La segunda ciudad más poblada de Australia fue elegida por quinto año consecutivo como la mejor ciudad del mundo para vivir. Se jacta de tenerlo todo y no le faltan razones para eso: modernidad, desarrollo, naturaleza, tecnología de avanzada, sustentabilidad y belleza.

Con 4,2 millones de personas, Melbourne es una de las ciudades con mayor población de Australia –solo superada por Sídney– y, también, la quinta más extensa del mundo en territorio, solo por detrás de Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Tokio y Phoenix. Si bien las grandes urbes suelen pensarse como núcleos que provocan una gran contaminación ambiental, en este caso estamos frente a una situación ejemplar: la capital del estado de Victoria fue elegida cinco años consecutivos como la mejor ciudad del mundo para vivir, según una encuesta muy difundida que es elaborada por el instituto Economist Intelligence Unit, el área de investigaciones y análisis de The Economist Group, dueña del diario británico The Economist.

Considerada por muchos como “la ciudad ideal”, Melbourne encabeza el ranking mundial con un puntaje que roza la perfección: recibió 97,5 puntos sobre los 100 con los que se evalúa a 140 ciudades. Para esto, se contemplan más de 30 factores, agrupados en cinco categorías: estabilidad y seguridad interna, atención sanitaria, cultura y medio ambiente, educación e infraestructura. Para mayor mérito, logra acercarse a la excelencia conservando características que la convierten en una de las ciudades más atractivas del mundo, con restaurantes de calidad y variados, y un calendario repleto de espectáculos deportivos –el Abierto de Tenis y el Gran Premio de Fórmula 1– y programas culturales y artísticos, como festivales de cine o gastronómicos.

Situada en la costa sureste de Australia, Melbourne se ubica en la desembocadura del río Yarra, junto a las costas de la bahía de Port Philip. La ciudad, fundada en 1835, condensa un importante movimiento en el comercio, la industria y en la actividad cultural. A comienzos del siglo XX fue la capital del país. Para entonces, ya acumulaba años de gran crecimiento porque en la década de 1850 hubo un descubrimiento de oro en Victoria. La denominada “fiebre del oro” fue lo que posibilitó que Melbourne se desarrollara como un importante centro portuario y de servicios. De aquella época son muchos de los edificios victorianos que aún conforman la hermosa estética urbana, y todavía es la segunda ciudad del mundo en cantidad de edificios de ese estilo, rubro en el que solo es superada por Londres.

Actualmente, entre otros aspectos, Melbourne se destaca por la sustentabilidad y la ecología. Recibe numerosos elogios por el modo inteligente de gestionar el transporte, el tratamiento de los residuos y el aprovechamiento del espacio público, donde sobresalen una enorme cantidad de parques y jardines que influyen en la buena calidad del aire.

Diversos expertos en turismo sostienen que en los últimos años un gran número de viajeros no solo está atento a generar la huella más invisible posible, sino que también valora las acciones de una ciudad para ser más ecológica, mantenerse limpia y darle espacio a la naturaleza, sin por eso dejar de ser moderna y con una tecnología de avanzada.

En este sentido, Melbourne es un caso modelo: el turismo que fomenta también es sustentable. Desde los hostales más económicos hasta los hoteles de lujo, todos los hospedajes para los visitantes comparten la preocupación en reducir su huella de carbono. Una de las actividades que más promueve la ciudad son los recorridos en bicicleta por parques y jardines, que son una marca registrada de la ciudad en los márgenes del río Yarra, los cuales fueron remodelados en los últimos años convirtiéndose en zonas residenciales y comerciales. La ciudad, de estilo europeo, combina la arquitectura victoriana y contemporánea, y tiene una extensa red de tranvías, sistema de transporte al que se suman los colectivos, como el Shuttle Skybus Super, que emite el mínimo de dióxido de carbono, cuyo sistema será utilizado en automóviles.

