Nicole Neumann es una de las mejores modelos de nuestro país. No solo se destaca por su carrera, sino también porque es una fervorosa amante de los animales y de la naturaleza, y digna representante de lo que significa la responsabilidad social.

A los 12 años dejó a todo el país con la boca abierta y hablando de ella con la tapa de una revista. Más de 20 años después, esa nena que se pronunciaba con una belleza inminente se terminó convirtiendo en una de las mujeres más hermosas de la Argentina. Nicole Neumann no es solo conocida por su trabajo modelando las colecciones de los mejores diseñadores del mundo, sino también por su inagotable amor por los animales y por el cuidado del medio ambiente. Milita a favor de esto haciendo diversas campañas, también apadrina instituciones y hasta tiene una marca de bolsos y carteras ecológicos, libres del uso de cuero. PRESENTE le preguntó cómo combina ser una top model, una aguerrida luchadora por todo lo que tenga que ver con responsabilidad social y una madre full time. 

¿Empezaste tu carrera a los 4 años?

Comencé a hacer comerciales de chiquita porque una amiga de mi mamá le llevó unas fotos mías a una castinera. Hice publicidades de las muñecas Barbie, de Renault, y así seguí hasta que tuve 11 años. Fui a un casting, y un director me vio; como le daba más grande que una nena de mi edad, me preguntó si no se me había ocurrido modelar. En esa época era raro… creo que hoy también. Me parece que no volvió a salir otra chica de 12 años que trabaje de modelo. Lo escuché y le empecé a quemar la cabeza a mi mamá diciéndole que quería ir a una agencia y trabajar de modelo. Ella no quería saber nada, pero yo soy muy cabeza dura, caprichosa, escorpiana, y logré que me llevara, pensando ella que yo me iba a sacar el tema de encima. Creía que me iban a rebotar porque era muy chica. Obviamente no fue así, me mandaron a hacer un book de fotos que terminaron en la tapa de la revista Gente con el famoso titular “Sexy a los 12”. No lo pudimos ni pensar ni planificar, solo sucedió.

¿En qué momento decidiste que lo tuyo era el modelaje?

Las sesiones de fotos, la pasarela y todo eso me gustaron desde el primer día. Sabía que iba a seguir, que ese era mi pilar y desde ahí podía probar. Salió lo de grabar el disco [N. de la R.: se refiere a Primer amor, el único que hizo], muchas tiras en televisión o la película con Susana Giménez [Esa maldita costilla, 1999]. Hice todo eso, pero sabía que no iba a ser ni actriz ni cantante. Después, con los años, algo en lo que incursioné fue en la conducción. Eso me encanta y sí quiero seguir metiéndome, aprendiendo y mantenerme en esa línea.

¿Por qué se cortó tu carrera musical?

Me puse a estudiar un poco de canto, pero sentía que no era mi vocación, que no lo hacía bien ni iba a mejorar tanto como para volverme cantante. Fue una experiencia divertida. Tenía una edad en la que era perdonable. Después, uno va teniendo más uso de razón; tomás conciencia y decís “Esto no”.

Cuando empezaste a ganar dinero y no tenías ningún impedimento para hacer lo que quisieras, ¿qué fue lo primero que compraste?

Lo primero que hice fue comprarme la chacra para poder llevarme ahí todos los perritos que levantaba de la calle.

Alguna vez dijiste que tu lugar en el mundo era África, ¿por qué?

En realidad es porque me fascinan los animales. Una vez en un viaje hicimos un safari, me encantó y me quedó así, como un lugar que me alucina. Igual eso va cambiando siempre. En una época era Egipto, después Australia, y así.

¿Seguís teniendo miedo a volar?

Sí, es una fobia que nunca superé. Cuando agarraba el ritmo de volar más seguido, la llevaba un poquito mejor. Pero si pasa bastante tiempo en el que no lo hago y tengo que volver a subirme de vuelta a un avión, me agarra toda una angustia fuerte. Me da mucho miedo morirme. Tengo pánico a la muerte.

¿Es cierto que te gusta mucho cocinar?

