Con un misticismo único, este país insular emerge como un centro turístico indiscutido donde se mezclan la cultura, la gastronomía y deslumbrantes paisajes marítimos que, junto a una población cosmopolita, descienden de una tradición de más de 7000 años.

No importa si se viaja por barco desde Europa, Asia, África o el estrecho de Gibraltar; cualquiera sea la ruta para cruzar el Mediterráneo, inevitablemente se encontrará en su recorrido con Malta, una de las naciones europeas más pequeñas. Una isla de casi 320 kilómetros cuadrados de superficie en medio de uno de los mares más amados del mundo, sede y paraíso de una cultura cosmopolita que se gestó a lo largo de los siglos y se construyó a través de las generaciones.

Con una población de casi 450 mil habitantes –menos que la ciudad de Mar del Plata–, Malta es un país insular compuesto por cuatro islas. La más grande, que le da el nombre a la nación, es el centro económico, político y social del país; mientras que Gozo (la segunda en tamaño) es un lugar de descanso, turístico y con referencias históricas. Comino (Kemmuna) y Cominoto (Kemmunett), las más pequeñas, están deshabitadas, pero son un destino de veraneo local característico. Además, tienen playas y paisajes únicos. Entre ambas se encuentra la Laguna Azul, una bahía de aguas celestes poco profundas que visitan turistas, buceadores y kayakistas. Ambas islas fueron sede de filmaciones de películas y series como Juego de tronos, Furia de titanes, Troya, Gladiador, Múnich y El conde de Montecristo. Para esta última se utilizó la Torre de Santa María –que fue construida en el siglo XVII como punto defensivo contra invasiones de piratas, corsarios y turcos–, como una de las locaciones más significativas para la versión del clásico literario de Alejandro Dumas (padre).

Casa de muñecas

Todo en Malta parece más pequeño en comparación con otros países europeos. Las calles, las ciudades, los barrios, las distancias, las playas; todo es proporcional a la cantidad de habitantes del lugar. Si bien la isla está dividida en seis distritos con sus correspondientes ciudades, ir de un lugar a otro es casi como cambiar de barrio. El Hop-On, Hop-Off –micro tradicional turístico que recorre las atracciones más importantes de las mayores ciudades del mundo– no se traslada solamente en La Valetta –capital del país–, cuyo tamaño es inferior a Parque Chas, sino que va de una localidad a la otra e incluso con una demora muy inferior a su par en Buenos Aires. Y los buses turísticos se suman a una red de transporte local que también recorre las islas y sus diferentes poblados, y que parte de la terminal de Valetta, ubicada en la puerta de la ciudad amurallada, junto a la fuente de los tritones.

Para entrar allí se cruza por un puente, como en las antiguas fortificaciones medievales, y se ingresa a una ciudad cuya arquitectura parece detenida en el tiempo. Con calles angostísimas que hacen inexplicable la circulación de autos de alta gama, veredas empinadas y escalonadas que conducen en subida al centro de la metrópolis y en bajada a diferentes puntos del puerto y la bahía, y una innumerable cantidad de negocios que venden el clásico cristal hecho a mano de Mdina, La Valetta es sin duda una de los lugares que más supo abrazar sus raíces y ofrecer al mundo una ventana al siglo XVI, casi como Italia, su país hermano.

Y aun cuando Malta es un país que armó su historia a través de conquistas, guerras y colonizaciones, en cada rincón y cada esquina se puede apreciar una idiosincrasia marcada, personal y diferente al resto de los países de Europa. Sin importar qué tan desniveladas parezcan las casas, casi en cada esquina se puede ver la imagen de un santo en una especie de retablo empotrado en las construcciones, a unos tres metros a nivel del suelo. Puede haber imágenes religiosas en azulejos o también santuarios improvisados con velas y luces, pero su gran mayoría son estatuas decoradas, ornamentadas y de diferentes colores que representan a alguien canonizado por la iglesia católica. Además, antes de la puerta de calle, hay pequeños pórticos de unos 50 centímetros que funcionan como una preentrada. No tienen cerrojo, pero cuidan la casa.

Por ser un país tan pequeño e insular, Malta importa la mayoría de los productos que se consumen. Pero sus habitantes supieron aprovechar los recursos locales y sumarse a otros países europeos que viven una situación similar. En este sentido, la isla desarrolló un amplio mercado de sales marinas, que provienen de la evaporación de agua de mar. También es un gran fabricante de miel de excelente calidad (el nombre del país tiene origen en la palabra griega homónima), ya que en sus tierras habita una especie endémica de abejas.

