La Reserva Natural Absoluta Cabo Blanco, en la voluptuosa península de Nicoya, al noreste de Costa Rica, es uno de los refugios más importantes del país. Su lujuriosa naturaleza es un tesoro para toda la humanidad.

Costa Rica ocupa el primer lugar en el podio como el país “más verde” del mundo. Y no asombra que así sea, ya que más de un 25% de su territorio está protegido. Esto es especialmente importante cuando se piensa que, con tan solo un 0,03% de la superficie terrestre del planeta, es el país con mayor biodiversidad por kilómetro cuadrado. Costa Rica preserva el 6% de la flora y fauna del mundo en un territorio del tamaño de la provincia de Jujuy, en la Argentina.

Al noreste, la verde geografía costarricense esculpe una maravillosa península con tres costas prodigiosas: al este, el océano Pacífico baña la ribera más extensa; la costa norte está delineada por el golfo de Papagayo; y el sur de la península limita con el golfo de Nicoya. En esta península de bosques voluptuosos y mares transparentes, la Reserva Nacional Absoluta Cabo Blanco se asoma al mar dividiendo las aguas, entre el mar abierto y el golfo de Nicoya.

Las playas de toda la península son una maravilla natural que combina aguas transparentes y cálidas –con olas o sin ellas– con paisajes circundantes que mudan sus ropas de playa en playa: las hay con arenas finas y grises, y también del color del oro; las hay con acantilados, cabos, islas, golfos, bahías, esteros y ríos que corren hacia el mar. Y casi siempre se sumergen en un paisaje de densa vegetación tropical. No es una exageración decir que la península protege algunas de las playas más aisladas y bellas del territorio costarricense.

Quien elige estas playas pone el acento en la vida agreste y natural antes que en la calidad internacional de los servicios, aunque, en algunos rincones, la tiene. Incluso en la gastronomía de alta cocina de estas costas benditas se ha optado por un prolífico menú natural que va desde jugos energizantes a base de sabrosas frutas, leche de coco y algas marinas hasta pescados frescos y alimentos macrobióticos. Los mercados orgánicos, que proliferan en todos los pueblos, son la última moda.

Por último, otro imán que la península de Nicoya representa para sus visitantes es su larga temporada. Con excepción de octubre y noviembre –época de lluvias–, en la península, todo el año es temporada.

Reserva Natural Absoluta Cabo Blanco

La reserva de Cabo Blanco ostenta los más bellos paisajes de la costa del Pacífico. Ocupa 1269 hectáreas terrestres y 1790 hectáreas marinas, al sur de la península de Nicoya. Fue creada en 1963 con fines de conservación biológica, es pionera en su tipo y, además, es uno de los refugios más importantes del país para la protección de aves marinas. Un mar azul y profundo, una vegetación con predominio de árboles siempre verdes que llega hasta el borde de la costa, interesantes formaciones geológicas, una fauna variada e infinidad de lagunillas de marea baja donde quedan apresadas diversas especies de organismos marinos convierten a Cabo Blanco en un tesoro para la humanidad.

Los artífices del área protegida llegaron de Suecia en 1955. Nils Olaf Wessberg –sueco– y su esposa, Karen –danesa–, se instalaron en una finca en el lugar que hoy ocupa el pueblo de Montezuma. Por entonces, la península se hallaba prácticamente inexplorada. Construyeron una rústica choza y vivieron en plena armonía con la naturaleza. Al matrimonio le tocó presenciar la paulatina destrucción de los bosques vírgenes en la parte alta de Cabo Blanco para dedicarla a la agricultura y la ganadería. Ante esto, al cabo de tres años y muchas complicaciones, estos dos pioneros conservacionistas lograron adquirir las tierras que hoy albergan la Reserva Natural Absoluta de Cabo Blanco y convertirlas en un parque nacional. En tiempos en que Nils quiso extender “el reinado de la naturaleza” estableciendo otro parque en la península de Osa (en el Pacífico sur), fue muerto por rufianes que no compartían sus ideales conservacionistas.

