Desde su rol de conductor estrella de televisión, siempre estuvo ligado a las causas sociales e intentó elevar el nivel de la tan discutida “caja boba”. Un hombre que mezcla hábilmente su imagen cándida con una fuerte convicción por sus ideas.

Datos sobre Julián: tiene mucha experiencia en televisión, más de 25 años de carrera, pasando por Pelito y Clave de Sol hasta Sorpresa y media y Expedición Robinson. Supo manejar de taquito el programa Justo a Tiempo por Telefé, y jugar el papel que más le gusta, el de conductor todoterreno. Tiene la pinta para ser el yerno perfecto de cualquier madre que desea que su hija sea feliz y coma perdices: es vital, gracioso, trabajador, buen padre y, por sobre todas las cosas, tiene cara de buen tipo. Por esa razón muchas empresas y ONG lo quieren de su lado. Participa en campañas solidarias y en programas de Responsabilidad Social de empresas como Carrefour, Farmacity, Mimo, Pampers, Banco Francés y Banelco, entre otras, con el foco puesto en ayudar con un sentido muy pragmático y crítico: “a los medios hay que usarlos y no que nos usen a nosotros”.

 Sos una de las caras buenas de la tele y sinónimo de solidaridad para mucha gente, ¿cómo nació la vocación por querer ayudar al otro?

Fui criado en una casa solidaria, mis viejos, si bien nunca fueron ricos (al contrario, venían de hogares muy humildes) siempre fueron solidarios. No fue algo que me lo dijeran, sino que me lo demostraron con hechos, con actitudes, siempre dentro de lo poco que tenían fueron generosos. Lo aprendí de esa forma.

 Alguna vez dijiste que la terapia y el rugby cambiaron tu vida, ¿en qué influyeron?

La terapia más que nada: empecé a los catorce años, cuando estaba en el colegio. Desde entonces hice terapia sin parar hasta el año pasado, cuando dejé. El rugby fue parte de mi formación como persona, como deporte el rugby en sí es socio- formativo, y entonces es inevitable que te marque. Empecé a jugar a los ocho años y me marcó mucho, porque por un lado me divertí y por otro lado me enseñó una forma de enfrentar la vida. El rugby te enseña cómo enfrentar una adversidad, a respetar las leyes, al árbitro a pesar de que se equivoque. Te marca muchos conceptos que son muy útiles para la vida de cualquier persona. Me gustó mucho como deporte y como modelo para educarme y educar a mis hijos.

 ¿Qué opinión tenés sobre la Responsabilidad ocial Empresaria?

Me gusta mucho que las empresas tengan programas de RSE, lo que a veces no me gusta es cuando hacen un poco de cada cosa y al final no hacen nada. Cuando doy consejos, porque me preguntan, sobre cómo ayudar a nivel social, siempre digo que la mejor ayuda es la que se mantiene. El ejemplo es que si vos tirás un ladrillo en cada lugar nunca ves una pared, si vos todos los meses ponés un ladrillo en el mismo lugar vas a terminar viendo una pared inevitablemente. Eso trasladado a la ayuda es muy importante: si vos sos padrino de una escuela y te mantenés en el tiempo, no solamente podés ver cómo capitalizan tu ayuda sino que podés ver las necesidades, podés seguir de cerca la evolución de tu aporte. Si ayudás a una escuela hoy y mañana a otra, y a otra, no tenés ningún tipo de continuidad con nada y no se potencia tu ayuda, termina siendo caridad sin sentido.

También hay críticas al sector, por ejemplo que las empresas lo hacen como un “lavado de cara” ante la sociedad. ¿Qué opinás sobre esa mirada?

Mientras hagan las cosas, que se laven la cara todo lo que quieran. Lo que sí me parece importante es que los empleados aprovechen los programas de RSE de las empresas, ya que muchas veces uno de forma particular quiere hacer cosas y no puede, no te da el cuero, no te animás, y a veces a través de la empresa, que sí te da el contexto y la organización, podés hacer algo. Considero que son buenas maneras de colaborar y la gente lo puede hacer a través de la empresa donde trabaja, que siempre va a ser mucho mejor que si uno lo hace en forma independiente, solitaria. Siempre cuando doy charlas en Unicef con las personas que se encargan de juntar dinero para la organización, les digo que está bueno tener empresas como Farmacity, Oca u otras, que tienen el sistema de redondeo solidario, y que aprovechen esa posibilidad que da la empresa.

Sos embajador de Unicef desde 1993, ¿por qué crees que te eligieron?

Me eligieron porque en verdad nos elegimos mutuamente, porque yo les sirvo a ellos para comunicar los proyectos en la Argentina y a mí me gusta decir que trabajo en Unicef y que soy embajador. Estoy convencido de la manera que tienen de ayudar, es buena, no es una cuestión de dinero sino de llevar al máximo la capacidad de los recursos que puedan tener ellos, o el Estado, o quien los tenga. Es una manera de ayudar a largo plazo: enseña a pescar, no regala pescado. Tiene muchas puntas que me parecen interesantes y nos servimos mutuamente. Te diría que soy el embajador más activo que tiene Unicef en el mundo, porque embajadores hay muchos, pero activos, que hagan cosas todo el tiempo, hay pocos.

