Desde hace muchos años, millones de personas ven a diario a María Laura Santillán en la pantalla de “El Trece”. Sin embargo, pocos conocen el costado solidario de una mujer que aprovecha hasta el último segundo del día para cumplir con sus distintos roles.

Elena tiene 10 años y su hermana Josefina, 18. Son dos chicas como la mayoría de las de su edad, pero desde niñas comparten una particularidad: a veces se incomodan un poco cuando a su mamá la reconocen en la calle. “Es como si yo fuera la mamá de todos, no de ellas solas. Tienen ese miedo”, cuenta la periodista María Laura Santillán.

Tras más de 20 años que lleva trabajando en el Grupo Clarín, desde 2004 Santillán conduce “Telenoche”, junto con su colega Santo Biasatti. Se trata de la dupla que reemplazó a la histórica pareja Mónica Cahen D’Anvers y César Mascetti. Creado en 1966 por el reconocido Tomás Eloy Martínez, quien falleció en enero de 2010, es uno de los noticieros más antiguos y vistos de la televisión argentina.

Millones de personas ven a diario a Santillán en la pantalla: desde 1991 trabaja en “El Trece”, donde fue conductora y productora de distintos programas, como “Fax” (en el que secundaba a Nicolás Repetto), el talk show “Causa común” y “Telenoche investiga”, entre otros. Además, desde 2007 está al frente del periodístico “Argentina para armar”, que se emite por la señal de cable Todo Noticias (TN).

Pese a su gran exposición, ella asegura que lleva una vida “lo más normal de mundo”: camina por la calle, toma taxi y desde hace poco empezó a manejar. “No me gusta, me estresa. Además, cuando maneja otro, yo hago cosas en el auto: contesto mails, hago llamados, organizo la agenda. Lo uso para ponerme al día y me acuerdo de lo que pude haber dejado colgado. Tengo muchas cosas que hacer, no me alcanzan las horas del día. Pero ahora me decidí a manejar porque ya me parecía que era una discapacidad”, dice.

Entre los programas de televisión, alguna publicidad, sus notas para el diario “Clarín” y la participación en eventos, entre otras actividades, Santillán asegura que en sus días “no hay un más o menos, son todos muy apretados, de muchas cosas por hacer”.

Además de ser periodista, es una madre de 49 años con dos hijas. Entonces, por ejemplo, hay un día por semana que va a almorzar con Elena, la más chica. Otras veces, lo hace en el camarín, mientras la peinan. “Estoy con el tupper y la ensalada. Es todo muy variable”, dice. Entre tantas actividades, igual logra incorporar una rutina, pero sin horarios: se lleva el café con leche a la cama y lee los diarios. Son unos veinte minutos que se toma para empezar el día, antes de meterse en la ducha. “Es una previa para despabilarme, y uno de los mejores momentos para mí, porque sé que no hay ni teléfono ni nada”, comenta. El día que tal vez cambia sus planes es cuando un sábado se levanta a las 7 de la mañana para llevar a su hija a jugar al hockey. “Ahí me tomo el café con leche parada”, se ríe.

¿Alguna vez se aburre?

¿Aburrirme? ¡No tengo tiempo de aburrirme! Hay cosas que me gustan más que otras, pero me encanta todo lo que hago, me redivierte. Lo único que me falta es tiempo. Y me canso, como todos, físicamente. Pero no me hastío. Tal vez la cabeza se satura un poco en algún momento. O a veces me duele la espalda porque no me doy cuenta que estaba sentada frente a la computadora en una mala posición. Pasa mucho tiempo, voy comiendo, tomando café y de repente aparece un dolor. O me molesta la cabeza porque hace cinco horas que no como algo.

¿Se imagina su vida sin la televisión?

No me imagino sin trabajar, sin la tele. Me cuesta imaginar algo que no estoy viviendo. Cuando yo empezaba, no tenía ni idea si quería ser conductora. Simplemente me gustaba lo que hacía. En la medida que van apareciendo cosas interesantes y que los que me contratan me ven pasta para eso, voy eligiendo. Me imagino siempre tratando de hacer lo que me gusta.

¿No hace planes a futuro?