Sé cocinar todo y te puedo hacer lo que quieras. Obviamente no lo hago todos los días porque no tengo tiempo. Me encanta cocinar, pero diría que es casi imposible. Ahora que empecé con el veganismo, lo que sí me hago mucho es la leche de almendras o un queso de castañas de cajú y nuez. También unos rolls que me enseñaron. Pero, por ejemplo, el otro día cenamos con amigos y amasé pizzas caseras.

¿Por qué decidiste hacerte vegana?

El día que inauguré el showroom de Nikka N., mi marca de zapatos y carteras, contraté un catering vegano. Un amigo de una íntima amiga mía también era vegano y me contó historias muy fuertes de por qué lo había hecho. Por ejemplo, la hermana de una amiga tenía un tumor en la cabeza y no quería hacerse quimioterapia y maltratar su cuerpo sus últimos años de vida. Empezó a hacer toda una investigación, se transformó al veganismo y con eso se le fue el tumor. No se hizo ningún tratamiento y se salvó. O este mismo chico del que hablé antes tenía diabetes y pesaba más de 180 kilos. Estuvo internado muy complicado, pero también investigó y se hizo vegano. Hoy su peso es de 74, corre 20 kilómetros por día y no tiene más diabetes. Evidentemente trae detrás un montón de beneficios supersaludables para el cuerpo. Ahora estoy muy metida y me gusta.

Es conocido el amor que tenés por los animales. Hiciste muchas campañas con PETA, la organización que lucha por los derechos de los animales.

Me convocaron ellos e hice campañas de antipieles y de vegetarianismo. PETA Latinoamérica lleva a cabo muy buenas iniciativas, lo que creo es que afuera hay muchísima más conciencia que acá. Recién ahora está empezando una movida grande de concientizar, de gente que se está moviendo con campañas más grosas al respecto.

¿Cómo tratás vos de concientizar a la gente?

Me parece que no hay que hacerlo con violencia. Trato de hacerlo desde otro lugar –como comunicarlo en Instagram–, de poner mensajes, de contar el porqué de una forma más pacífica. Por ejemplo, cuando hice la campaña con CQC en avenida Corrientes, la repercusión fue impresionante. Fue todo desde un lugar muy pacífico.

También colaborás mucho con otras asociaciones. Por ejemplo, en México lo hiciste con un hogar de niños. ¿Cómo llegaste a eso?

Cuando Fabián [Cubero, su esposo] viajaba para jugar o concentraba, como soy muy inquieta empecé a pensar qué hacer de mis días que fuera productivo. Averigüé sobre un hogar de niños para ir a colaborar. Allí estaban separados en edades y me metí con los de 0 a 6 meses, que son los que más necesitan que estés, que los abraces, que los atiendas. Éramos tres mujeres cuidando a 15 bebitos; cuando empezaba a llorar uno por hambre, seguían los otros. Cuando dormían la siesta, me iba con los de 1 a 3 años, que justo estaban en el horario de recreación, así que me ponía a mirar los dibujitos con ellos, y te abrazaban y se te sentaban a upa. Era simplemente ese contacto.

Sos madrina en un hogar de Exaltación de la Cruz.

No sabía que existía el hogar, y está muy cerca de donde yo tengo la chacra. Ellos sabían de mí y me acercaron una carpeta, y a partir de ahí, empecé a ayudarlos con lo que pudiera: conseguir ropa, materiales, donaciones. Todos los Días del Niño los festejamos ahí, en octubre se hace una comida para recaudar fondos en la que siempre estoy. Les consigo regalos para las rifas. A los más grandes los llevamos al club Vélez Sarsfield de excursión para que vean los entrenamientos, a ver a Adriana al teatro una vez. Tengo un amigo que tiene un hotel en San Bernardo y se fueron todos de vacaciones a la playa. Vinieron a mi campo, comieron hamburguesas, anduvieron a caballo. Les vamos armando programas.

Comenzaste el emprendimiento de Nikka N. junto con Fabián. ¿Cómo surgió la idea?

Es único en el país. Hay otro emprendimiento pero es muy chiquito. Siempre tenía esa inquietud. Unos amigos con fábrica de zapatos nos proponían hacer unos, pero yo no podía fabricarlos de cuero. En un momento dije que sí, pero como yo quería: carteras y zapatos de cuero sintético. Fabián me apoyó. A mí me encanta el diseño, la moda, entonces tenía mucho que ver con toda mi filosofía y mi gusto. Así nació y le está yendo muy bien, gracias a Dios. Estamos supercontentos.