Hoy, gracias a Nils y Karen, tenemos la oportunidad de aventurarnos en los bosques de Cabo Blanco, que reflejan lo que era la península de Nicoya antes de la llegada de la agricultura y la ganadería. Frente a la reserva, la isla del mismo nombre es refugio natural para infinidad de pájaros, y una rica fauna marina merodea en los arrecifes de coral, de los pocos que aún se conservan intactos.

Sueños y pesadillas

En este país sin ejército, la avanzada la constituyen las áreas protegidas que combaten el mal, esto es, las acciones del hombre que destruyen el medio ambiente, como la tala indiscriminada, los desechos tóxicos industriales y la caza de los animales.

De esta situación surge un conflicto inevitable entre el consumismo y la conservación. Es por ello que ambientalistas y ecologistas de todo el mundo vienen a Costa Rica para aliarse con el bando de “los buenos”.

Para la conservación en pos de una ecología saludable se requiere la voluntad de la gente. Con gran empeño, desde el sistema de parques nacionales, se intenta educar al ciudadano: por ejemplo, convencerlo para que no mate animales “protegidos” a pesar de que algunos, como el jaguar y el puma, representen una amenaza constante para el ganado.

Sobre la caza, hay que subrayar que Costa Rica es el primer país del continente americano que prohibió la caza deportiva por ley, a fines del 2012. La nueva reglamentación solo permite cazar en casos de subsistencia, investigación científica y para el control de especies por sobrepoblación.

Por su parte, los extranjeros aportan su granito de arena al visitar las zonas protegidas y benefician al sistema de parques nacionales de Costa Rica.

Crisol de playas

Desde Cabo Blanco hacia el noreste, destacan las playas de Tambor y Montezuma. Hacia el otro lado del cabo, sobre el pacífico, las playas que sobresalen son Mal País, Santa Teresa y Playa Hermosa.

Tambor tiene una larga ribera de arenas blancas y aguas tranquilas. Desde allí se puede visitar la isla Tortuga, en pleno golfo de Nicoya. Su mayor atracción, sin embargo, es el avistaje de ballenas: todos los años, las ballenas del norte migran a las tibias aguas de Bahía Ballena para aparearse y dar a luz.

Más al sur, Montezuma es un pueblito de calles empinadas, casitas de colores y barcitos donde fluye el reggae al atardecer. Las cataratas de Montezuma son un lugar ideal para ir a pasar el día, siempre y cuando se esté en forma, ya que los caminos tienen pendiente y pueden estar resbalosos.

Hacia el oeste, pasando el pueblo de Santa Teresa y sus playas famosas para la comunidad surfer del mundo, se encuentra la más linda de todas: Playa Hermosa. Su costa está bendita por un prolífico cocotal donde los monos se hacen un festín con los cocos caídos. Su playa es amplia, y por sus arenas doradas pasea un paisano a caballo en busca de clientes mientras los pescadores se acomodan en una cala rocosa justo en frente a donde se pone el sol. El atardecer en Playa Hermosa, con un cielo naranja como a punto de incendiarse y un sol radiante metiéndose al agua, entrega la mejor fotografía del viaje.

Zona Azul

El término “Zona Azul” se aplica a las regiones del mundo donde las personas suelen vivir más de 100 años, en buena forma. Hasta ahora, se han identificado cinco de estas zonas en el mundo: Cerdeña, en Italia; Okinawa, en Japón; Ikaría, en Grecia; Loma Linda, en California; y Nicoya, en Costa Rica.

No se sabe a ciencia cierta a qué responde el fenómeno, pero en el caso de Nicoya alienta a los habitantes a preservar su ambiente y sus costumbres: comer saludable –frutas y cereales ricos en antioxidantes–, hacer ejercicio, dedicar tiempo al descanso, fomentar la amistad, fortalecer los lazos familiares y vivir en un ambiente relajado y natural. Algunos aseguran que el agua que toman –muy rica en minerales– también ayuda a mantenerse joven.

Sean cuales sean las razones, Nicoya es la Zona Azul más amplia del mundo, donde se encuentran la mayor cantidad de personas longevas y saludables del planeta.