¿Cuáles causas te conmueven más?

La causa que más me interesa es la muerte prevenible en los chicos. Si vos podés evitar que un chico esté desnutrido vas a tener la posibilidad de que ese chico se eduque, aprenda, sea estimulado. Si arranca desnutrido ya perdió toda chance de avanzar, de mejorar. Todas las cosas que se hacen para evitar eso son muy buenas, son fáciles de implementar, no son caras, tienen más que ver con una conducta y una educación que con una cuestión de decir “necesito plata para hacer esto”. Las vacunas están, el tema está en educar a la gente para que se vacune.

Te deben llegar muchos pedidos de ayuda, ¿cómo elegís dónde colaborar?

Lo que a mí me genera participar es fomentar la solidaridad. Siempre digo que, ya sea a través de Unicef o de cualquier otra ONG responsable, cuantos más seamos los solidarios más efectivo será nuestro trabajo. Colaboro donde siento que puedo ser útil. Generalmente me llaman para juntar fondos, me quieren pagar, y yo digo: no puedo cobrar por algo que estoy generando, entonces no hago esas cosas. Colaboro en las cuestiones donde siento que soy la persona indicada para hacer eso. Tampoco me gusta estar en todos los lados, me ofrecen ser padrino de muchas escuelas y siento que para ser padrino tenés que ver a tu ahijado una vez al mes y no puedo, entonces prefiero decir que no.

Tenés una visión muy crítica sobre los chicos que trabajan en televisión, ¿por qué?

Los chicos no deben trabajar en televisión, porque es un ámbito de grandes, porque no se divierten, porque suena divertido pero no es divertido. El clima es de grandes, la tensión que se vive es grande, las frustraciones son grandes, el éxito y el fracaso van de la mano y ningún chico está preparado para eso. Sí les digo a los chicos que estudien teatro, que se diviertan, que hagan lo que tengan ganas a nivel artístico, pero el hecho de trabajar no me parece para nada útil. Yo pongo el ejemplo de que si vos de chico querés ser médico no te llevan a ver una operación: te compran un juguete de doctor. Con la tele pasa lo mismo: si querés trabajar acá aprendé teatro, estudiá comedia musical. Cuando seas grande podrás ingresar a la televisión.

Sos crítico pero trabajás en ella…

Yo soy crítico porque la conozco, yo trabajo desde los 18 años en tele. La mejor manera que tengo de criticar al medio, de querer cambiarlo, es desde adentro. Mi forma de opinar sobre la tele es viendo mi programa, no me sirve de nada criticar al programa de al lado porque no tengo injerencia y como opinión no va a cambiar nada.

 ¿Y cómo intentás hacer algo diferente?

Ya con no decir malas palabras logro algo diferenciador. Respetando a los participantes y a los compañeros de trabajo, y tratando de darles la posibilidad de que crezcan y les vaya bien. También tratamos de hacer cosas didácticas, aunque sean chiquitas, dentro del programa, como por ejemplo con las leyes de tránsito. Ver desde este lugar dónde puede uno ir aportando y generando conciencia en la gente.

¿A quién admirás?

Admiro a la gente que hace las cosas que le gustan y no le importa la opinión de los demás. Por ejemplo, ese coche que ves todo “tuneado” con el fuego, con las luces abajo… esas personas son ídolos para mí. ¿Por qué?, porque hacen lo que tienen ganas, tienen una pasión, y puede ser desde el que cría perros hasta el profesional que sabe mucho. No todo pasa por ser el ídolo de la tele, porque siento que para muchos soy un ídolo y yo me siento una persona normal, no tengo ningún poder, nada, lo único que tengo es un trabajo que se ve y eso genera que la gente piense que uno es un ídolo, pero uno es normal. Una cosa es que me vean como Superman y otra es que yo me lo crea. No soy Superman, soy una persona normal. Ni siquiera soy Clark Kent.

 ¿Sos una persona con esperanzas en el futuro, enla posibilidad de que todo mejore?

Para mí el futuro no existe, el presente vale más, se habla mucho de futuro en temas de solidaridad cuando se dice el “futuro de los chicos”, y para mí no existe el futuro de los chicos que no tienen. Un chico que no tiene nada no piensa en el futuro, vive el momento. Por eso, cuando se habla tanto del futuro me enoja, me parece que a las cosas hay que hacerlas ahora, que las posibilidades de hacerlas están ahora. Al futuro no puedo manejarlo; al presente, sí. Hay veces en que soy muy positivo y digo “vamos a arreglar el mundo” y otras en que digo “para qué me esfuerzo sino va a cambiar nada”, pero tengo más ganas de cambiar que dejar que las cosas sigan como están. Mil veces me cuestiono para qué sirve lo que hago, si tiene sentido hacer algo, pero sigo haciéndolo. Me gusta que mis hijos me vean en ese rol porque es algo de lo que pueden aprender, que les puedo inculcar, es un valor que pueden tener ellos para su vida. Así como uno les dice que estudien, que hagan deporte, decirles que pueden ser solidarios también está bueno.