Manuel Beguer i Mayor es el Coordinador de Proyectos Internacionales de la Fundación Gas Natural Fenosa (GNF). Un catalán de mundo que sabe bien cómo devolver una mirada y escuchar solícito a una voz necesitada, un abogado exitoso que en cierto momento de su vida optó por sumarle valor social a su quehacer diario.

Manuel Beguer i Mayor tiene lo que hay que tener. Da claras muestras de ello. Está preparado para llevar adelante sus funciones. Todas: las más técnicas y las más humanas. Cuenta con un discurso frontal, sencillo, fácil de asimilar y de comprender. No se anda con vueltas. Expresa claramente lo que es y lo que quiere. Con solo cinco minutos de conversación uno lo elegiría entre cien para volver a ocupar su cargo. Es la escarapela de la Fundación Gas Natural Fenosa, el pin que uno se pondría en la solapa del saco para mostrarle al mundo cómo es la institución. Habla un español a la catalana, con la ele pegada al paladar en cada una de sus palabras. Quizás la entonación, o tal vez su porte, le arriman una estampa de capitán de barco, alguien que ha pasado por todos los oleajes y ha visto todas las playas con sus habitantes nativos. Da la sensación de ser de los que cierran un trato con un apretón de manos y luego lo cumplen.

Nuevamente: Manuel Beguer i Mayor tiene lo que hay que tener. En los papeles oficiales es presentado de esta manera: “Coordinador de Proyectos Internacionales de la Fundación Gas Natural Fenosa. Viene desarrollando este cargo desde diciembre de 2006, con las funciones específicas de extender la actividad de la fundación a todos los países en los que está presente el Grupo Gas Natural Fenosa, potenciar y coordinar los proyectos de la fundación que se desarrollen en esos países, potenciar y compartir iniciativas desde España y entre los distintos países, y representar a la fundación en todos ellos. Habla catalán, castellano, inglés, italiano, francés y portugués”.

Quien tenga el placer de charlar con él sobre la vida sabrá que el valor humano de la Fundación Gas Natural Fenosa descansa sobre los hombros de un tipo de ley. Dicen que un botón vale de muestra, y los demás a la camisa. Pues bien, para poder ayudar hay que ser solícito. Para ser solícito hay que escuchar. Para escuchar hay que comprender. Manuel escucha y entiende las voces necesitadas en seis idiomas. No está nada mal para comenzar a hablar con fundamento.

 ¿Cuándo y por qué fue creada la Fundación Gas Natural Fenosa?

Empezó a funcionar en 1992, justo cuando se fusionaron las firmas Catalanes y Gas Magreb, dando origen al Grupo Gas Natural. Se fundó porque se pensó que era fundamental que un grupo de la importancia de Gas Natural tuviera un ente, en este caso una fundación, que llevara adelante proyectos que no solo estuviesen relacionados con lo económico sino también con lo social.

¿Vos estás en la fundación desde esa época?

No, yo llegué a la fundación un 11 de diciembre de hace diez años. Soy quien coordina todos los proyectos y los créditos internacionales, soy su representante oficial fuera de España. En la empresa estoy desde hace 25 años. Soy abogado de profesión, fui Director Jurídico en Brasil y en México.

¿Cómo se arma un buen equipo para llevar adelante una fundación cuya razón de ser es hacer el bien social? ¿Se dice “busquemos buenos tipos que vamos a hacer el bien”?

En principio, tenemos bastantes personas de bien dentro del Grupo, gente que sabemos que coincide con los objetivos de la fundación, los cuales están muy encaminados hacia la defensa energética, la protección del medio ambiente.

¿La fundación se maneja de manera autónoma en relación a la empresa?

El único patrón de la fundación es la empresa, es decir, el dinero de la fundación sale exclusivamente del Grupo Gas Natural. El patronato de la fundación es el mismo Presidente de Gas Natural, entonces está muy interrelacionado con la empresa, no hay dinero que entre del exterior. Solo en la Argentina el Presidente de la fundación no es el de Gas Natural, por un tema legal tuvimos que hacer una representación.

¿En cuántos países actúa la fundación?

En 11 de los 33 países en los que está el Grupo Gas Natural, repartidos entre Europa, América y África.

¿En qué se beneficia el Grupo al tener una fundación?

Obviamente mejora su imagen, siempre hablamos de retorno. Una empresa se dedica a ganar dinero, pero luego también, ya que está actuando en un determinado país, debe devolverle algo a ese país, eso es lo que llamamos “retorno”. La empresa se beneficia con la satisfacción y la sensación de formar parte de cada país, es decir, no es una fundación que está en España y actúa desde allí hacia el exterior, sino que se mete en la idiosincrasia de cada país, en la manera de ser de cada uno.

¿En qué consiste el programa Primera Exportación?

Nació en la Argentina hace 15 años y hace dos que lo llevamos a cabo en España. Ahora lo implementaremos en México. El programa en la Argentina surgió en 2001, con el corralito la empresa vio la necesidad de ayudar a las pymes a exportar porque pensábamos que era una salida a su situación. Quizás, más que el corralito fue la devaluación posterior, un hecho que las hizo competitivas a nivel internacional; esas empresas no sabían qué tenían que hacer para exportar, y entonces las ayudamos en el camino, desde el primer papel que debían completar. Es un programa exitoso en España, más aún con la crisis actual europea. Ahora se está haciendo un programa por separado en cada sitio, pero en un determinado mes del año coinciden. En junio de este año, viajarán 15 becados representantes de algunas pymes argentinas a Barcelona, donde asistirán durante diez días a un curso y coincidirán con los 15 becados españoles en las clases. Son pymes de todo tipo, algunos fabrican zapatos, otros crían caballos o están en el mundo del turismo, hay de todo.

