Entró a la política a los 14 años para conocer chicas, tomó clases de guitarra con Litto Nebbia y fue amigo del Flaco Spinetta. Escribió libros, grabó un disco y fue Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner. Hoy se presenta Alberto Fernández, el peronista que se vio más influenciado por Bob Dylan que por Perón.

Alberto Fernández está seguro de que la gente de a pie, los que caminan por la calle, esos que se cruza cuando baja a pasear a su perro por la Reserva Ecológica, no lo evaden, quizás no lo amen locamente, pero lo respetan, creen que es honesto y que hizo las cosas lo mejor que pudo. Él está satisfecho; sabe, y así lo afirma, que cuando dejó su cargo como Jefe de Gabinete salía con los bolsillos empobrecidos, no se había guardado nada. De hecho, vive en un departamento que alquila amueblado en Puerto Madero. “¿Nació en este barrio, creció acá?”, le preguntamos a modo de chanza, a sabiendas de la afición que tienen muchos kirchneristas por esta zona de la ciudad. Se ríe y dice que es de Caballito, pero que cuando se casó se fue a vivir con su mujer a Recoleta. Hace tiempo que se separó, durante aquellos días de seguirlo a Néstor en el apogeo del Gobierno. Aún recuerda la sorpresa del de la inmobiliaria cuando fue a alquilar el departamento siendo Jefe de Gabinete. Lo dice con cierto orgullo, como chapeando con su honestidad. Claro, quizás el de la inmobiliaria hubiese esperado de un político que sacara un fajo de billetes para comprar en seco un piso entero. Su exmujer y su hijo siguen viviendo en Recoleta. Allí tiene sus oficinas, porque aún ejerce como abogado, además de hacer política en el espacio del Frente Renovador liderado por Sergio Massa. Colegas. Ambos ocuparon el mismo cargo en distintos momentos (quizás muy distintos) del kirchnerismo. Hablamos de rock, de su colección de guitarras, de una reproducción autografiada de la foto de Perón sobre el caballo pinto (resulta que aquella foto la había sacado un tío suyo). La charla es amena, sus respuestas claras, no hay ribetes que adornen con adjetivos las ideas, para nada. Nos invita café. La vista se abre sobre la costa del río. Pero el departamento es tranquilo, bajo perfil. Un collie café con leche se porta diez puntos. Se llama Dylan, por el músico folk, un tipo que influyó con sus canciones y los valores que expresaban mucho más que la doctrina del propio Perón. Es que él se siente cómodo ilustrándose como un hippie que se acercó a la política para conocer chicas. La tarde pinta bien, será una entrevista jugosa con el Fernández de mejor imagen. Nos contará su visión sobre la responsabilidad social empresaria, se despachará con un buen análisis del peronismo como ideología, hablará sobre un debate pendiente en la sociedad, no se guardará nada.

¿Cuál es su visión sobre el concepto de RSE?

Me parece que la responsabilidad social empresaria es todavía una expectativa importante. El problema es que las empresas la toman como un elemento de marketing y no como un problema de responsabilidad real. No me gusta generalizar porque hay empresas que sí lo hacen, pero muchas han constituido sus propias fundaciones con el argumento de que es parte de la responsabilidad social de la empresa, y en verdad lo único que hacen es eludir impuestos, haciendo poco y nada por la responsabilidad que les cabe. Pero esto no se da solo en la Argentina, sino en todo el mundo. Las grandes empresas multinacionales que muchas veces se atribuyen ese criterio de responsabilidad social lo único que terminan haciendo es garantizarse que sus impuestos bajen, porque la parte que derivan a la fundación la desgravan de sus ganancias. Me parece que aún es una buena expectativa, pero hay mucho para trabajar y todavía el fin de lucro sigue predominando sobre la responsabilidad social. Pero hay que ser optimista. El otro día estuve hablando con gente de una empresa brasileña de cosmética, ellos me comentaban que son una empresa de Clase B, que les prestan atención a todas estas cosas de RSE. Habrá compañías como esa, con esa decisión y ¡bienvenido sea! Parece que lo hacen con mucha responsabilidad, porque inclusive, por la calificación de la empresa, en algún momento están obligados a no cobrar dividendos si los cuidados sociales de la empresa así lo recomiendan.

¿El político debería entrometerse en el campo de la RSE e influir sobre el accionar de las empresas?