Si bien tanto los recursos hídricos naturales como los eléctricos son escasos, los malteses incorporaron paneles solares en gran parte de las viviendas y edificios, sobre todo en los pueblos más pequeños. Dentro de estas políticas sustentables, además de invertir mucho dinero en servicios financieros y turismo, Malta tiene una de las tasas de desempleo más bajas de toda Europa y este año experimentó el mayor crecimiento de PBI en la Unión Europea con una cifra del 6,3 por ciento, según datos estadísticos de Glen Cascun, un empleado del Gobierno nacional. Cascun trabaja en un campo de refugiados que provienen de Libia pero que nacieron en el este y oeste africano, y los ayuda a integrarse a las comunidades locales.

Por otra parte, el Gobierno nacional también está invirtiendo en una estación central a gas, en vez de utilizar gasolina pesada, y pone mucho énfasis en sus habitantes. La Universidad de Malta no solamente es gratuita, sino que además les otorga a sus estudiantes un salario.

En cuanto a los recursos naturales, tanto en La Valetta como en casi todas las ciudades maltesas, las viviendas están construidas en su gran mayoría de piedra caliza de color arena, una roca sedimentaria que se encuentra en todo el país en grandes cantidades. Si se visita Gozo, el camino que lleva a la Ventana Azul (Azure Window) rodea un gran asentamiento de caliza que se trabaja para la construcción de casas. En esa misma isla el color predomina de manera indiscutible, de la misma forma que lo hace en La Valetta y la bahía de Marsamxett. Desde el mar, las casas y los edificios bajos se confunden entre sí y parecen ensamblarse unos con otros. Solo es posible diferenciarlos gracias a las coloridas persianas que adornan sus ventanas y a sus distintivos balcones de madera.

Impronta religiosa

En todo el país hay tantas iglesias como días del año. A pesar de la influencia árabe y la posterior colonización británica, la tradición itálica primó más. Es así como uno de los dos idiomas oficiales, el maltés, es una lengua semítica derivada del árabe y del italiano (con mayor predominancia del dialecto siciliano). Más del 90 por ciento de la población es católica y a eso se debe el fervor religioso. En este sentido, la capital maltesa es sede de la Concatedral de San Juan, un bello baluarte arquitectónico y cultural de la cultura maltesa. Su interior está decorado de forma exquisita con columnas doradas, techos circulares y pinturas de estilo barroco. El altar tiene una escultura que representa el bautismo de Jesús por su primo Juan y está custodiado por siete altos candelabros de plata. Allí está, en una nave lateral del templo, el cuadro La decapitación de San Juan Bautista, de Caravaggio, que es de gran valor artístico y refleja la gama de luces y sombras.

En la estrecha península donde se levanta la capital maltesa junto a la pequeña localidad de Floriana, también se encuentra una extensa costanera que envuelve la ciudad y ofrece vistas panorámicas del atardecer, rodea la bahía y el fuerte de St. Elmo, y llega hasta el Siege Bell War Memorial (Monumento a los caídos en la Segunda Guerra Mundial), un gazebo al que se arriba mediante largas escaleras y desde donde se puede apreciar la Gran Bahía y el fuerte St. Angelo.

Los malteses pertenecen a una comunidad muy estrecha, a tal punto que casi todos se conocen. Son fanáticos del verano, de las playas, de las barbacoas y de pasar tiempo con sus familias. Su cultura también está muy marcada por las “festas” de verano de cada distrito y muchos de sus habitantes se dedican exclusivamente a ellas durante todo el año. Estos festejos honran al santo patrono de cada parroquia y se celebran con colores, bandas, procesiones, globos, guirnaldas y fuegos artificiales.