En general, no sé pensar a largo plazo. No es bueno. Hay gente que tiene un plan, una carrera, metas. Yo nunca las tuve. Tengo dos hijas con el mismo padre y entre ellas se llevan ocho años. Está claro que no planificamos.

¿Por qué?

Tuvimos ganas de tener un hijo y después de tener otro. Pero una pegada a la otra iba a ser un caos. Otras parejas planean tenerlos todos seguidos, que se lleven pocos años, y después tener tiempo para ellos. Pero eso no soy yo.

¿Qué le gusta que no sea trabajo?

La maternidad. Me gusta grandemente, tanto como trabajar. Son las dos cosas que más me importan. Me arrepiento de no haber tenido más hijos. No tuve más por ser hiperexigente, por querer hacer siempre las cosas bien, por “pasada de rosca”, en el sentido de querer dedicarle a la segunda hija el tiempo que le dediqué a la primera. La verdad, hubiera tenido más. El tiempo se inventa después, hay gente que lo logra. Después se cuidan entre ellos. Soy muy preocupada. Si hay dos, podría haber cuatro.

María Laura solidaria

“Hay cosas que me parece que merecen difusión y trato de hacerlo en los medios en los que trabajo. Tengo la suerte de hacer programas en horario central y de estar en el noticiero líder, producido por gente de mucha sensibilidad”, asegura Santillán, que disfruta de ayudar y participar cuando una empresa o una ONG la convoca para alguna actividad solidaria.

Sin embargo, no se imagina al frente de su propia ONG o fundación. “Me suena muy personalista. Tendría que tener tiempo, no me lo puedo imaginar. Tal vez cuando sea más grande, pero no con mi nombre, no es mi estilo. No me gusta el perfil alto. Ya demasiado con que la gente está acostumbrada a verme todos los días durante tantos años”, dice.

¿Cómo maneja la exposición?

Hay muchos sentidos. Pero yo no ando disfrazada de María Laura. No voy producida, con tacos, maquillaje… En general, la gente me saluda y se sorprende de que soy chiquita, bajita, que parezco más joven. Prefiero eso a otras figuras que andan de personaje. Está bueno andar de personaje porque te dejan entrar a todos lados (risas). Pero prefiero que me descubran de casualidad, entonces la gente se acerca desde otro lugar, más sincero y no tan cholulo.

Si bien a veces cuesta encontrar una definición unánime sobre qué es la responsabilidad social empresarial (RSE), mayormente los especialistas coinciden en que está relacionada con el aporte activo y voluntario al mejoramiento social, económico y ambiental por parte de las compañías. Menos difícil resulta encontrar el vínculo de Santillán con actividades en este sentido.

La periodista es madrina de Esclerosis Múltiple Argentina (EMA), una asociación civil creada en 1986 con la misión de mejorar la calidad de vida de las personas con esta enfermedad y también de su entorno familiar y social, para lo que promueve la difusión de la problemática y la formación de los profesionales dedicados a su diagnóstico y tratamiento.

A mediados de agosto pasado, por ejemplo, Santillán participó del “Leatón”, una competencia de lectura solidaria que EMA organiza desde hace 18 años y en la que participan diferentes colegios de todo el país. “Me encanta lo que hacemos. Se incentiva a los chicos de colegio primario a leer, y ellos mismos van recaudando plata para EMA de acuerdo con lo que van leyendo. Les fascina, y lo sé porque mi hija está en ese programa. Ella es una gran lectora, en el colegio la estimulan mucho y encima le gusta la parte de ayudar”, cuenta.

“Es lindo porque siendo muy chiquitos se enganchan con la lectura. Además es interesante, yo noté que mi hija después termina preguntándome más cosas, como por qué soy la madrina de EMA, qué es la esclerosis múltiple, cómo se puede ayudar a quienes tienen esta enfermedad… Supongo que a los demás padres les pasa lo mismo. Es otra manera de acercamiento”, dice.

Desde 2007, Santillán también apadrina la Fundación “El pobre de Asís”, una institución sin fines de lucro que desde 1998 trabaja por la reivindicación de los excluidos, generando conciencia y desarrollando acciones que favorecen la igualdad de oportunidades.