Me parece que es como pretender que el Estado regule la bondad de la gente, la verdad, son definiciones empresarias, uno podrá ponerles ciertas obligaciones a los empresarios, pero tampoco está en condiciones de entrometerse tanto. Me parece que hay un problema de conciencia social y empresarial, y esos puntos son los que se deben modificar, a ver en qué momento el fin de lucro cede frente al interés colectivo. Esa es la discusión y el debate. Hay muchísimas empresas que han tenido enormes conflictos de esta naturaleza, las petroleras y las mineras, ¿dónde cede el interés empresarial para dejar prevalecer el interés colectivo? Es muy difícil regularlo legalmente y que la política se pueda meter en esto, solo puede tratar de concientizar. Existen legislaciones que ayudan a preservar el medio ambiente, y todo lo que se pueda realizar en este sentido está bien hecho. Canadá, por ejemplo, que es un caso muy llamativo, tiene prácticamente prohibida la explotación minera a cielo abierto, y las empresas canadienses fuera de Canadá la llevan a cabo. ¿Y por qué es eso?, porque ahí sí hay legislaciones que favorecen esto. La ley podría hacer cosas y la política podría meterse más claramente. En ocasiones se dice que esas legislaciones que tienden a preservar el medio ambiente lo que terminan haciendo es generando mayores costos para los que explotan empresas, pero hay que asumirlo.

¿Cuál es la responsabilidad de los políticos y de los legisladores al momento de establecer las normativas que resguardan el medio ambiente?

En la Argentina tenés cuestiones que demuestran cómo se ha operado en la materia. Por ejemplo, en temas de minería, la Ley de Protección de los Glaciares, que tuvo un enorme debate en la Cámara de Diputados, fue aprobada pero nunca fue reglamentada, y, por lo tanto, está inoperativa. Cuando vos preguntás por qué pasa esto, te responden “Porque afecta mucho el costo de las empresas mineras”. Claro, es cierto, pero está el problema de preservación de los glaciares que son reservorios de agua dulce que el mundo está necesitando. Ahí tenés un ejemplo de falta de responsabilidad política. En ese contexto, acaban de quitarles las retenciones a las mineras. ¿Qué podemos esperar que se haga con la Ley de los Glaciares habiendo tomado semejante decisión? Es una discusión que la política debe dar. Es un tema tabú de la política; y las empresas calman sus culpas hablando de la responsabilidad civil y social, creando fundaciones, diciendo que se trabaja para eso, pero la verdad que eso no resuelve nada. Estos problemas se solucionan en parte con la política, citando los ejemplos de Canadá, que es una prueba clara de lo que te estoy diciendo, pero en gran parte se solucionan con la conciencia social.

Los políticos salen del seno de la sociedad, por ende, está claro que pesa más el tema de la conciencia social que el de la política, sospecho cuál es el asunto que habría que solucionar primero.

A mí me parece que es parte de la conciencia social, porque cuando vos te sentís dentro de un marco donde el Estado te advierte permanentemente que no hagas ciertas cosas, sencillamente no las hacés. Es el típico caso del argentino que tira papeles acá en cada cuadra, pero viaja al exterior y no lo hace, es un tema de educación social. La Argentina es un país complejo en ese punto, todo se vuelve permisivo, acá hay una zona gris donde se permiten cosas que en otros países del mundo no se permiten y nosotros las toleramos.

¿Por qué se dedicó a la política?

Entré a la política los 14 años, al final de la dictadura de Lanusse, con la llegada de la democracia, primero de Cámpora y luego de Perón, cuando la política estaba absolutamente presente en la vida de los argentinos. Yo siempre digo que si a los 14 años no hacías política, no te levantabas a una chica en esa época. Era un tiempo de mucha convulsión social, de mucha efervescencia, y la política estaba siempre presente y obviamente tenía cierta vocación desde chico, siempre quise ser abogado y me interesaban los problemas políticos. Salió la oportunidad, empecé a militar en la Unión de Estudiantes Secundarios en el Colegio Mariano Moreno, donde estudiaba y ahí empecé. La pregunta que podrías hacerme es por qué me metí en el peronismo.

Esa era la siguiente pregunta. Aunque sospecho que fue porque había más chicas en el movimiento.

[Se ríe] Yo soy de los que piensan que el peronismo fue el único movimiento político que revolucionó claramente a la Argentina, que permitió reconocer y darles derechos a los sectores que hasta ese entonces no los tenían y estaban fuera, viviendo al margen de la sociedad. Siempre adherí a ese pensamiento sobre el “país burgués” del que hablaba John William Cooke, que irritaba tanto a los poderosos porque les daba lugar a los que menos tenían.

