De chico no hacía otra cosa que dibujar: creaba su propio álbum de figuritas, sus historietas, todo lo que se le viniera a la mente. A los 14 años publicó su primer trabajo y tres años más tarde ya vivía de esta profesión. Hoy es uno de los dibujantes argentinos más reconocidos a nivel mundial. Nik, un artista que con su talento y tenacidad creó un imperio.

Cristian Dzwonik, ese es el verdadero nombre del famoso Nik, el gran humorista gráfico de La Nación creador del infame Gaturro. Desde muy chico empezó su fuerte vocación por el dibujo, en parte por ser bastante introvertido y tener esa necesidad de expresarse, y también gracias a su abuelo materno (el Tata), que le estimuló su parte artística. A los 11 años ingresó en la escuela de dibujo de Carlos Garaycochea y Eduardo Ferro, y tres años más tarde publicó su primer dibujo en la revista Patoruzú. Para los 17 ya trabajaba como profesional en la revista Muy Interesante, de García Ferré, y después colaboró en la editorial Kapelusz, el diario El Cronista y otros medios. Cuando tenía 21 años ingresó en La Nación y comenzó su larga y prolífica carrera. Allí le dieron la chance de hacer una tira sobre un gato y su familia que se convertiría en un verdadero éxito. Gaturro trascendió las fronteras de la Argentina y se publicó en Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil, Ecuador, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, Panamá, Costa Rica y México. Llegó también a España, Francia, EE.UU., y se tradujo al inglés, al francés, al portugués y al castellano neutro. Además, se adaptó a distintos formatos, como el teatro, la televisión, el cine, y desde el 2010 acaparó el mundo digital con el sitio Mundo Gaturro. Son miles los productos que se han hecho con el personaje, que parece no tener fronteras. Charlamos con Nik sobre cómo fue todo el proceso para convertir a este gatito en un fenómeno a nivel mundial.

¿Cuántos años tiene Gaturro?

Tiene 22, lo que pasa es que en la primera etapa todavía tenía un poco de actualidad. Esa primera etapa se fue depurando y recién en el año 2000 queda depurado del todo. Aun así, las pocas tiras que quedan del 2000 las fui como redibujando, actualizando, porque, aunque las hagas universales, también se van poniendo viejas. A principios de siglo todavía hablábamos de que las computadoras eran anchas, había diskettes, Internet a través del teléfono. Todo eso lo voy modificando: los televisores los tuve que ir afinando, reemplacé antenas de televisión por parabólicas, agregué celulares. Se tienen que ir actualizando porque no quedan como una referencia histórica de hace 30 años, quedan como una antigüedad de hace 10 años.

Hiciste algo muy difícil que fue posicionar un personaje. Pocos lo han logrado.

A veces me pongo a pensar que tuve la suerte de poder haberme destacado en humor de actualidad y en personaje. No se da en muchos casos humoristas que se destaquen en ambas cosas, y además pude participar de programas de televisión, hacer libros. He estado en casi todos los programas, pero como tengo un perfil bajo se conoce más al personaje que a mí. Y eso está bueno, porque lo que quiero es que se lo conozca a él. Ir a la televisión o a la radio no es lo que más me gusta del universo, pero lo hago. Eso es mucho de tenacidad y de luchar contra el viento no tan de cola.

Una de tus características es que siempre tratás de modernizar la tira.

Recuerdo que de chico iba a la escuela de Garaycochea y veía muchos compañeros que se frustraban mucho ante las críticas. Se desanimaban, abandonaban; y eso lo vi a lo largo de toda mi carrera, con profesionales, con personas que eran muy rígidas y querían hacer solo lo que ellas querían. La época cambiaba y se ponía viejo lo que creaba; y una de las cosas que tengo es que siempre fui modificando. En los 90 había que hacer esto, en los 2000 lo otro, yo ya estoy pensando cómo va a ser el 2020. No era un especialista en mundos virtuales, pero me informé, averigüé, me metí. Voy cambiando, el personaje va mutando, va evolucionando. El Gaturro de principios de milenio no tiene nada que ver con el de ahora, ni el humor político es el mismo. Hay que tener un espíritu consistente, constante, no dejarte amedrentar, hay que aguantar en la trinchera, lo que les digo siempre a los chicos. La vida es un camino largo, y si vos estás seguro de lo que hacés, si vos insistís, eso a la larga va a funcionar. Después con más o menos éxito, no importa tanto, lo que importa es si vos te sentís bien con lo que hacés y si lo transitaste bien. Y después hay que ser pausado, me parece que todo debe ser así: meditado, pero al mismo tiempo pasional. Si tenés algo que decir, decilo. No te lo guardes.

