PRESENTE conversó con Pablo Aimar y Sebastián Domínguez sobre Pelota de Papel, un libro que combina fútbol, literatura, ilustraciones y, sobre todo, solidaridad.

La pelota comenzó a rodar y, como siempre, atrajo a muchas personas interesadas en participar del juego. La pusieron en movimiento los uruguayos Agustín Lucas y Jorge Cazulo, a quienes se les ocurrió un libro en el que escribieran once futbolistas, cada uno desde su posición en la cancha. Le pasaron la pelota a Mariano Sosa, director técnico del Sporting Cristal de Perú, y él se la alcanzó a su amigo Sebastián Domínguez, defensor de Newell’s Old Boys de Rosario. Ahí la cosa comenzó a tomar forma: junto al periodista Juanky Jurado, Domínguez comenzó a contactar a jugadores y exjugadores, escritores y artistas gráficos para, entre todos, armar Pelota de papel, un libro que, además de la faceta literaria y artística, nació con un costado solidario: “Me cedieron los derechos en un principio a mí, pero inmediatamente se los pasé a Manu Lozano, de la Fundación Sí, para que todo lo recaudado fuera para ellos. A su vez, Manu destina un porcentaje a una ONG uruguaya”, relata Domínguez.

En el libro hay 24 historias relatadas por los futbolistas (algunas son anécdotas ficcionadas y otras ficciones puras), prologadas por escritores o periodistas, e ilustradas por grandes artistas. Entre esas historias, una pertenece al exjugador de River y de la Selección Argentina Pablo Aimar. Domínguez, lógicamente, también aporta un texto.

¿Qué relación tenían con la escritura? ¿Lo habían intentado alguna vez?

Sebastián Domínguez: Yo no había escrito nunca nada. Bah, pavadas, cosas para decirles a mis compañeros antes de un partido, por ejemplo, si me tocaba ser capitán. Cuando fui capitán de la Selección Argentina en un amistoso contra Brasil estaba muy nervioso, así que escribí lo que quería decir. Después, me acordé de la mitad de las cosas, pero por lo menos algo me quedó. Ficción nunca había escrito.

Pablo Aimar: Yo no, esta fue la primera vez que escribí un cuento o algo parecido a eso. Me dio algo de vértigo al principio. De hecho, el día de la presentación comenté que habría sido mejor hacer un partido a beneficio en vez de un libro. Habría sido más fácil para nosotros. Pero, después de leerlo, te das cuenta de que la gente tiene cosas para contar. Obviamente, hay quienes cuentan con mucha más facilidad para hacerlo, por eso son escritores, y no escriben un cuento de tres hojas sino 20 libros de 300 páginas. Pero todos tenemos algo para contar, y de eso se trata cada uno de los cuentos. Al comienzo no me salía nada, porque contar no es algo fácil.

SD: Y tu historia era otra al principio…

PA: Sí, mi historia era otra. Iba a hablar de manejos turbios de un dirigente, pero después mi papá tuvo un problema de salud y cambié. El cuento mío habla de él, de un gol que hizo hace muchos años. Es medio un homenaje a él, a su situación, y a mi vieja, que no la nombro en el cuento, pero estuvo y está siempre.

El libro tiene mucha llegada en los jóvenes. En algunos lugares se menciona a los chicos con cierto pesimismo, ¿cómo los ven ustedes?

PA: Yo en ese sentido soy más optimista que lo que escucho habitualmente. A mí me parece que, obviamente, la juventud tiene estímulos, hay un montón de cosas malas, pero también está lo otro: hay chicos respetuosos, que al final es en lo que se resume todo. Si existe respeto, puede haber cualquier cosa. A mí me gustaría trabajar con gente joven porque es donde se pueden cambiar las cosas que después de adultos hacemos mal, o por lo menos, intentarlo desde el acto, desde la acción. La palabra, solamente, me parece que no llega.

SD: Yo creo que a nosotros nos pasa lo que les pasó a nuestros viejos y a los viejos de nuestros viejos. Los chicos hoy tienen muchas más cosas para usar, por ahí antes teníamos la tele y nada más, y ahora ellos usan la tablet y el celular. Y nuestros viejos quizá tenían menos canales que nosotros o no tenían tele, y sus viejos menos. Pero no es algo bueno ni algo malo, es simplemente la evolución de nuestra raza. No se puede generalizar, hay chicos más conectados con lo humano y con las relaciones, y otros que son más dispersos, como también pasaba con nosotros o con nuestros viejos cuando eran chicos. Hay chicos buenos y malos, como siempre. Después, cada uno en su hogar trabajará como pueda para que las cosas salgan bien. Yo en mi casa trato de reforzar los momentos que pasamos juntos, los almuerzos y las cenas, y que ahí tratemos de conversar sin distracciones, relacionarnos entre nosotros.

¿Qué entienden por “responsabilidad social”?

SD: La entiendo como solidaridad. Pero la solidaridad requiere compromiso, no son actos aislados. Darle una moneda a un chico en un semáforo no es solidaridad. Se pueden tener las mejores intenciones y buena voluntad al hacerlo, pero es un acto aislado que no ayuda. La responsabilidad social y la solidaridad son compromiso, cosas que se sostienen en el tiempo.

PA: Responsabilidad social me parece que es la que tenemos todos en el momento en que salimos a la calle, a partir de respetar al otro. Hay de todo, y está lleno de gente que sale a matar o morir. Todo se basa en el respeto. Desde una posición en la que a lo mejor somos un poco más conocidos que el resto, podemos ayudar y mejorarle un poquito un día a una persona. Vos me estás haciendo una nota, yo estoy diciendo algo y me van a leer 10, 20 o 30, y tengo una responsabilidad con lo que voy a decir. Todos tenemos la responsabilidad social de ser respetuosos con el otro, porque es una persona. Acá y en el resto del mundo está muy instalado que al respeto hay que ganárselo, y no te lo tenés que ganar. Vos sos una persona y a vos te tienen que respetar. En todo caso, lo perdés si sos un asesino, un violador, un corrupto. Pero al respeto lo tenés de antemano porque sos una persona.