¿Qué significa para vos el concepto de responsabilidad social?

Para mí es una forma de vida. Me nace. Lo vivo y lo siento de forma natural, y a veces no entiendo cómo otra gente no lo hace. Lo acepto, pero no puedo parar de preguntarme cómo no le surge naturalmente, cómo no le moviliza algo adentro. Me llama mucho la atención cómo el otro no percibe, no mira. Realmente no podría ir por la vida feliz y ver acá a los perros muriéndose y los chiquitos con hambre. No comprendo cómo no tienen ningún cargo de conciencia. A veces me cuesta pensarme feliz sabiendo que en otros lados la están pasando tan mal. Por ejemplo, Chloé Bello me dijo que me iba a contactar con gente en Londres para hacer una movida muy grande porque en Tailandia están cazando perros, o los roban de las casas de la gente, para usar su piel o comérselos. En ocasiones me tengo que poner un freno para parar y no sentirme mal por todo. Me debo conformar dentro de todo con lo poquito que puedo hacer, porque no me da para más. No puedo vivir infeliz y angustiada las 24 horas del día.

¿Qué hacés para cuidar el medio ambiente?

Toda la vida fui muy obsesiva con el cuidado de la energía, del agua, que se apague la luz en el cuarto en donde nadie está, cerrar la canilla mientras te lavás los dientes. Por ejemplo, cuando entro en los baños públicos de algún restaurante voy cerrando canillas. Me pone histérica. Eso se lo transmito a mis hijas. Separamos la basura, vemos qué es reciclable, utilizamos la bolsa verde. Las vuelvo locas con la limpieza en los espacios públicos. Si veo a alguien tirando un chicle en la calle, le doy el sermón de lo pésimo que es eso para el medio ambiente. Mi cartera y mi auto son un basural hasta que llego a mi casa, pero al menos estoy cuidando el mundo en el que yo misma vivo y el que le quiero dejar a mis hijas el día de mañana. En la playa vivo saliendo del mar con una bolsa, voy sacando todo.

Yendo a lo familiar, ¿pensaste alguna vez que te ibas a enamorar tanto?

Cuando lo conocí a Fabián yo estaba casada, pero en una crisis irremediable. Trataba de remar un matrimonio que veía que no iba. En el medio de esta separación, lo conozco, y traté de cuidar lo más posible la situación. Nunca me imaginé que me iba a enamorar tanto. Fui a trabajar en esa campaña en donde nos vimos por primera vez; no conocía a los jugadores y tenía cero fútbol en mi vida. No me olvido más de que estaba sentada frente al espejo, con los ruleros puestos, y los vi entrar. Hice un contacto visual, dije “Uy” y algo me pasó adentro.

¿Y después?

Mientras nos sacábamos las fotos él me hizo matar de risa durante toda la producción. No paraba con los chistes, no le importaba nada. Todo un personaje. Así se fue dando. Después me fue a buscar al teatro, empezamos a hablar por teléfono y era un amor de persona. Me enamoró.

¿Desde que sos madre notaste un cambio en la mirada de la gente hacia vos?

Desde que me convertí en mamá la gente descubrió otro lado mío. Al ser rubia piensan que sos fría, y encima tengo todos los rasgos germanos. Creo que la gente me humanizó un poco a raíz de la maternidad.

Varias veces dijiste que tenés muchas ganas de hacer un programa de entretenimientos.

Sí, pero que tenga que ver con la solidaridad. Mezclarlo con el entretenimiento pero con un fin solidario. Ese es mi ideal. Siempre hay alguna cosa dando vueltas, pero nunca se termina de cerrar. Ahora estuve conduciendo Todo verano por Telefe y seguramente hagamos Todo invierno, pero me parece que falta ese rubro.

¿Pensaste qué vas a hacer una vez que dejes de ser modelo?

Obviamente voy a seguir con Nikka, tratar de expandirme. El día de mañana me gustaría tener cosas nuevas, como, por ejemplo, ropa. Ir agrandando la empresa por un lado, y por otro creo que la conducción es un campo que voy a seguir a largo plazo.