Habla de John William Cooke y, enseguida, me viene a la mente el clásico peronista que está tirando todo el tiempo latiguillos peronistas, frases hechas, que está influenciado por la doctrina hasta para ir a comprar un kilo de papas. ¿Usted siente que la influencia de Perón es tan fuerte en su formación personal, profesional, política?

Si me preguntan cuánto influyó Perón en lo que pienso, no tengo la menor idea. Siento que, en mí, influyeron más Bob Dylan, Joan Báez, Luis Alberto Spinetta, Litto Nebbia o Walt Whitman, con sus poesías, que el propio Juan Domingo Perón. Soy una suerte de hippie tardío, por los valores que representa el hippismo, yo revindiqué siempre esos valores de igualdad y de paz que tenía. Claramente, mi afición por la música fue más influyente que mi afición por la política. Creo que llegué a ser peronista por la conjunción del todo, no soy un peronista ortodoxo que repite las veinte verdades, soy un peronista crítico a quien en sus conceptos se le mezclan muchas cosas.

¿Usted sería como Ignacio Copani, pero con mejores influencias musicales?

[Se ríe y mucho] No, claramente tenemos influencias musicales distintas. Yo estudié guitarra con Litto Nebbia, conocí mucho a Luis Alberto Spinetta, soy amigo de Emilio del Guercio y de otros músicos.

Volviendo sobre la doctrina peronista, lo llamativo es que la misma frase la aplicó gente de derecha como de izquierda. ¿Hay un Perón para cada ocasión?

Cuando era chico había una agrupación, el Club del 45, con todos los viejos peronistas, y cuando los escuchabas te ofrecían un anecdotario de Perón como doctrina peronista. Perón es un caso extraño, un personaje único, capaz de amparar a todos bajo un mismo paraguas, aun cuando todos son cosas antagónicas.

¿Eso es una habilidad o una ambigüedad?

Es una habilidad política inmensa. Pero cuando desaparece el padre de la familia, todo explota en mil pedazos. Cuando quiero explicar el peronismo, siempre digo que Perón era como un bígamo, un hombre con una familia constituida en la izquierda y otra en la derecha, y que les expresaba su amor a ambas, pero cuando murió, como siempre ocurre, se descubrieron las dos familias. Y las dos tenían cartas de amor, porque toda la correspondencia entre él y Cooke son enormes cartas de amor de Perón hacia la izquierda peronista; y el resto, grandes cartas de amor hacia los sectores más conservadores, como defensor del sindicalismo, reivindicador de las corporaciones, un Perón muy de la derecha. El problema es que el peronismo nunca resolvió quién era papá, si el de la izquierda o el de la derecha. Hizo como un pacto de convivencia, que creo que para los fines de la política de la Argentina fue perverso. Es como decir: “No hablemos de la sucesión de papá, disfrutemos de sus bienes”, y los bienes de papá eran los votos que dejó Perón. Es un tema muy complejo, porque hasta el día de hoy seguimos discutiendo qué es el peronismo, y el peronismo ha permitido, casi como una suerte de sentido camaleónico, que sea cosas absolutamente antagónicas. El peronismo fue, con el retorno de la democracia y después de Perón, muy conservador con Ítalo Luder; fue neoliberal, casi reaganista o thatcherista, con Carlos Menem; fue algo parecido al conservacionismo popular con Eduardo Duhalde; fue progresista con Néstor Kirchner; y con Cristina Fernández fue el partido de la obediencia, un partido patético, nada se le discutía a Cristina, se soportaban todos sus abusos, y ese peronismo le sirve de muy poco a la gente. Nadie tiene muy en claro qué representa el peronismo. Y cada vez que se canta en la marcha “todos unidos triunfaremos” y todos nos juntamos bajo el mismo paraguas, lo que sentimos es que decimos otra vez “no hagamos la sucesión y sigamos disfrutando de sus bienes”. Pero hay que hacer la sucesión.

¿La política de hoy necesita un cuadro político con el perfil del peronismo setentista o uno con un perfil más moderno, emprendedor, gerenciador?