¿Son de involucrarse con cuestiones sociales?

PA: Ahora estamos armando con la fundación de River un partido en Río Cuarto. Es más fácil para nosotros de esa manera. Lo hemos hecho varias veces ya hace unos años, después lo dejamos de hacer. Cada vez que me llaman para algo que sirva para ayudar a alguien, estoy ahí. Me parece que desde el lado de adentro es donde se pueden cambiar las cosas. Pero siempre hay un límite: cuando me llaman para algo que tenga que ver con la política… Hasta ahí llego.

SD: Yo en estos años, como muchos de mis compañeros, estuve muy involucrado en el deporte y quizá sin darle tanto tiempo a lo demás, y el libro es para mí un primer paso en este sentido. Espero, una vez que ya no juegue, estar más cerca de estas cosas, involucrarme con Manu Lozano, que me permita integrarme más por medio de la fundación, y también fortalecer relaciones con María Santino, de la Villa 31, con quien hablamos y jugamos un partido cuando fuimos a presentar el libro ahí. Quisiera tener una relación más cercana para poder trabajar juntos y ayudar en lo que se pueda.

Pablo, cuando jugabas en River había una imagen muy fuerte que entregabas con Riquelme: los dos, con las camisetas rivales, abrazados y riéndose juntos. ¿Por qué creés que eso ya no pasa?

PA: Bueno, primero puede que a lo mejor los jugadores actuales no tengan realmente un amigo del otro lado. Puede pasar. Y después, se ha perdido algo también… Es difícil explicarle a cierta gente, a ciertas personas, que tenés un amigo, un hijo, un tío, hincha de otro equipo. ¿Qué le vas a explicar a una persona que piensa que no podés tener un amigo que sea de Boca? No hay forma de dar vuelta eso. Hay cosas que están instaladas y que son imposibles de cambiar. Por ejemplo: los jugadores, chicos de 20 años, juegan un domingo, tienen el martes libre y deciden el lunes tomarse una cerveza a las doce de la noche. Los ven y les dicen “Andá a tu casa a dormir”. Tienen 20 años, ¿cuándo lo van a hacer? ¿Cómo le explicás a un hincha que eso no tiene nada de malo? Entonces, al chico le terminás diciendo “No vayas, porque te van a encontrar y la podés pasar mal”. Hay cosas muy difíciles de cambiar, porque están instaladas. En el fútbol y en la vida.

Sebastián, ¿creés que el jugador de fútbol se prepara siempre para el insulto?

SD: A veces ya te vas preparando para que haya críticas. Pero creo que es algo que no pasa solo en el fútbol, sino que en todos los ambientes donde hay exposición pública hay mucha gente a favor y mucha gente en contra. Ahora eso se potencia porque cualquiera con un teléfono te puede decir lo que quiera en las redes. Hay muchos que te dicen cosas buenas y otros no tanto. Con el libro por suerte todo fueron elogios y apoyo, pero sabemos que cuando hagamos mal una jugada, en la cancha nos van a gritar “Andá a escribir cuentitos”…

Anticipando la jugada, antes de que los manden a escribir cuentitos, Domínguez y equipo ya están pensando en la segunda parte de Pelota de papel: “Hubo muchos jugadores que se acercaron con ganas de participar. En un momento tuvimos que hacer un corte para cerrar el libro y dejamos alguno afuera, pero los vamos a reunir en una segunda entrega. Yo creo que, además del desafío de escribir, los motiva la parte solidaria, porque desde un principio la idea fue que esto sirviera para ayudar a más gente. Por eso funciona como funciona. Por suerte, el libro está permitiendo, con lo que se recauda, que muchos chicos accedan a cosas a las que antes no accedían o se les complicaba”, se entusiasma Domínguez.

“El deporte saca a algunos chicos de la calle. A los que no se encuentran en la calle, pero están en sus casas encerrados, los hace estar al aire libre. A todos los hace conocer gente, tener amigos. Eso es lo mejor del fútbol. Yo no jugué nunca con Seba, pero lo conocí por el fútbol. Hacer deporte es buenísimo para la salud, además. Una vez leí que la lectura es al cerebro lo que el ejercicio físico es al cuerpo. Justo ahora las dos cosas están mezcladas acá”, concluye Aimar.

PRESENTACIÓN

El libro fue presentado en ferias, escuelas y canchas de muchas ciudades del interior del país y también del exterior.

Por su aporte a la cultura y su labor solidaria, recibió una serie de reconocimientos, entre ellos el de ser declarado de interés cultural y social por la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires, y el premio anual que otorga la ONG CILSA.

Los futbolistas/autores que escribieron en Pelota de papel son: Pablo Aimar, Sebastián Domínguez, Gustavo Lombardi, Nicolás Burdisso, Sebastián Fernández, Jorge Bermúdez, Nahuel Guzmán, Facundo Sava, Jorge Valdano, Gustavo López, Agustín Lucas, Fernando Cavenaghi, Ángel Capp, Rubén Capria, Adrián Bianchi, Juan Manuel Herbella, Juan Pablo Sorín, Kurt Lutman, Mónica Santino, Jorge Sampaoli, Sebastián Saja, Roberto Bonano y Javier Mascherano.

Algunos de los prologuistas destacados son Eduardo Sacheri, Ezequiel Fernandez Moores y Alejandro Dolina; y entre los ilustradores se destacan Pablo Bernasconi, Tute y Alejandra Lunik.