¿Es muy difícil saltar de la gráfica a otro formato? A otros personajes no les fue tan bien.

Es que los que hicieron lo mismo eran personajes más pensados para adultos. Por ejemplo, ni Isidoro Cañones ni Inodoro Pereyra, o Boogie, el Aceitoso, estaban pensados para chicos originalmente. También era otra época de la historia, y es verdad que los chicos de hoy tienen otro protagonismo. Lo vemos en la sociedad, lo hogares se construyen a partir de ellos, a diferencia de hace 30 o 40 años. El niño es el protagonista de la casa y esta se arma en función de su colegio, del horario en el que come, de la salida del fin de semana, de la tarea extracurricular, de lo que quiere. Y los padres ven con buenos ojos, en esta invasión de lo digital, que ellos tengan esta cercanía con la historieta, con la lectura, con los colores, con las formas. Y después, por supuesto, Gaturro tuvo tanto éxito en la gráfica que el paso de saltar al mundo virtual era lógico e inevitable. Ya en 2007 o 2008, con el auge de las redes sociales en los adultos, con Facebook y Twitter a la cabeza, era obvio que los chicos iban a necesitar su propia red. Y como ellos no pueden tener una abierta como los mayores, desarrollamos Mundo Gaturro, que es como un mundo virtual en donde tienen su propio avatar, no aparecen fotos ni nombres propios, usan seudónimos, pueden dialogar entre ellos, todo está moderado, hay mucho control y, por ende, están protegidos.

¿Cuántos chicos hay en la comunidad?

Hay más de 15 millones, contando toda Latinoamérica, no solo la Argentina. Calculamos que casi todos los chicos de nuestro país en algún momento pasaron por el sitio, porque también entran y salen, ¿no? Tienen entre dos y tres años en que pasan y después siguen a otra cosa. La Argentina es el país en el que más penetración tiene, pero en todos los países limítrofes funciona muy bien. En Brasil se desarrolló la versión en portugués, estamos haciendo otra para España y otra más neutra para el resto de Latinoamérica. Es el mismo sitio, solo que con los diálogos y todo el texto modificado.

¿Qué debe tener un personaje para que sea un éxito?

Es que cada personaje es único e irrepetible. Después está el sesgo del autor, que tal vez quiera hacerlo más para un nicho específico. O hay algunos que se van más para el lado de los adolescentes, otros son demasiado adultos y dejan a los chicos afuera. Lo que traté de hacer siempre, desde chico, era imaginarme una tira que me gustaría leer a mí. Como a veces no encontraba eso en las publicaciones que había, me ponía a dibujar, a bocetar y a escribir. Hoy en día sigo manteniendo esa idea de hacer una tira que sea para todos: para el chico que fui y para el grandulón que soy ahora. Esa mezcla de visiones hace que la tira sea más para un lector universal.

Algo que incluya a todos…

Claro, un chico la puede leer, pero también un adulto, y no se aburre. Trato de tirar para arriba siempre, a veces está bueno que un chico no la entienda y tenga que ir a preguntarle al papá ciertos temas. Aunque siempre intento hacer historias que sean amigables para los nenes y que tengan mucho gancho como para que sigan leyendo. Que tengan continuidad, igual que con los personajes que van a pareciendo –que son como 50 o 60–, todo eso hace que los más pequeños lo vean familiar y como de su propia familia o su propia mascota. Es como si fuera el amigo que quisieran tener. Y después está el tema de la humanización de Gaturro, ya que es una mascota, pero parece más un chico. En esa familia en donde están el padre, la madre y los dos hermanos, él es como el tercer hijo.

Desde que tuviste la ilusión de empezar a dibujar hasta eso hay todo un mundo. ¿Pensaste alguna vez en llegar hasta acá?

Se llega de una forma natural. Primero el personaje tiene que ser conocido y popular, y todo eso llevó más de diez años. Lo que se ve ahora es el resultado de casi dos décadas. Todo llegó en la última etapa como producto de que el personaje era divertido, estaba instalado, los libros y demás. Después aplicarlo en una hamburguesa, en una silla o en una mesa no es tan complicado. En general, para que las cosas salgan bien, tenés que estar metido.

¿Todos los productos los ideás vos o te acercan los proyectos?