Gozo, Comino, Cominotto y Mdina

Como segunda isla en tamaño e importancia, Gozo es un gran centro turístico, tanto para habitantes locales como para extranjeros. Su capital es Victoria y allí hay una gran cantidad de restaurantes y bares con una intensa vida nocturna. Durante los últimos años, esa isla fue testigo de nuevas edificaciones y casas de veraneo en las afueras de los asentamientos más habitados. Estas construcciones cuentan con equipamiento de última tecnología, paneles solares y están distribuidas a lo largo del suelo desnivelado del terreno, lo cual permite que todas las viviendas tengan vista al mar. En el camino se pueden ver estructuras de antiguos asentamientos del Neolítico y hasta un acueducto romano en perfecto estado de conservación. Pero sin duda el gran atractivo de esta isla es la Ventana Azul (Azure Window), un arco natural de piedra caliza sobre el mar que es muy popular entre nadadores y buceadores. Su hermana melliza, la Gruta Azul, está en la parte más austral de la isla de Malta, al sur de Valetta, y también ofrece un paisaje incomparable. Una mezcla de mar furioso, suelo desértico y rocas amarillas se combinan para hacer de esta entrada a la isla un camino de agua imperdible y apto para los amantes de la fotografía.

Desde la isla de Malta parten todo tipo de barcos y lanchas hacia estas islas. Existen excursiones que recorren los tres destinos y que permiten al turista curioso e intrépido practicar deportes acuáticos, acercarse a la cultura maltesa y saborear platos típicos.

Comino y Cominotto, las islas más pequeñas, son de exclusivo atractivo turístico. Si bien los malteses son frecuentes visitadores de sus playas, es inevitable cruzarse con turistas de todo el mundo, sobre todo italianos, que practican kayak, nadan, hacen snorkel o recorren las islas en botes veloces que mojan a todos los que viajan en ellos y se adentran en cavernas de aguas turquesa custodiadas por medusas de manchas bermejas.

Ya en el centro de la isla principal, la ciudad de Mdina es un capítulo aparte. Antigua capital del país y de construcción árabe, es una suerte de castillo amurallado que protege calles angostas –aún menos espaciosas que las de La Valetta– y casas pequeñas cuyas baldosas y ladrillos tienen un ensamblado perfecto. Mdina es el centro típico de elaboración de su famoso cristal. Allí se pueden encontrar todo tipo de objetos hechos de ese material: vasos, ceniceros, arañas de techo, figurines, espejos. Y todo en diferentes colores y tamaños. Desde esta pequeña ciudad se puede ver la capital maltesa a lo lejos y el Mediterráneo que baña las costas del país.

Malta es una joya en medio de un mar muy azul que luego de haber sido poblada, asediada, conquistada y colonizada por fenicios, griegos, sicilianos, cartaginenses, romanos, bizantinos, árabes, españoles, franceses y británicos, edificó su propia cultura, ensambló su propio lenguaje y forjó sus propias tradiciones. En un país donde se respira identidad, todo eso en conjunto la convierte hoy en un destino único y difícil de olvidar.

INFORMACIÓN ÚTIL

Moneda

Euro

Idioma oficial

Maltés e inglés

Fecha de independencia

21 de septiembre de 1964

Cómo llegar

Air Malta es la aerolínea oficial del país, pero solo opera vuelos directos a Europa y el norte de África. Se pueden hacer vuelos con escala a través de Alitalia, Air France o Turkish Airlines.

Dónde comer

Los lugares de moda y más concurridos son St. Julien´s y Paceville. Los bares, restaurantes, casinos, cafés y discos están abiertos hasta altas horas de la noche. Dos de los lugares más buscados son Dolce Vita y San Giuliano, en Spinola Bay, aunque los precios no son módicos. Una opción más viable es The Avenue, un lugar cálido con variedad de ensaladas, pescados y grill que tiene mesas a la calle, como casi todos los restaurantes de la zona. Para quienes se hospeden en la capital de Malta la mejor opción es Valleta Waterfront, una rambla costera con locales de comida y negocios de souvenirs. Los horarios no son tan flexibles, pero Pepe Nero es una excelente opción de pizzas y comida mediterránea. Además está junto al Hard Rock Café.

Imperdibles de la gastronomía: bigilla, conejo, twistees, pastizzi, miel, sal marina y kinnie, una bebida típica maltesa elaborada con naranjas, hierbas aromáticas y especias.

Dónde dormir

Grand Hotel Excelsior, ubicado a metros del centro de Valleta. Tiene vista a la bahía de Marsamxett y playa privada. Cuenta con una piscina cubierta, otra descubierta, spa y desayuno continental. La barra de la piscina exterior ofrece una gran variedad de tragos. Es uno de los mejores hoteles cinco estrellas de la isla.

Para más información: http://www.visitmalta.com/es/