, que terminan unidas por esa transmisión estética que les pueda dar”, dice quien llegó a actuar en TV en programas como “Zona de riesgo” o “Cartas de amor en cassette”, y cuenta que este año filmó un cortometraje para la Fundación Cascos Verdes, que se dedica a capacitar jóvenes en el tema de la concientización ambiental en empresas. Lo particular es que se han hecho trabajos con chicos con síndrome de Down para que ellos tengan su salida laboral. También lo estético terminó jugando a favor de su sentido solidario, ya que eligió oficinas de la empresa DIRECTV para realizar la filmación solo porque su belleza podría generarle buenas sensaciones al chico que actuaba. Lo notable, relata la realizadora, es que aun antes de terminar el corto, la propia empresa de televisión satelital le dio una entrevista real al joven, con buenas posibilidades de que lo tomaran. “No podía imaginar hacerlo en otro lado, porque lo bello te incentiva, es el reflejo del alma”, sintetiza Costantini.

-¿Cómo se siente al concretar tareas solidarias?
-Por un lado, está la frustración de no poder ayudar a todos. Aprender eso cuesta mucho. Pero un día me convencí de que había que salir de la omnipotencia de creer que se puede más de lo que se puede. Pero, por otro lado, está la sonrisa de uno de estos chicos, la felicidad de ver que pudiste concretar una acción solidaria. Ellos dan más de lo que uno da. Siempre se recibe más. Es así en la vida, lo que pasa es que no nos damos cuenta. En verdad, cuando uno da, el amor crece más y se multiplica. Y estar atento a gente que lo necesita es un acto de amor. Es más que una satisfacción, es una alegría muy particular la que brinda el poder colaborar con esa tarea.

-Para ayudar, no todo es buena intención ni contar con los recursos, ¿no es así?
-Creo que hay varios caminos. Es muy válido que alguien ayude sin conocimiento. Pero también es muy importante la especificación, porque en ese saber cómo ayudar uno puede tener una llegada mejor y hacer que rindan los recursos. Y me parece importantísimo averiguar cómo se encamina la ayuda, lo que siempre hago con las ONG con las que trabajamos, las que elegimos porque ya hicieron un camino, tienen un armado de la situación, lo que de muchas maneras las vuelve empresas, porque cuentan con personal que ha estudiado, que aprendió cómo conseguir recursos y hacer que todo les rinda más.

Entre los múltiples objetos decorativos de su productora, donde igualmente nunca podrá percibirse aglomeración de elementos que mareen o sobrecarguen la vista, la atención se irá directo a toda una serie de fotografías enmarcadas de varios momentos vividos en los rodajes de películas suyas, como Acrobacias del Corazón (2000), además de afiches enormes de realizaciones experimentales como Sin Intervalo (2002). El detallismo y la presencia en prácticamente todos los ambientes de estas huellas de su actividad preciada no solo no parecen obvios en el marco de una productora audiovisual propia, sino que exhiben una pasión inocultable en Teresa Costantini por un arte fílmico que también podrá rastrearse en numerosos libros sobre el tema, los que apenas podrían competir en cantidad y espacio con ejemplares dedicados al arte visual de todo tipo de pintores. Si hay algo que siente que unifica el cine con la acción social es el saber armar equipos. En su fundación suelen hacer cortometrajes anuales para un concurso de la Fundación La Nación sobre prácticas educativas, donde se premian acciones que transformen la comunidad escolar. Los directores y el equipo técnico, todos profesionales del cine, donan su tiempo, y Arte Vivo proporciona el material, la logística y todo lo que pueda ser requerido para finalizar el trabajo. “Y en esto, es muy importante el armado del equipo, tanto como saber delegar, juntarse, reunirse, distribuir las tareas y dejar que eso ruede solo”, agrega Costantini antes de aclarar que no hay como trabajar en red con otras instituciones con experiencia. Cuando es así, se unen en tareas conjuntas para concretar proyectos ya avanzados. Para poder funcionar en estos entramados, reflexiona, es necesario evitar el narcisismo de quienes solo operan con lo que idearon. “En acción social solidaria, salirse del centro es un gran aprendizaje que también sirve para el cine, donde el director puede tener la máxima autoridad, pero si no se sale del centro no puede llegar a ningún lado”, piensa la mujer elegante que estudió teatro con maestros como Agustín Alezzo o Augusto Fernández.

