FC Bola es una empresa social que por cada pelota de fútbol que vende dona otra a niños desfavorecidos materialmente. Desde el año pasado, ya ha entregado más de 2000 en todo el país, asesorada por entidades de trayectoria en lo social, como Red Solidaria.

La historia es simple. O eso parece. Y es que, como pasa con las mejores historias simples, en sus detalles y expansiones constantes parece estar su magia y su complejidad. Digamos entonces que, a través de un objeto tan concreto y popular a nivel universal como una pelota de fútbol, algunos amigos argentinos con inquietudes y trayectoria en el campo de la acción social a nivel sudamericano crearon una empresa que vende pelotas cuyo fin es directamente social y cuyo lema es “Vos comprás una bola, nosotros donamos otra”. Desde su fundación, el año pasado, Federico Pería, Facundo Leiton y Matías González de Biase han entregado ya 2000 pelotas: por cada pelota de fútbol vendida, automáticamente ellos donan otra igual a chicos en contextos socioeconómicos desfavorables en diferentes partes de la Argentina. El número los enorgullece, tanto como la base que hay detrás de este emprendimiento, porque antes de que existiera FC Bola, cuyo modelo de trabajo es el one for one de empresas norteamericanas como Tom Shoes, en 2012 ya habían dado nacimiento a Revolución Pelota, una ONG a través de la cual recorrieron una buena parte de la Argentina, además de países como Bolivia, Perú, Chile, Ecuador y Brasil, con el concepto base de entregar pelotas que recibían en donación a niños de comunidades en situación de gran desprotección social. De los más de 40 mil kilómetros recorridos en más de tres años, creció en ellos un saber y un deseo de perfeccionar el trabajo que hoy tiene en su empresa una vía de transformación social.

“Cada uno tenía su trabajo y le dedicábamos tiempo extra de nuestro día al compromiso social, pero con este emprendimiento, al hallar una salida laboral a nuestro deseo de ayudar, ahora le podamos dedicar un ciento por ciento del tiempo”, dice Facundo Leiton, cofundador de FC Bola y encargado del área de Comunicación de la empresa, antes de que Federico Pería, cofundador y encargado del área Social, explique la manera en que, de la experiencia previa de la ONG llegaran a generar esta forma de acción. “Para entregar las pelotas dependíamos de donaciones, y en la mayoría de los casos estaban rotas. Ahí pensamos de qué manera podíamos ser sustentables para tener nuestra propia pelota, venderla y con los recursos obtenidos entregar más. La manera que encontramos fue hacer una nueva marca, con el compromiso de que por cada pelota que hiciésemos, donáramos otra. Así creamos esta empresa social”.

 

– ¿Y cómo surge el sistema con el que reparten las pelotas?

– Federico Pería: Al principio esas pelotas iban a nuestra ONG y las repartíamos. Después, por suerte, la cantidad de pelotas que se fueron vendiendo nos excedió. Y ahí nos contactamos con la gente de Red Solidaria, a través de quienes hoy hacemos casi el 90 por ciento de las donaciones.

– Facundo Leiton: Trabajamos también con Sur Solidario, Fundación Garrahan, Fundación PUPI… Y también nos llaman organizaciones sociales muy chicas y hasta escuelas en medio de la nada. Nos han llegado a llamar dos o tres chicos que hacen un taller de arte en Benavídez, en una plaza, y les damos una mano con nuestra donación.

– FP: Tratamos de hacer siempre un trabajo minucioso. Estudiamos lo que hace cada persona que nos convoca.

– En estos tiempos de auge de la RSE, suele ser común que la conciencia social llegue a las empresas luego de un tiempo de un trabajo esencialmente corporativo. En su caso, el esquema es al revés, arriban a lo empresario luego de un amplio recorrido social.

– FP: Trabajamos en esto hace un montón de años. En definitiva, es lo mejor que hacemos. Lo realizamos por convicción. Y al encontrarle una beta laboral, se vuelve mucho más fácil. Le podemos dedicar toda nuestra energía.

– FL: De hecho, nos constituimos como “empresa B”, porque perseguimos un fin social o ambiental. Y si bien hay lucro, el fin es otro. A diferencia de las empresas, cuyo fin es lucrar, pero además hacen acciones sociales. Nuestro fin básico es social. Obviamente tenemos un montón de auditorías.

– FP: Te estudian durante un año, para ver si realmente hacés lo que decís. Lo lleva a cabo una entidad norteamericana cuyo trabajo es meticuloso. Después de un año de estar a prueba, nos dieron la aprobación.

– Al tomar esta idea de donar una pelota por cada una vendida, ¿vivieron alguna situación crítica para cumplirla?

– FL: Siempre creímos en la idea, estábamos convencidos de que no podía fallar. Este es un país futbolero y la gente se compromete socialmente. Además, les estamos facilitando a muchas personas una manera simple de comprometerse, porque solo comprando una pelota ya estás haciendo una acción solidaria. Lo armamos muy bien, lo testeamos mucho al sistema antes de implementarlo. Hicimos una campaña inicial para ver si podíamos vender 300 pelotas. Y las vendimos en tres meses. Eso fue en agosto del año pasado, de ahí fuimos a Jujuy a entregar esas pelotas, a 300 chicos que como máximo tenían siete años.