En Hoddle Grid está el llamado “distrito de negocios” (CBD), reconocido por sus calles históricas y espectaculares galerías como Royal Arcade o Block Place, donde abundan las tiendas y los cafés. Considerando que se trata de 30 manzanas, una buena forma de descubrir detalles es darse una vuelta caminando, aunque también está la posibilidad de utilizar The Circle Line, el tranvía gratuito al que se puede subir y bajar en cualquier momento durante su recorrido alrededor del centro. Aquí y en los alrededores hay diversos edificios históricos que atraen a los visitantes, como el Parlamento, el Palacio Real de Exposiciones y el Ayuntamiento de Melbourne. A diferencia de otras ciudades australianas, en el CBD no hay límites para la altura de las construcciones, lo que explica que albergue a cinco de los seis edificios más altos del país, siendo el Eureka Tower el que más se acerca al cielo. De todos modos, si bien es habitual referirse a la zona como “el centro”, no hay aquí una gran concentración demográfica. De hecho, a raíz de la expansión urbana hacia el sureste, la región con mayor densidad de población está en San Bourne, en el suburbio de Glen Iris.

En su extensión general, Melbourne exhibe un paisaje boscoso de colinas y montañas verdes. Tal vez como pocos lugares en el mundo, esta ciudad cumple con el imaginario colectivo del viajero: en varios de los cientos de suburbios que la conforman, que están a minutos nomás del centro de la ciudad, es habitual cruzarse con canguros a los costados de la ruta.

Nace una localidad inteligente

Como una muestra más de la ola de sustentabilidad en la que está inmersa Melbourne, basta con moverse a tan solo 6,5 kilómetros del CBD, donde está la localidad de YarraBend. Son 16 hectáreas rodeadas por un área verde a orillas del río Yarra en las que se está llevando a cabo desde cero el desarrollo de una nueva miniciudad con las comodidades de los centros urbanos más avanzados del mundo, aunque con énfasis en una concepción ecológica –y holística– que resulta sorprendente. Aquí, el futuro ya llegó.

El proyecto contempla la construcción de 2500 viviendas que comenzarán a ser ocupadas a fines de 2017, y todas estarán alimentadas con energía renovable basada en paneles solares y una terminal de almacenamiento de energía de Tesla, la compañía que es famosa por la fabricación de automóviles eléctricos como el Tesla S con piloto automático. Por este motivo, el desarrollo inmobiliario es promocionado como la primera “Tesla town”, donde las primeras 60 viviendas se pusieron a la venta por entre 1,48 y 2,1 millones de dólares.

Las casas contarán con una Powerwall, es decir con una batería de iones de litio recargable capaz de conservar la energía eléctrica previamente generada por sistema solar o eólico. De esta forma, se podrá utilizar esa energía en los horarios en los que es más costosa la de la red eléctrica, mientras que en los horarios nocturnos, cuando resulta más económico, se podrán recargar. A su vez, considerando la armonía estética, estas baterías son de un diseño atractivo y moderno: tienen un espesor de 18 centímetros y ocupan una superficie de 86 centímetros de ancho por 130 centímetros de alto. Para dimensionar el impacto de este novedoso proyecto, Glenvill, que es el desarrollador, asegura que los habitantes de YarraBend aportarán un 80 por ciento menos de desperdicios y consumirán un 43 por ciento menos de agua que una población normal, todo gracias a la arquitectura sustentable que también incluirá en su estructura la instalación de cargadores gratuitos para autos eléctricos.

La población de YarraBend, que contará con Internet de alta velocidad, es concebida como una “comunidad inteligente conectada”. Mediante aplicaciones, además de conocer el horario de los transportes públicos y otros servicios, se accederá a una plataforma en la que se podrán coordinar los viajes en auto para que sean compartidos, a modo de disminuir el tránsito de vehículos. De hecho, habrá una reducida cantidad de vías para automóviles, ya que se les dará más lugar a las sendas para ciclistas y peatones, a la vez que se privilegiarán los espacios verdes.

La localidad, cercana a la autopista del este, está a cinco minutos a pie de la estación Alphington, desde la que se accede rápidamente al CBD. La Universidad de Melbourne, por ejemplo, se ubica a 15 minutos.

Dos imperdibles

Los atractivos de las afueras de Melbourne y sus cercanías resultan imposibles de describir en su totalidad en este artículo, pero hay dos en los que está más que justificado detenerse para detallarlos, ya que sería una gran lástima que un viajero que pase por la ciudad se pierda el santuario natural de Healesville –vendría a ser la cara salvaje– o la Great Ocean Road –un paseo inolvidable–.