Como si fuese un bien familiar que se transmite con más contagio que el arte, Costantini cuenta que uno de sus nietos, con apenas 17 años, ya ha creado un proyecto solidario para generar donaciones a causas urgentes. Y al ver que su página de Facebook, llamada “Una mano para un amigo”, aún no crecía en una dimensión proporcional a sus objetivos de ayuda, la cineasta le propuso colaborar con él de la manera que le pareció más estratégica: apoyándolo económicamente en estudios específicos que le permitieran hacer que su empresa de fines benéficos encontrara maneras de crecer en Internet, para lograr ayudar de forma rápida en esas causas que lo inquietan. El aspecto de la comunicación, un área conocida por la directora, hizo su aparición para que no todo quedara en ímpetu de ayuda sin cauce seguro. “Creo que sin la energía del entusiasmo, no te ponés ni los zapatos a la mañana ni te afeitás”, reconoce Teresa Costantini al valorizar las ganas de su nieto. Y luego de reírse con ganas de su ocurrencia doméstica, también apela a ejemplos de su familia para opinar sobre la participación de las empresas en programas de responsabilidad social: “Tengo muchísimos sobrinos trabajando específicamente en ese lugar de responsabilidad social en empresas como madereras, bancos o financieras, y me interesa muchísimo escucharlos. Y con ellos sentimos que es muy importante que las empresas se estén comprometiendo, porque cambia también la forma en que se relacionan los mismos empleados, y el hecho de que haya departamentos de RSE implica que las personas tienen dónde plantear estos temas, lo que hace que quien tenga vocación para esto pueda llevar sus proyectos a un sitio que les dé salida hacia la comunidad, lo que es fabuloso. Aunque a veces pueda parecer que con estas acciones las empresas paguen otras culpas, como por ejemplo que una maderera tenga una fundación social ecológica porque su trabajo es talar bosques. Pero ¿cómo juzgamos lo que está bien y lo que está mal, si lo que están haciendo para ese grupo es bueno? Por ahí nos conviene que lo sigan haciendo”.

-¿Hay que tener una mirada alejada del juicio para evaluar estos temas?
-Sí, porque si no, uno cae en la tentación de decir que tal empresa no está trabajando bien. Hay que mirar el bosque. Y ver qué se puede hacer. No soy tan esquemática como muchos de estos equipos empresariales que se proponen planes a largo plazo. Yo trabajo más en lo inmediato, voy resolviendo, voy estudiando. Soy más improvisada, pero lo compensamos al trabajar con otras fundaciones, por lo que nos acoplamos más al sistema.

Siguiendo ese don narrativo que tiene como guionista, para dar su opinión sobre la crítica que se le hace a veces a la responsabilidad social empresaria al verla como una moda Costantini describe una escena para ella cotidiana. Suele almorzar en un restaurante cercano a su productora, donde come verduras provenientes de la misma huerta del dueño, quien llegó a producir orgánico primero por su propio beneficio, para luego darle forma comercial. “También pueden acusarlo de moda”, dice enérgica la directora. Y da cuerpo final a su reflexión: “Yo me quedo con la historia de que este hombre fue un idealista que, por comer sano, hoy nos ayuda a que nos alimentemos mejor”. En este sentido, la cineasta cree que la temática RSE puede ser moda, como todo lo que se comunica en esta época, pero apuesta por una lógica tan realista como tendiente a ver el vaso lleno, aun en medio de un panorama complejo: “Las empresas siempre van a estar para hacer lo que les conviene, pero si haciendo lo que les conviene benefician a la humanidad, bienvenido sea. Además, analizándonos en cada accionar de nuestro día, todos podemos caer en algún momento en un acto que no es tan perfecto”.


SOLIDARIDAD SIMBÓLICA

 De alguna manera, el trabajo de Costantini al valorizar el rol de lo femenino en nuestra sociedad también puede ser leído como solidario, al trabajar para generar cambios de mentalidad colectivos. Esto opina la autora: “Para mí es una misión que va mucho más allá de expresarme a mí misma, más bien tiene que ver con descubrir, saber más y, por lo tanto, transformar, que es lo mismo que hacemos con la fundación al generar vivencias en chicos o adolescentes que pueden cambiar su mirada, su pensamiento, a través del arte”. En ese sentido, le parece que lo artístico puede ser un bien imprescindible: “El arte es necesario, porque nos entrena, porque la vida siempre nos obliga a ser creativos, sea cual sea la tarea que hagamos”.

PREMIO PARA MUJERES

En abril de 2011, Teresa Costantini formó parte del jurado del Premio Mujeres Solidarias 2010, otorgado por la Fundación Avon. El premio es un reconocimiento a proyectos sociales liderados por mujeres de todo el país. Mujeres Solidarias nació con el propósito de acompañar y reconocer el compromiso y la pasión de aquellas mujeres y emprendedoras que contribuyen a crear una sociedad más inclusiva y equitativa.