Esto es como en el fútbol, necesitás a un pibe que haga jueguitos en el medio, pero también a un jugador número cinco que marque en el medio con mucha experiencia. La política necesita de todo, un poco de experiencia y el atrevimiento de los jóvenes. No estoy de acuerdo con la idea de que la juventud pone en riesgo una gestión por su falta de experiencia, porque la juventud es una enfermedad que se cura con los años, por lo tanto siempre se cura, eso no es un problema. Además, yo fui Superintendente de Seguros, Vicepresidente Ejecutivo, a los 29 años. En mi caso fue diferente porque yo a esa edad ya tenía 15 años de militancia política.

¿Piensa que la juventud actual tiene ganas de ponerse a debatir qué significan la izquierda, el centro y la derecha?

Quizás el debate sobre dónde nos paramos ideológicamente cada uno de nosotros está más relacionado con aquella otra generación que con la presente, pero lo que sí tiene mucho sentido debatir es cuáles valores representamos unos y otros. Todos tenemos valores. De lo que no nos damos cuenta es de que los valores de unos son conservadores, y los de otros son progresistas. Hay gente que se siente profundamente democrática, pero reniega, por ejemplo, de los principios de la libertad sexual, del casamiento igualitario, incluso del aborto, sin entender que es un tema de salud pública y no un problema religioso. Siento que las nuevas generaciones tratan de escaparle al estereotipo político de decir “Somos de izquierda o de derecha”. Todos tenemos valores, y esos valores nos hacen más conservadores o más progresistas. Si sos de los primeros, en esa partición, sos de derecha; y si no, sos de izquierda. Y este debate no está mal.

Aquí existe un dilema, pues si de lo que estamos hablando son de valores, claramente el peronismo tenía valores encontrados, pues había mucho militante de izquierda y otro tanto de derecha.

Fuimos generaciones distintas porque la generación que era más de izquierda fue criada durante la dictadura y por reacción actuaba así, fue una generación distinta a la que acompañó a Perón en la década del 40, cuando era un Gobierno más duro. El segundo Gobierno de Perón estuvo lleno de arbitrariedades, me parece que tiene que ver también con lo generacional.

¿Situaciones como esas son las que provocaron cierto descreimiento en la sociedad hacia los políticos?

Quizás, hoy en día la política ha desilusionado a muchos. Las nuevas generaciones están muy descreídas de la política y tienen argumentos para estarlo. Porque la política muchas veces es turbia, es corrupta, muchas veces no da respuesta a lo que la gente necesita, pero el error es pensar que la solución es no prestar atención a la política, porque, en estos casos, debés prestarle mucha más atención a la política.

El político no tiene muy buena imagen. Cuando está en una reunión social con gente que no lo conoce, si le preguntan de qué trabaja, ¿cuál es su respuesta?

Soy abogado y me dedico a la política. Cuando era Jefe de Gabinete era funcionario del Gobierno, tenía un horario de trabajo, dejé mi estudio jurídico, dejé la facultad donde daba clases, etc.

El último día de su gestión, ¿cerró la puerta y pensó “Hice lo mejor que pude”?

Sí, absolutamente.

¿Cuáles son sus proyectos a futuro?

Estoy trabajando con Sergio Massa, fundamos el Frente Renovador en 2013, creemos que ahí hay como un germen de algo distinto; Massa es algo distinto, es un tipo joven pero con experiencia, con un nivel de ejecución muy alto y con la enorme virtud de aprender de sus errores, y eso para mí, en política, es muy difícil de reconocer, y por eso Massa es un hombre muy valioso. La política está llena de necios que no admiten errores. Los políticos, y estoy harto de ver casos, se enamoran de una idea y esa misma idea los termina matando.

¿Qué lugar le gustaría ocupar dentro del Frente Renovador?

Quiero volver a tener un Gobierno que se ocupe primero de la gente y después de los empresarios. Quisiera ayudar. Estoy muy contento con lo que hice. Estuve cinco años en medio de la gestión, mi patrimonio hoy es menor al que tenía cuando entré. Vivo en una casa que alquilo, no ando con autos importados y no tengo chacras ni estancias.

¿Considera que tiene buena imagen?

Creo que como estuve en la función, una mitad me quiere y la otra no. Porque seguramente tomamos decisiones que a algunos no les gustaron. Pero siento que todos me tienen respeto, aun los que no están de acuerdo conmigo, soy un tipo que actuó honestamente. Nunca tuve un incidente, aunque nadie está exento porque locos hay en todos lados. Yo ando siempre por la calle, manejo mi auto, cuando era Jefe de Gabinete jamás usé custodia ni autos oficiales, nunca tuve problemas de esa naturaleza.