¿Con qué actores de la sociedad interactúa la fundación?

Con Gobiernos regionales y con determinadas universidades públicas. En el caso internacional, por ejemplo, un programa estrella en Colombia es el denominado “Pequeños Científicos”. Tenemos un acuerdo con la Universidad de los Andes, este programa ya tiene más de diez años. Aplicamos una técnica francesa de enseñanza de las ciencias naturales en la cual se enseña a los niños a interactuar, es decir, a no memorizar todo, sino a llegar a conclusiones a través de la práctica. Eso hace que los niños sepan hablar en público, interactuar entre ellos, trabajar en grupo; los resultados son muy buenos. Desde que empezó este programa ya se han beneficiado unos 44 mil niños de escuelas de Bogotá y Bucaramanga que se encuentran en una situación económica muy baja. Por ejemplo, uno de los últimos colegios con los que la llevamos a cabo en Bogotá es una institución a la que asisten hijos de presos. También hemos hecho algunas acciones con universidades privadas, por ejemplo, en México, con la Universidad Tecnológica de Monterrey, un seminario muy importante internacional tecnológico. En Brasil, tenemos un programa con Aulas de Formación en tres favelas en el sur de Río de Janeiro, allí formamos a técnicos especializados en gas y en albañilería, con la condición de que la primera obra sea arreglar su propia casa. Luego nosotros, a esos técnicos de gas, les conseguimos un trabajo en nuestra empresa o en la de algún contratista. Uno de nuestros principales objetivos es “Formación + Trabajo”, porque formar a la gente para luego dejarla en la calle sirve para muy poco. Y en este caso, este programa en las favelas está dentro de un complejo más grande, El Espacio Crianza Esperanza, que tiene el apoyo de red TV Globo y Viva Río, una ONG, y el soporte de la UNESCO.

En la Argentina, entre otros, tenemos un programa que se llama “Hola Fundación”, con muchos talleres en zonas muy pobres del Gran Buenos Aires; talleres desde alfabetización digital y artesanías hasta panadería, con gente de estrato absolutamente bajo. Hay otro llamado “Emprendedores Sociales”, en el que empleados de nuestra empresa presentan un proyecto social. Luego, elegimos una serie de entre 12 y 15 de esos proyectos, y la fundación los apoya con dinero o según la necesidad que tenga. De esta manera, los empleados pueden ser padrinos de una fundación, presentan propuestas y la empresa elige las más viables y les da el apoyo necesario para realizarlo.

¿Cómo trabajás la emoción personal?

Me importa mucho la emoción, yo me emociono mucho. Te doy un ejemplo, ayer le pregunté a una joven con un atraso madurativo, que desde hace diez años trabaja en Walmart, qué le había aportado su trabajo. Ella me contestó: “Lo que me ha aportado es saber que sirvo para algo, yo creía que no servía para nada, y ahora me subieron de categoría, atiendo a los clientes, estoy feliz porque tengo amigos, me he dado cuenta de que mi vida tiene sentido”. Bueno, eso para mí vale todo.

¿Es más fácil dar que hacer?

¡Qué buena pregunta es esa! La fundación sobre todo hace formación, pero quiere los resultados. A mí me gusta escuchar lo que está pasando. No es dar dinero y me olvido. Entonces te voy a contestar: dar es mucho más fácil que hacer.

¿Tienen un voluntariado bastante fuerte dentro de la compañía, cómo los motivan?

La gente es mucho más buena de lo que creemos. Dentro de la empresa, existe el Día Solidario, un día de tu salario para hacer obras sociales. En la Argentina, se becarán a 12 alumnos para que hagan toda la escuela secundaria en una escuela en Pilar.

¿Pero el empleado luego no les pregunta qué le da la empresa a cambio por su buena acción?

Absolutamente no.

¿Las generaciones más jóvenes son más conscientes en temas medioambientales?

La conciencia medioambiental ha crecido de manera tremenda, y eso ha ayudado a que la gente mayor también se haya acostumbrado. Costa Rica es un parque natural, hay que cuidarlo. Tenemos un programa, BAE: Bandera Azul Ecológica. En tres colegios se enseña a los niños a respetar el medio ambiente con clases y materias relacionadas.

¿Cuál fue tu mayor éxito en todos estos años vinculado a la fundación?

Muchos, anécdotas muy buenas. Por ejemplo, en un colegio de Marruecos, a los niños les explicaron antes de que yo llegara que iría un hombre de España, que hablaba español. Y muchos me miraban con cara rara por cómo hablo. Un niño me abrazó la pierna y no me soltó en toda mi estancia en ese colegio, en un momento se desenganchó, y cuando yo me iba, vino corriendo y me dijo: “¿Cuándo me va a llevar a España?”. Una anécdota muy buena. Aquí en la Argentina, en uno de los programas de habla y de taller de lectura para niños, yo me senté en el piso con las niñas a leerles, y me contaron que cuando me fui, ellas imitaban mi tonada española al hablar.

¿Por qué trabajás en una fundación?

Me siento muy bien, me gusta mucho, duermo bien a la noche. En un momento, cambié radicalmente. Me pasé del mundo jurídico a llevar una fundación a nivel internacional y me da más satisfacción. Me gustaba lo que hacía, pero me gusta mucho más esto, cuando veo los resultados y la gente satisfecha. Me da gusto. La gente envidia sanamente mi trabajo.

¿Te pone mejor cara que cuando decías que eras abogado?

[Risas] Tú sabes que los abogados tenemos mala fama.