Alcides Aguirre, presidente de Brisa Social, escribió sobre la concepción que la ONG platense tiene acerca de la responsabilidad social ciudadana.

La responsabilidad social ciudadana es una filosofía que tiene valores éticos y morales como pilares fundamentales, cuya principal incidencia se manifiesta en nuestros actos y en la manera en que estos pueden afectar a otras personas o a un determinado entorno social. En este marco, se dice que una ciudad socialmente responsable es aquella que conjuga el equilibrio entre los aspectos económicos, sociales, ambientales y culturales del modo de vida local, que persiguen una mejor calidad de vida para los habitantes, a través de un enfoque participativo. En este sentido, la calidad de vida, la sana convivencia y la prosperidad deben ser configurados por todos los actores del territorio local.

Por estos días, se habla y se escribe con cierta frecuencia sobre la economía social, la responsabilidad social empresaria, el desarrollo sustentable, la autosustentabilidad, el comercio justo y el consumo responsable. Toda esta terminología encierra en sí misma una gran vocación por establecer mejores parámetros de consumo y de vida en comunidad. En nuestro país, se está avanzando en estos temas en algunos aspectos con mayor velocidad y en otros con escasos resultados aún. En este sentido, la participación ciudadana activa es la que debe proponer y exigir a los empresarios la producción de bienes y servicios ecológicamente sustentable desde el inicio hasta el fin de su vida útil. Esta misma ciudadanía, en su momento, estará demandando a sus representantes leyes que propicien una mejor calidad de vida en un entorno sustentable. Para que esto ocurra es imperiosa la participación ciudadana mediante la construcción de agendas ciudadanas locales de la sociedad civil.

Como se comprende fácilmente, esto no es tarea de una ni de dos organizaciones sectoriales. Es una labor común de actores locales con suficiente liderazgo como para propiciar y generar los cambios necesarios para lograr una vida mejor en todo sentido. Esta agenda ciudadana local de la sociedad civil deberá estar desprovista de los intereses y vaivenes que le son propios al mundo de los partidos políticos. Sin embargo, estar desprovisto de intereses partidarios no significa que estos espacios no hagan política, ya que cada vez que nos proponemos modificar la realidad y su entorno o generar cambios en una comunidad estamos haciendo política. Lograr una convivencia armónica y un desarrollo sustentable en todos sus aspectos demanda del ciudadano la responsabilidad para hacer lo que se tiene que hacer, aunque no haya sanción legal. Para mejorar la calidad del entorno donde vivimos se necesita de ciudadanos responsables, ya que muchas de esas acciones de la vida en comunidad estarán controladas únicamente por nuestra conciencia. En este sentido, estas acciones de responsabilidad social ciudadana se verán fuertemente arraigadas en nuestros territorios en la medida que estos valores compartidos por todos sean interiorizados por todos. Para sensibilizar sobre estos temas, es necesario involucrar a todos los actores del espacio público, escuelas, representantes de religiones, clubes, colegios profesionales, asociaciones civiles, clubes de la tercera edad, entre otros.

El desarrollo económico, tecnológico y empresarial actual conduce a una sociedad cada vez más globalizada e interconectada que arrastra en su andar un sinnúmero de desigualdades en términos humanos, sociales y medioambientales. Claramente, se puede observar cómo los beneficios del crecimiento económico se manifiestan en términos de riqueza y calidad de vida, en cambio las desigualdades sociales se presentan en términos de exclusión y marginalidad social. Por este motivo, es necesario e imperioso buscar y promover modelos alternativos de desarrollo, así como también buscar nuevos paradigmas que promuevan un reparto más equilibrado de la riqueza y de las oportunidades.

La promoción de ciudades socialmente responsables no solo requerirá del talento y liderazgo de agentes estatales locales y dirigentes de ONG, sino también de nuevos instrumentos jurídico-legales vinculados a nuevas formas de producción y consumo, que comprendan también todas las dimensiones de la sociedad del conocimiento que ya estamos viviendo.