Las acciones de la Fundación se enfocan en brindar capacitación, educación, impulsar la inserción laboral, ofrecer abrigo, salud, alimentación, vivienda y afecto. A su vez, alienta la organización de redes alternativas de contenido social, crea centros de asistencia, capacitación y trabajo para asistir, promover y reinsertar socialmente a quienes de alguna manera quedaron excluidos del sistema.

“De todas las cosas que hacen, que son un montón, lo que a mí me parece más interesante es que se dedican a los hombres en situación de calle. Eso me pareció lo más revolucionario. Hay organizaciones que, por suerte, se ocupan de los chicos, pero de los hombres no se ocupa nadie. Me parecía algo muy fuerte”, cuenta.

En términos culturales, a Santillán le parece un tema “muy duro”, porque para un hombre, estar en la calle es “la pérdida total de la dignidad, ya que perdió su trabajo y cuando el tiempo pasa, se empiezan a complicar psicológicamente cada vez más”.

“Es una realidad con la que me quería comprometer, aunque ya lo estuviera haciendo desde mi trabajo con las notas y los programas producidos en ese sentido. Pero me parece que esto es un compromiso distinto, estando muy cerca y tratando de ver qué es lo que uno puede resolver”, dice, y detalla que le resulta interesante que en “El pobre de Asís”, además de “darles de todo”, hay algunas personas que llegaron a estar poco tiempo, “hasta que recuperan un lugar en la sociedad”.

“Hay hombres que nunca le cuentan a los hijos ni a su familia que están en la calle. Los hombres no lo cuentan, no hablan. Es una problemática muy angustiante y peculiar. Hay mucho de vergüenza. Para mí, fue encontrarme con un mundo desconocido”, confiesa.

“Otra de las cosas que más me atrajo fue la asistencia a mujeres embarazadas en la Villa 31 de Retiro “, dice Santillán, que explica que se toma su tiempo para amadrinar una organización. “Me tiene que cerrar desde varios lugares. Conocerlos bien, saber cómo es todo y de qué se trata. Los dos casos me parecieron bien distintos, y a la vez pensé que podía ser útil en ambos”, comenta.

En general, las ONG se acercan a María Laura Santillán para pedirle favores o que sea madrina. Todo esto, cree ella, tiene que ver con “Argentina para armar”, el ciclo televisivo que emite TN. “Hice muchos programas sobre lo que hacían las organizaciones civiles, porque creo que es un montón lo que hicieron desde 2001 hasta ahora. Tienen mucho que ver con la reconstrucción del país”, opina.

Esto le dio un acercamiento a organizaciones que no conocía y le generó diversas propuestas. A su vez, recibe varias invitaciones a eventos, pero no puede ir a todos por una cuestión de tiempo. “Hay miles a los que me interesaría ir, pero no puedo –se lamenta–. También me gustaría dedicarles más horas a las organizaciones que amadrino porque hay montón para hacer. Y sé que a veces, con muy poco puedo ayudar mucho”.

“Hay muchas maneras de ser solidarios. Un montón de gente que, al margen de su trabajo, tiene participación en alguna organización y ayuda. Para mí, antes alcanzaba y bastaba con lo que hago en el trabajo, pero después necesité más”, asegura.

A su vez, desde 2010 Telenoche realiza “Abanderados de la Argentina Solidaria”. Este año será la segunda edición de la iniciativa, que se propone premiar a aquellos que sobresalen por su compromiso y entrega, partiendo de la idea de que hay mucha gente que, a diario, dedica su tiempo a mejorar la realidad de otros. “Abanderados”, que el año pasado fue conducido por Santillán y su colega Daniel Malnatti, intenta visibilizar a quienes están detrás de la solidaridad, darlos a conocer y reconocer lo que hacen, para que sigan adelante y, también, para contagiar al resto de la sociedad. “Son líderes desconocidos en relación con la solidaridad. Conocí personas increíbles. Esto hace que la gente se involucre, participe y quiera colaborar. Me encanta que me llamen para eso. Así como cuando Unicef me llama para algo, ahí estoy. Y, en general, mi compromiso es ‘si ustedes me necesitan, me llaman’. Si hay que conducir o llamar a alguien, ahí estoy”, afirma.