La Fundación Leer se creó con una sola misión: luchar para tener una Argentina alfabetizada. Desde 1997 se dedica a la creación e implementación de programas para ayudar a todos los niños a tener acceso a los libros, que lean y valoren la lectura.

“Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído”, esta frase pertenece a Jorge Luis Borges y sirve muchísimo para ejemplificar la importancia que tiene la lectura para el ser humano. Porque leer es esencial para el aprendizaje, pero también es el ejercicio del cerebro. La Fundación Leer no solo se encarga de que los niños de menores recursos tengan acceso a sus primeros libros, promover la alfabetización de las comunidades y que la lectura se convierta en un hábito, sino también de que se comprenda lo que se está leyendo. Desde su nacimiento ha creado muchísimos programas en 23 provincias del país y la ciudad de Buenos Aires, con un número de casi dos millones de niños y jóvenes que participaron. Distribuyeron más de 1.900.000 libros nuevos, crearon 3540 espacios de lectura y 21 mil adultos fueron capacitados, entre docentes y líderes comunitarios de escuelas y centros de todo el país. Hablamos con Patricia Mejalelaty, Directora Ejecutiva y fundadora.

¿Por qué surge la idea de la institución?

Soy profesora de Historia y luego hice un posgrado en Dirección de Empresas, pero con la historia y como docente te das cuenta de que la lectura atraviesa el eje de todo el proceso educativo. Y si los chicos no entienden lo que leen o no leen, van a tener imposibilitado el seguir estudiando. No van a poder ni siquiera convertirse en ciudadanos activos en un mundo en donde la alfabetización es realmente el ABC de la existencia humana de hoy.

¿Qué fue lo que hicieron entonces?

En ese sentido busqué algún proyecto que existiese, no queríamos reinventar la rueda, y llegamos a una entidad en los Estados Unidos, en una época en donde no había Internet, ni mails, nada. Fueron tres años de trabajo para poder traer la licencia de esta entidad a la Argentina, que se llama Reading Is Fundamental, Inc. (“Leer Es Fundamental”). Pero hace mucho tiempo seguimos con un lazo muy, muy cercano, seguimos trabajando con todos los principios de ellos pero la fundación ya creó muchísimos otros programas y proyectos que se desarrollan en todo el país.

¿Qué pasó luego de obtener esa licencia?

Hubo que obtener un montón de compromisos. Primero explicar que había una problemática con respecto a la lectura. Los estudios PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes o por sus siglas en inglés Programme for International Student Assessment) hoy siguen marcando que el 50 por ciento de los jóvenes que egresan del sistema educativo no entienden lo que leen. Esto muestra que en el futuro como país vamos a tener grandes dificultades, a menos que la situación cambie. Porque estos son los líderes y votantes que tendremos dentro de muy poco tiempo.

¿Cuando empezaron cuáles eran los mayores problemas?

En ese momento nos preocupaba el acercamiento de los chicos a los libros. De hecho, el programa base con el que empezamos tenía que ver con que ellos eligieran libros para llevar a su casa en propiedad. Como las escuelas no tenían libros, entonces rápidamente adaptamos un segundo programa y creamos Rincones de Lectura en las bibliotecas. Hoy llevamos instaurados más de 3000, pero también hay otra realidad: las escuelas empiezan a tener más libros porque el Estado ha distribuido en los últimos años una enorme cantidad. El problema es que no se terminan de leer. El uso de ellos en el marco de la escuela cuesta y hay muchos que ni siquiera se han leído. A partir de aquí la fundación interviene claramente en, primero, entusiasmar a los maestros con la lectura para decirles que su rol es esencial, tanto como para que el chico lea dentro de la escuela y afuera también. Hoy es cierto que la competencia es por el tiempo libre, ni siquiera por las tecnologías, y que casi nos deja sin aire. Puede ser que la tecnología nos atrape, pero también es un disparador muy potente para democratizar la lectura. Hoy, a través de los teléfonos, de las tabletas, el libro está al alcance de la mano instantáneamente.

¿Cuál fue el trabajo de la fundación?