Zoos Victoria es la organización que administra tres zoológicos en la región: Melbourne Zoo, Healesville Sanctuary y Werribee Open Range Zoo. Los tres espacios se enfocan en la conservación de animales y la lucha contra la extinción de la vida silvestre. Si bien los tres son reconocidos a nivel mundial, los expertos y los visitantes coinciden en señalar que el mejor paseo para estar cerca y ver diferentes animales –enormes canguros rojos, ornitorrincos, wombats, dingos, koalas– es el santuario de Healesville, que comenzó siendo un refugio para especies que sufrían accidentes en las rutas cercanas, entre ellos los demonios de Tasmania.

A una hora del Melbourne está la Great Ocean Road, una ruta sinuosa que recorre la fabulosa costa suroeste de Australia, uniendo las ciudades de Torquay y Warrnambool, ambas en el estado de Victoria y separadas por 273 kilómetros. Durante ese trayecto la carretera va subiendo y bajando a la vera del océano Antártico, pasando por pueblos pesqueros, playas de surf como Bells Beach, enormes acantilados, selvas tropicales, parques nacionales como el Otway y una innumerable cantidad de miradores para disfrutar de vistas maravillosas conectadas a la inmensidad de la naturaleza, como los Doce Apóstoles –unas rocas gigantes alejadas de la costa y talladas por el fuerte viento y el rebote de las olas–. La historia cuenta que, para construir la ruta, que está repleta de curvas, fueron necesarios trece años y se emplearon más de tres mil soldados que habían regresado de la Primera Guerra Mundial, lo cual también fue una forma de combatir el desempleo. La carretera se inauguró en noviembre de 1932 y fue dedicada a los soldados muertos en la guerra.

Datos útiles

Cómo llegar: desde Buenos Aires hay vuelos con una o más escalas (en Santiago de Chile, Auckland o Sídney) que demoran desde 19 horas con diversas aerolíneas como Air New Zeland, Qantas, Latam, KLM y Emirates.

Clima: es uno de esos lugares en los que sus habitantes bromean diciendo que si no te gusta el clima es cuestión de esperar diez minutos, una forma de expresar lo cambiante que pueden ser las condiciones climáticas, ya que es probable experimentar las cuatro estaciones del año en un solo día. En invierno la temperatura más baja puede oscilar en uno y dos grados bajo cero, incluso con alguna nevada ocasional, dependiendo de la zona. En verano es caluroso, con máximas históricas que han alcanzado los 40 grados.

Visa: Embajada de Australia en Buenos Aires (+54 11 6632-2059) o mediante un formulario on-line en el sitio www.argentina.embassy.gov.au

Recomendable: alquilar un auto (se maneja por la izquierda, como en el Reino Unido) para recorrer las afueras de Melbourne, sobre todo la Great Ocean Road y el zoológico de Healesville.

Paseos

-El santuario de Healesville está a una hora en auto desde Melbourne, en la región vitivinícola del hermoso Valle de Yarra. Es un placer manejar por las rutas que van pasando por pueblos pequeños, en medio de colinas verdes. También se puede ir en tours, que salen diariamente desde el centro de la ciudad, en su mayoría. Más detalles sobre este y los otros dos zoológicos en www.zoo.org.au

-Great Ocean Road. Se ubica a una hora al sureste de Melbourne. Se puede llegar en tren o en avión a las ciudades que están en los extremos de la ruta. También hay tours. En los 273 kilómetros de la carretera hay una gran cantidad de lugares en los que se puede parar. Entre los sitios más recomendados están Geelong (ciudad industrial, bodegas de vinos, grandes parques), Torquay (famosas playas de surf), Anglesea (playas para surf, canguros en un campo de golf), Lorne (para muchos el pueblo más lindo, con aire mediterráneo, belleza natural, punto más elevado de la ruta), Apollo Bay (playas para surf, pesca, buenos miradores), Parque Nacional Great Otway, Parque Nacional Port Campbell (Doce Apóstoles, London Arch y Loch Ard Gorge), Warrnambool (ballenas, faro, última ciudad de la ruta). Durante todo el trayecto hay una gran cantidad y variedad de cafés, restaurantes (se jactan de tener el mejor marisco de Australia) y alojamientos (desde campings y bed and breakfast hasta hoteles de lujo).

 

Más info en el sitio web oficial de turismo de Australia: www.australia.com/

Turismo en Melbourne: www.visitmelbourne.com

Valle de Yarra: www.visityarravalley.com.au