– FP: Y en los eventos que se organizan, siempre tratamos de que el papel central lo tengan personas que están día a día en contacto con las problemáticas sociales, como los maestros, los profesores de Educación Física de las escuelitas perdidas en medio de las montañas. Ellos fueron los que ese día entregaron las pelotas a los chicos.

– FL: Estamos dando una herramienta. No somos salvadores. Los héroes son ellos, los que están con los chicos todo el año.

– ¿Cómo llegaron a esta conciencia del rol sin exhibición ni estar en primer plano?

– FP: Es que venimos de lo social, no de lo corporativo. No venimos del lucro, de tratar de tener un ciento por ciento de ganancia. Estamos recorriendo el país desde hace años. Y luego de estar tres días en medio del monte, en Santiago del Estero, viendo cómo una maestra rural se queda toda una semana ahí, esperando que los chicos vengan cada mañana, y durmiendo en el piso de tierra de la escuela, no hay ninguna posibilidad de que uno se ponga por encima de esa maestra. No se te puede cruzar por la cabeza.

– FL: Y nunca podríamos sacar una foto con estas situaciones para lucrar con esto. La ubicación en la realidad te la da la experiencia, el camino.

– FP: Claro, nunca podés pensar que estás llevando a cabo un cambio magnífico para la humanidad, porque el que hace ese trabajo es el maestro. Nosotros llegamos, estamos un rato con los chicos, la pasamos bien. Pero el que se queda todo el año en una escuelita rural de El Chaco, en medio del monte, es el docente. Y eso no nos lo contó nadie, lo vimos nosotros. Ellos hacen lo imposible para conseguir dinero para que los chicos coman, para que tengan con qué escribir. Y las maestras hasta llegan a pagar el gas para que los chicos no tengan frío.

– ¿Creen que no en todo el campo social se trabaja con entrega real y desinteresada?

– FL: Nosotros siempre tratamos de correr el ego, algo que no todos hacen.

– FP: Entendemos que toda acción que se haga en el campo social es buena. Y realmente, es el Estado el que debería estar haciendo estos trabajos. Y muchas veces está ausente. Es muy importante todo el trabajo que hacen las ONG, pero hay un tema de egos terrible. Todo el tiempo vemos cómo las personas se ponen por encima de los proyectos. Eso lo criticamos desde que somos muy chicos. Y ahora que tenemos la posibilidad de ayudar, no lo olvidamos. Los protagonistas son los chicos, los profesores. Y nosotros somos solo un nexo entre todo esto.

– ¿Qué es lo que más han aprendido hasta ahora de todo el trabajo hecho?

– FL: Lo que más he aprendido es a comprometerme socialmente. He recibido de este proyecto la posibilidad de ver otras realidades. Una vez fuimos a Santiago, en una escuela que eran solo cuatro; dos pares de hermanos. En Chaco vi escuelas donde tenían en una misma aula, divididos por bancos, todos los grados juntos, de primero a séptimo. Eso no lo podés creer. Yo venía de escuelas privadas. Y esas realidades hay que vivirlas.

– FP: Nuestro mayor patrimonio, tanto en la ONG como en Bola, es la experiencia vivida, el camino recorrido. Es imposible que no te cause indignación llegar a un lugar, dejar las pelotas, sacar una foto general y que luego los chicos ni las agarren porque creían que nos las íbamos a llevar de nuevo. Es que muchos políticos traen aires acondicionados, sacan las fotos y luego se los llevan, para hacer lo mismo en otras escuelas, más adentro del monte. Y lo tienen naturalizado, se conformaban con que hubiéramos estado, que los hubiéramos visitado. Esas cosas te indignan.

– FL: También te hacen sentir que estás andando por el buen camino, que algo diferente estás concretando. Y nos asesora gente que trabaja bien en lo social, desde hace muchos años, como la Red de Comunidades Rurales.

– FP: Y nosotros, otra cosa que tenemos muy en cuenta, es que, a pesar de que nuestra tarea puede tener buena difusión, nunca podemos igualarnos con el trabajo de personas que están trabajando desde hace décadas en lo social. Y lo hacen de forma silenciosa.

– ¿Creen esencial el saber con quién asociarse?

– FP: Claro, porque hay entidades que la tienen mucho más clara. Nosotros, como ONG, hace solo ocho años que trabajamos en esto. Sabemos que hacemos algo bien. La zona de Jujuy, donde más vamos, la conocemos bastante, pero otros están ya hace veinte años haciendo bien las cosas.

– FL: En cada barrio, en muchos de estos lugares, la realidad es particular, por lo que no podés ir con una fórmula hecha. Las reglas pueden ser diferentes.

– FP: En las entregas de pelotas, nunca somos nosotros los que ponemos las reglas de cómo hacerlo, escuchamos mucho a las maestras, los profesores, los responsables de las comunidades que visitamos, del comedor o de los hospitales. Estamos con la gente, pero nunca interferimos en cómo se manejan. Y nunca lo haremos. Ellos están ahí cada día.