La fundación tiene distintos proyectos y lo más terrible es que todo esto podría ser evitado de forma muy simple si empezáramos a trabajar como tenemos que hacerlo: desde muy chiquititos. Y si transmitiéramos a los papás y a los hogares la importancia del desarrollo del lenguaje y la alfabetización en los primeros años de la vida de los chicos. Trabajamos con chicos desde su nacimiento hasta los 18 años, nos gusta focalizarnos de 0 a 12 porque ahí se encuentra la clave –hasta tenemos programas para madres embarazadas–. Educar también a las mamás en lo que es la importancia de que en cuanto su bebé apenas nazca ya pueda empezar a compartir historias, cuentos y libros, porque el libro es un juguete para los chicos en esas edades.

¿Es difícil explicarle a un adulto la importancia de que un chico comprenda lo que lee?

Creo que entiende la importancia, lo que tiene que haber en el adulto es un cambio de hábito o una incorporación del leer y entender que el libro nos puede acompañar inclusive cuando estamos agotados. Cuando se incorpora la lectura a la forma de vida, ya forma parte de uno. Y no importa el soporte, a veces se lee en digital, a veces en papel, incluso hasta cinco libros a la vez, según en dónde se esté y cómo. Creo que la herramienta digital tiene muchísimas ventajas –también lo tiene el libro en papel–, y en cuanto a la comprensión nosotros no trabajamos con adultos, salvo con ellos como mediadores con los chicos.

¿Por qué no trabajan con ellos?

No porque creamos que no sea importante, sino porque no podemos hacer todo. En los adultos el problema grave es que si una persona dejó la escuela en cuarto año de la secundaria le va a costar introducirse en textos más complejos, por eso el gran tema es el analfabetismo funcional en nuestro país. Que es aquel adulto que abandonó el colegio y tiene solo la oportunidad de leer cosas muy rudimentarias. Pero eso no se mide.

¿Qué rol juega la tecnología?

Es increíble para esto. La realidad es que hoy los chicos leen más que nunca, ya que están todo el día leyendo Facebook, enviando mensajes por WhatsApp, no paran un segundo. El tema es que se necesitan habilidades distintas para leer un mensajito que un texto académico o una novela. Más allá de la concentración que requiere, que es un ejercicio, un trabajo, nadie dijo que es fácil; pero el día que se logra eso es fantástico. El punto es que están permanentemente en las redes, y si bien van a leer más, es tan valiosa una cosa como la otra. Les va a costar más cuando tengan que entrar a Medicina y enfrentarse con esos libros de miles de hojas y pasar un montón de tiempo sentados. Todo eso deberá seguir existiendo porque tienen que prepararse para el mañana. Y si bien es cierto que la información está por todos lados, necesitan desarrollar habilidades del pensamiento. La lectura es uno de los aspectos que más contribuye al pensamiento crítico, al poder de la imaginación, a la síntesis. Todas estas capacidades, cuando hablás de que en 10 o 15 años un gran porcentaje de las carreras que hoy existen no van a existir más, en definitiva qué les podés dejar a los chicos si no es la capacidad de pensar. La lectura está hiperrelacionada, desde que aumenta el vocabulario, y el vocabulario es la palabra, y la palabra es la forma de expresión del ser humano. La palabra construye el pensamiento hasta aspectos tan clave como el poder crear nuevas ideas a partir de la experiencia que tenés.

¿Cuál de todos los proyectos que pusieron en marcha fue el más efectivo?

El más efectivo es de acuerdo a la necesidad que el proyecto ataque. Si la institución no tiene una biblioteca, el proyecto Libro Abierto crea espacios de lectura. Si el chico no tiene libros en la casa, hay proyectos que le dan la posibilidad de elegir el que quiera tener en su hogar. Hoy estamos trabajando en dos ejes muy claros: uno, incrementar la cantidad de libros que leen los chicos, y el segundo es un programa que las escuelas adoran, que se llama Familia de Lectores. Capacitamos a maestros para que ellos lo hagan con las familias para instalar la lectura en la vida diaria. Les damos unas mochilas que tienen libros y juegos para que desde la escuela presten a la familia. Las escuelas se sienten muy cómodas con este material porque está pensando para ser prestado. Pueden circular, y además los maestros dan tres talleres a los papás en torno a cómo promover la lectura y la escritura como una práctica diaria. Si cocino y tengo una receta, que mi hijo me la lea. Si voy al supermercado, que mi hijo lea la lista o la escriba antes de salir. La responsabilidad de los padres es muy grande. Esto es crear una alianza y que trabajemos juntos porque en la casa necesitamos probar la lectura.