En todo lo importante estoy metido cien por cien. A mí lo que me importa mucho son los libros. Como diseñador gráfico que soy, más autor, diseño desde las tapas hasta el interior. Estoy muy pendiente de todo el contenido. Creo que un poco el éxito de Gaturro también es por estar muy arriba de todo lo que dice, seleccionando las tiras, depurando las flojas y dejando las buenas. Y con respecto al merchandising, hay productos que me interesan mucho, como por ejemplo los que son más cercanos a los juguetes. Soy fanático de LEGO, de Rasti, todo ese tipo de cosas. También diseño las cajas, los productos, y después hay otros más genéricos como cajitas, luncheras, mochilas, en donde ahí simplemente se aplica un diseño y no hay que estar tan encima. Pero sí por lo menos en todas las reuniones iniciales estoy, bocetamos, tiramos ideas y aplicamos. Después cuando vienen productos importantes de consumo masivo enorme, como por ejemplo toda la línea de Yogurísimo, de La Serenísima, que estaba en todas las bocas de supermercados, hay que hacer dibujos especiales para cada envase. Hay muchas otras cosas que no salieron nunca, como los vasitos de Starbucks; muchas pruebas que voy haciendo. En MundoGaturro.com, una vez por semana nos reunimos y después hay un pequeño ejército de programadores.

¿Cómo te llevás con las redes sociales? ¿Te molesta si te insultan o te agravian?

Me parece que es la lógica de esos sitios. Cuanto más te putean, significa que tu trabajo tiene más peso y relevancia. No conozco a nadie que esté en las redes sociales y sea elogiado por todo el mundo. No existe. Porque además allí las personas son casi anónimas, pueden poner cualquier foto o seudónimo, y así te animás a decir cualquier barbaridad. Entonces es lógico que salga lo peor de las personas. Por más que yo ponga un gatito, saben quién soy, me conocen, está certificada mi cuenta. Es como el tipo que en el medio de una multitud en un recital tira una piedra, no es muy de piola eso. Pero está bien, además igual siempre prefiero ese tipo de libertad a no tenerla. A veces veo gente que se embronca o se pone triste, y trato de explicarle que no hay que darle importancia a ese medio. Las cosas importantes son otras: los hijos, los afectos, desarrollar la vocación, ser feliz…

En tu cuenta de Twitter lo tenés a Gaturro como avatar, ¿no es algo contradictorio hacerle “decir” a un personaje para chicos cosas tan políticas? Porque tus tuits, al menos con el Gobierno anterior, a veces eran bastante duros.

Sí, me han dicho muchas veces que debería separar a Gaturro de eso. Pero bueno, está como instalado así, no siempre los tuits tienen ese nivel de actualidad. Si hiciera un Twitter de Gaturro y otro de actualidad, no sé si tendría tiempo para estar en todos lados, ni tendría tantos seguidores ni en uno ni en otro. No me puedo desdoblar tanto. A lo mejor los días en que hago tanta política debería poner mi foto y sacar a Gaturro, porque es verdad que a veces puede parecer fuerte el tuit y que esté la cara del personaje ahí. Gaturro ha demostrado que pasó por los chistes de actualidad: estuvo en la cabeza de un presidente, siempre por ahí y mirando todo como de costado, como si fuera ese inconsciente colectivo que tenemos. Yo me siento un poco Gaturro, como esa persona que está de costado mirando, analizando. La mayoría de las veces hago cosas divertidas como él y cada tanto nos salta la térmica y tiramos algún tuit más fuerte. Nos pasa en la vida a todos. Y Twitter es un poco eso, lo espontáneo, lo que no tiene filtro.

Evento solidario que hay, estás.

Me encanta. Voy siempre cargado de bastidores, pinturas. Participar, tener la suerte de que te inviten. La vida me dio la suerte de poder hacer muchas cosas diversas [ver recuadro].

¿Alguna vez te pasó de sentarte a trabajar y no saber qué hacer?

Por falta de material no, acá en la Argentina es imposible que te pase. Sobra material para los chistes de actualidad. De hecho, sobraba tanto que empecé en Twitter porque por día tenía como diez cosas para poner. Y esa red social me sirve como un medidor de chistes. Tiro diez y veo cuál pegó más. Eso me sirve también para medir la temperatura ambiente del clima político. Creo que nunca me voy a quedar sin nada que decir.


TODO SOLIDARIDAD

Nik es uno de los artistas que más colaboran en eventos solidarios. Gaturro es un personaje emblemático y sirve muchísimo para realizar campañas o movidas, junto con fundaciones y ONG, en favor de la salud infantil, los derechos de los niños y la promoción de la lectura. Entre sus colaboraciones figuran las que hacen con Unicef, la Fundación Leer, Save the Children, Fundación Temaikèn, Fundación Don Orione, Coas, Fundaleu y Fundación La Nación, entre muchísimas otras.