– Esto habla de una dinámica de mucho respeto.

– FP: Es que el respeto es todo. Tenés que entender de dónde venís y nunca creer que sos más importante que el proyecto.

– FL: Se trata, principalmente, de ser humildes. No podemos creer que con la pelota les estamos cambiando la vida, porque esos chicos no comen con lo que les llevamos.

– ¿Pero eso tampoco implica no valorar lo que sí les brindan, es así?

FP: Claro, porque pueden aprender muchas cosas a través del juego. Y por ahí algunos chicos dejan de tomar alcohol o de consumir paco en la esquina por jugar al fútbol. Esas cosas pasan y las vemos. Todo el tiempo.

– FL: El deporte genera una transformación social, los puede sacar de la calle. Obviamente que la escuela es lo más importante, pero cuando tenés ocho años, muchas veces no les prestás atención al maestro o a tus viejos, pero sí al técnico del club, estás atento a lo que dice, porque querés jugar. Y más si hay una pelota.

– FP: A veces nos confundimos como sociedad. Y el chico de doce años está trabajando. Pero dales una pelota a esos chicos y vas a ver qué hacen. Porque son niños. Ese día dejan de ser adultos y vuelven a ser chicos. Es importante tratar de recuperar todo lo que se perdió en esta parte del mundo. Los niños deben estar haciendo lo que quieran, no trabajando a esas edades.

– FL: No podemos solucionar todos estos gravísimos problemas, pero sí darles un rato, cuando vamos, en el que sean niños nuevamente. Y es muy bueno poder llevar pelotas a canchas que estaban vacías porque no tenían o porque las que había estaban rotas.

– FP: Por eso tratamos siempre de dejar mucha cantidad de pelotas.

¿Siguen con el tiempo lo que pasa en los lugares donde entregan pelotas?

– FP: Como trabajamos con Red Solidaria, tratamos de no involucrarnos ciento por ciento con el lugar, porque no queremos caer en el asistencialismo al palo. Nosotros sabemos que vamos, estamos todo el tiempo necesario cuando llegamos, pero muchas veces sabemos que no necesariamente vamos a volver. Porque seguimos el trabajo en otros sitios o les damos una mano a otras comunidades. Queremos estar en todas las provincias, por lo que seleccionamos cuidadosamente, aunque subjetivamente, los espacios donde vamos dejando pelotas.

– ¿Qué quieren lograr hoy en vistas al futuro cercano?

FP: Llevamos donadas más de 2000 pelotas. Y tenemos el objetivo de donar la mayor cantidad posible. No sabemos cuál será ese número. Queremos donar miles y miles más.

– ¿Qué cambió de su visión global en lo social al hacer la empresa?

– FL: Tenemos todo bien separado. Una buena parte del día se la dedicamos a Bola. Y con la ONG seguimos trabajando mucho, pero a la noche, en nuestras casas. Acá somos tres, que trabajamos de una manera específica. Estamos constituidos como empresa. Hay muchas más formalidades. E incluso, en muchas donaciones no estamos personalmente, sino que entregamos las pelotas directamente a fundaciones o las vienen a buscar a nuestra oficina.

– FP: El compromiso es el mismo, solo que ahora todas las acciones son más ordenadas. La ONG trabaja de una manera y la empresa de otra. Cada una tiene sus reglas y maneras de mostrar los proyectos. Revolución Pelota tal vez es mucho más romántico en su visión, porque no hay nada comercial, no ganamos nada económicamente. Lo hacemos por amor únicamente.


Cuidar el mensaje

“Toda la experiencia obtenida en la ONG nos entrenó mucho para detectar si la gente que nos pide pelotas a la empresa trabaja bien, si tiene seriedad en su accionar”, explica Federico Pería, antes de explicitar lo que siente que es trabajar mal y bien en lo social: “Hacerlo mal es tender al golpe bajo, mostrar la pobreza para generar recursos. Creo que cuando se trabaja con chicos hay que hacerlo desde la esperanza, la alegría, transmitir que se puede salir de esa situación”.

La moda y los límites

– ¿Sienten que es una moda la solidaridad?

– FL: Sí, a veces lo sentimos. Y bienvenido sea que se convierta en moda. Pero cuidado con el lugar en el que te parás dentro de esa moda. Guarda lo que mostrás, porque cuando te creés más importante que las personas y que tu misma organización, te equivocás mucho. Los que cambian las cosas son los Médicos sin Fronteras, o los que van al medio del monte, no esas personas con mucho ego que tienen algunas fundaciones.

– FP: Hay que tener siempre los pies sobre la tierra. Siempre.

– ¿Los límites son delicados?

– FL: Es una delgada línea, que debe estar muy clara. Está buenísimo que haya solidaridad, pero no hay que creernos más de lo que somos.

– FP: Y lo que sabemos es que siempre queremos aprender a perfeccionar la manera en que trabajamos. Tanto en la ONG como en la empresa. En Bola manejamos más recursos, queremos mantener mejores y mayores vínculos con las fundaciones más serias, para expandirnos. Y seguir ayudando. Vamos paso por paso.