Números mágicos

La ecología de Costa Rica se puede representar en cifras: más de 10.000 especies de plantas y árboles (2000 son de orquídeas), 232 de mamíferos, 894 de aves, 183 de anfibios, 258 de reptiles, 130 de peces de agua dulce y cientos de miles de especies de insectos e invertebrados. En total, un 6% de la fauna y flora del planeta. A su vez, más de un cuarto de territorio costarricense se encuentra protegido. Ningún otro país en el mundo se acerca a esta estadística. Rodrigo Carazo –presidente costarricense de 1978 a 1982– dijo alguna vez: “… las áreas protegidas son espléndidos laboratorios naturales que ofrecemos tanto a la comunidad científica internacional como a los niños, jóvenes y adultos, que no deben ser privados del contacto directo con la naturaleza en su estado original. Los parques nacionales son el medio por el cual los costarricenses fomentamos la paz entre los seres humanos y la buena voluntad entre las naciones”.

Áreas protegidas de la península

La península de Nicoya es parte del prolífico sistema de áreas protegidas del país. Con recursos sobresalientes –bosques secos y húmedos, tacotales, pastizales, lagunas, manglares–, protege y conserva, dentro de su área, la biodiversidad de los recursos marinos, la vida silvestre, el régimen hidrológico, los hábitats de aves acuáticas y el desove de las tortugas, entre otras maravillas.

Esta península cuenta con tres parques nacionales, Barra Honda, Diriá y Marino Las Baulas; dos reservas naturales absolutas, Cabo Blanco y Nicolás Wessberg; siete refugios nacionales de vida silvestre, Ostional, Tamarindo, Mata Redonda, Camaronal, Werner Sauter, Curú y La Ceiba; tres humedales, Riberino Zapandí, Palustrino Corral de Piedra y Río Cañas; y tres zonas protectoras, península de Nicoya, cerro La Cruz y Nosara; además de dos reservas biológicas que se ubican en el golfo de Nicoya: isla Guayabo e islas Los Negritos.

 

DATA ÚTIL

CÓMO LLEGAR

A San José

Copa vuela de Buenos Aires a San José diariamente con escala en Panamá. El pasaje ida y vuelta ronda los USD 1600 –dependiendo de la temporada–. (www.copaair.com)

A la península de Nicoya

Hacia el Pacífico, como hacia cualquier parte del país, los caminos se recorren con calma. Vaya en ómnibus o en auto, debe tomar la carretera Interamericana Norte que luego conecta con la Ruta Antigua Cerros de Aguacate, camino montañoso que zigzaguea entre imágenes magníficas de tierra tostada, verdes y más verdes. Una espumosa catarata se recorta en el paisaje: es la represa de la Garita. Después el mundo parece acabarse en Puntarenas, enclave costero. Desde aquí hay que cruzar el estrecho de Nicoya para llegar a la península del mismo nombre y a su puerto, Paquera. El ferry que cubre el recorrido hace cuatro viajes diarios, dos por la mañana y dos por la tarde; así que conviene presentarse bastante temprano, sobre todo en temporada alta. Al desembarcar en Paquera, un servicio de taxis 4×4 propone traslado a cualquier punto de la península. Sea fiel a la costumbre local y regatee el precio.

DÓNDE DORMIR

Pranamar es un hotel íntimo ubicado frente al mar, en la playa Santa Teresa. Es el lugar ideal para descansar al ritmo de la naturaleza en un entorno tropical y un ambiente exótico. Tel.:(506) 2640-0852; [email protected]; www.pranamarvillas.com

Latitud 10 despunta en lujo y sustentabilidad ambiental. Sobre una playa privada y un bosque exuberante, las casitas del eco resort son un refugio cálido entre maravillosos árboles. Tel.: 8309-2943; [email protected]; www.latitude10resort.com,

 DÓNDE COMER

Para quien gusta del sushi (o la alta cocina japonesa), Koji´s Restaurante es realmente imperdible. Ubicación: 400 metros al sur de Hermosa Valley School, Playa Hermosa, Santa Teresa. Es recomendable reservar con anticipación. Tel.: 2640-0815.

Si se buscan platos de pescados y maricos, o cualquier menú internacional, se debe conocer el restaurante Brisas de Mar, que además ofrece vistas maravillosas de Playa Hermosa. Ubicación: 50 metros al norte del cruce en Playa Carmen, Santa Teresa.

MÁS INFORMACIÓN

www.visitcostarica.com