¿Cómo se eligen los establecimientos adonde poner en marcha los proyectos?

Muchas veces depende de la posibilidad de poder tener financiamiento, porque no tenemos fondos propios. Entonces a veces cuando trabajamos de la mano de empresas, o cuando ellas nos dan algún financiamiento, prefieren trabajar cerca de sus lugares en donde tal vez tengan una sucursal, oficinas o sus plantas, y ahí hacemos un trabajo distinto. Por un lado, miramos a todos aquellos que ya están en relación con nosotros a través de la Maratón Nacional de Lectura, por ejemplo, que son escuelas que ya tienen ganas de trabajar, que ya pusieron muchas energías en avanzar en esta temática. Obviamente que lo trabajamos con las autoridades públicas del lugar. Hay veces en las que también recibimos pedidos específicos, y cuando algo te mueve el corazón hacés lo que podés para ayudarlos.

¿Qué nos podés contar sobre la maratón de lectura?

La maratón fue una respuesta que tuvimos para acercar nuestra filosofía de trabajo a un montón de escuelas que lo querían y para las cuales no teníamos financiamiento. Empezó casi de casualidad, como todas las cosas que crecen, y hoy se convirtió en un movimiento nacional a favor de la lectura, en donde por las dimensiones que tiene nuestra convocatoria sigue siendo la misma. Queremos llevar la lectura a la agenda pública, queremos entusiasmar a los chicos con la lectura, queremos que los adultos entiendan que tienen un espacio en la vida de los chicos de la mano de la lectura y que necesitamos de la ayuda de todos para que los chicos sean lectores. Teníamos en un programa maratones de lectura, 200 escuelas participando, y se nos ocurrió decirles a todas que el mismo día participen en la tercera maratón. Y fueron 20 mil chicos, y al año siguiente le pedimos al diario La Nación que pusiera un aviso y pasamos a 600 mil, y después 1 millón y ahora hay más de 4,5 millones. Hay lugares en donde la maratón es la fiesta del pueblo, en otros pasan cosas muy chiquitas y en otros muy grandes. Nosotros para acompañar todo esto que ocurre en el país desde hace varios años hacemos un evento en la ciudad, y este año va a ser en la Plaza del Vaticano. Ahí tendremos 600 chicos y habrá actividades de lectura. Desde hace dos años abrimos la propuesta a las familias también, las invitamos a que ese día, desde sus casas, dediquen un ratito a leer aunque sea. Que sepan que están instalando la causa de la alfabetización y concientizando sobre que, sin la lectura, no existimos básicamente.

¿Cuáles son los objetivos o proyectos a futuro?

Tenemos nuestro aniversario por los 20 años y hacemos una apuesta fuerte a incrementar la cantidad de libros que los chicos leen y llegar a los 20 en el año. Tenemos también dos o tres proyectos que se van a apalancar en lo digital, así como salió la aplicación de Fundación Leer para recomendar los libros, estamos apostando a las tecnologías porque queremos llegar a las casas y a las familias. Más allá de que seguiremos distribuyendo libros, que es lo que hacemos, o mejor dicho darles la oportunidad de que elijan los libros. Ese será entonces un gran eje de trabajo en el futuro.

Es impresionante cómo fue creciendo la fundación y las cosas que logró hacer, pero aún falta muchísimo y necesita la ayuda de todos. Porque para que un país crezca, su gente debe tener una buena educación, obtener todos los conocimientos posibles y contar con un pensamiento propio. No es excluyente del Estado encargarse de eso, también todos nosotros podemos contribuir. Es cuestión de que todos aportemos nuestro granito de arena para construir un futuro mejor.