Artista todoterreno, tiene una larga trayectoria en la actuación, un par de mojones literarios interesantes y una carrera musical que avanza a paso firme. Además, se propone sumar desde su lugar: “Es ser constructiva en todo lo que emito”.

Entre la filmación de una película, las últimas grabaciones de una serie (mientras al aire hay otra que la tiene como protagonista y un film por ser estrenado), las clases de actuación que dicta, su incipiente carrera musical y la gestión de un hogar con dos niñas a cargo, Inés Estévez anda a las corridas de un lado para el otro. Sin embargo, no apura ninguna respuesta, se toma el tiempo necesario para pensar bien qué decir y cómo hacerlo, no subestima el momento y abre generosamente su espacio íntimo para que ingresemos en él.

La actriz que hace más de tres décadas pasea su talento por todas las pantallas y los formatos posibles (con un parate entre 2005 y 2014, período en el que estuvo retirada de la actividad) hoy se siente feliz de haber abierto una nueva escena para su desarrollo artístico: encontró en el canto un espacio de expresión que no esperaba.

“Lo que más me interesa y más feliz me hace es la música. Es algo muy inesperado, no estaba proyectado. Sí quería escribir, y publiqué una novela; sí quería dirigir teatro, y lo hice; sí empecé a pensar en enseñar teatro antes de dar clases. Pero nunca me imaginé que iba a dedicarme a la música, y es lo que más feliz me hace en este momento. Siempre estuvo la música, pero nunca me sentía autorizada. Por eso le estoy tan agradecida a Javier [N. de la R.: Malosetti, su expareja, con quien comenzó a cantar en público]. Hasta que él vino y me dijo que me animara, no lo había pensado”, cuenta.

¿Lo inesperado hace que lo disfrutes tanto?

– No, me gustaría estar mucho más afiatada. Lo que me hace feliz es la música. Incluso cuando no me dedicaba a esto, pensaba que es el arma más poderosa, el único hecho artístico que a mí me puede modificar sensiblemente un estado emocional. Me puede cambiar un sentimiento. El hecho artístico siempre te modifica, pero uno no se pone a mirar un cuadro o leer un libro para cambiar el estado anímico. Una película te lo puede cambiar, pero cuando entrás al cine no sabés qué es lo que te va a pasar. En cambio, ponés una música determinada para condicionarte emocionalmente. Es algo muy poderoso. La música te puede melancolizar, alegrar, entristecer. Opera sobre tus sentimientos directamente.

Hablás de la música como un proceso muy placentero, ¿la actuación también es así?

La actuación es un mundo muy conocido por mí. Ya es como abrir una canilla, es de fácil acceso. La música es un mundo nuevo, soy principiante. No se pueden comparar dos años de recorrido con treinta. Tengo el entusiasmo del principiante, del que se encuentra transitando un camino gozoso, en contacto con un hecho artístico que lo colma por completo y que es una novedad, un gran desafío y donde está todo por hacerse. No se sabe dónde va a derivar esto. Es un camino nuevo, con todo lo que eso conlleva. Es bellísimo.

¿Seguís disfrutando de actuar?

Cuando los directores me dan libertad, sí. Cuando me restringen mucho, no lo disfruto. Es delicado hablar de esto, pero puedo decir que en El maestro tuve mucha libertad porque Daniel Barone confía y sabe mucho. Me insta a soltar todavía más la soga. Cuanta más libertad expresiva tengo, cuanta más confianza le ponen a lo que sea que elija transitar como actriz, más disfruto. De todas maneras, cuando se trata de cine, como en general hago cine de autor, tu deber como actriz es supeditarte a las necesidades y los pedidos del director, hacer exactamente lo que necesita, aunque no fuera lo que elegirías.

Responsabilidad

¿Qué es para vos la responsabilidad social?

Es ser constructiva en todo lo que emito. Todo, de la índole que sea: desde un comentario en las redes sociales hasta una elección laboral. Es colaborar activamente, en la medida de lo posible y a nuestro alcance, con ese sentido constructivo. Colaborar activamente, no hablando. Haciendo.

¿Sentís que la posibilidad de tener más llegada te agrega una cuota de responsabilidad?

No, siento que me da la oportunidad de ayudar, de asumir esa responsabilidad de una manera más activa, más visible.

Hablaste de las redes sociales, que solés usar para mencionar asuntos de interés general, ¿cómo fuiste integrando este canal de comunicación?

No tuve redes hasta hace tres años. Abrieron mi primer Twitter a partir de mi personaje en Guapas, o sea que soy muy joven en las redes. Descubrí un arma poderosísima de comunicación y me di cuenta del nivel de llegada que podía llegar a tener cualquier referencia o pensamiento. Lo que intento hacer siempre es no hablar en forma personal de nadie y no quejarme si no aporto alguna noción de solución a ese problema. Me documento y lo subo: informo. No es “Vamos contra esto”, sino agregar un “Para ir en contra de eso, hagamos esto otro, que también existe”. Eso me parece que es ser constructivo. Lo que me interesa es colaborar desde mi humilde posición a crear conciencia. En general, mis proclamas o exudaciones están relacionadas con promover la tolerancia, con propiciar la singularidad, la aceptación del otro tal cual es como individuo.

Una aceptación que no siempre es fácil, y no siempre es la norma…

Es que hay que tener una mirada constructiva e inclusiva. La inclusión no tiene solamente que ver con personas con capacidades diferentes, tiene que ver con aceptar al otro tal cual es y aceptar su singularidad. No criticarla, ni cuestionarla, ni calificarla ni clasificarla. Si sos varón y te gusta usar pollera, cosa tuya, no me tengo que meter. Si sos mujer y estás toda operada, ¿por qué hay que decir que está mal? ¿Quién soy para decirlo? Si una mujer de 70 años sube una foto en topless, adhiero o me callo, no tengo por qué hablar negativamente. Hay gente a la que el árbol no le deja ver el bosque. Ayudá o correte.

Hay gente que asocia mucho las redes con la incomunicación, con un alejamiento de las relaciones interpersonales…

Hay mucha ignorancia de muchas cosas. Cuando veo que hay una cerrazón violenta, bloqueo directamente; cuando veo que hay una cerrazón factible de diálogo, dialogo. Las redes me han generado diálogos hermosos: tengo amigos en las redes que nunca vi personalmente. Hay un señor que se llama Jorge Bombau cuyo hijo se murió en un natatorio por desidia de quienes estaban a cargo, que no lo asistieron a tiempo. Ese hombre está haciendo una campaña muy consistente en Twitter para que todos aprendamos RCP. Yo nunca lo vi, es un hombre que perdió un hijo hermoso y que hizo de ese dolor una lucha para ayudar al resto de la humanidad. Cada cosa que me escribe, la comparto. Son causas nobilísimas.

Hace algunos años, cuando estaban en pareja, Inés y Fabián Vena adoptaron a Cielo y Vida, dos hermanas con retrasos madurativos y dificultades en la expresión. Aunque no tienen autismo, algunas características de sus hijas, sobre todo de Cielo, son similares a las de esa condición, y más de una vez Inés difundió mensajes sobre la importancia de comprender estas individualidades para poder integrarlas de la mejor manera.

Alguna vez hiciste una distinción entre el hecho de querer tener hijos y el querer ser padre. Con Fabián eligieron un camino dificilísimo y generoso…

Cuando la gente dice que hay generosidad ahí no sé cómo explicarlo. Me parece natural. No soy el adalid de la generosidad. De hecho, tener hijos es un peso, hablando a calzón quitado. Y tener hijos con problemas es algo que lleva a que por momentos te sientas desfallecer. Te culpás por no estar, por desaparecer o por irte a trabajar y sentir alivio por eso. El día a día y la interacción con dos personas con retraso madurativo es drenante. Y a la vez, descubrís que ir a trabajar y sentir alivio de salir de tu casa es bueno para tus hijas, porque volvés renovada, con las pilas cargadas. Estás cansada del trabajo, pero te alejaste y volvés con una objetividad que hace que puedas darles muchos más elementos efectivos y nutricios que si te hubieras quedado ahí las veinticuatro horas. Te vas a trabajar porque no te queda otra, porque necesitás parar la olla y pagar millones de cosas, pero también por lo otro. Yo me acuerdo del día en que pude ir al supermercado sola y sentí placer de hacerlo, y a la vez sentí culpa. Me parece bien alejarme un poco.

Las dejás respirar a ellas, también

No, ellas no necesitan respirar de vos. Te necesitan las veinticuatro horas. Vos sos la que necesita respirar para poder darles lo que necesitan. Soy un ser humano y hago lo que puedo, y esto fue un resultado de un devenir de aconteceres. Lo terminamos decidiendo, pero de todos modos la vida te va llenando. A la vez, es muy gratificante y muy hermoso proyectar lo que habría pasado con ellas si no estuvieran con nosotros, verlas ahora y decir “Qué suerte, qué afortunados que somos de tener estas sobrevivientes valientes”. Es increíble todo el amor que te dan, y vos solo estás devolviendo un poco. Acá las más valientes son ellas. Las más dignas de elogio son ellas. Una es una facilitadora, nada más, para que puedan evolucionar y tener la mayor independencia posible dentro de sus dificultades.