Directo, pero de bajo perfil. El Ministro de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, Julio De Vido, habló con PRESENTE sobre su carrera, sus proyectos y el actual desarrollo energético en la Argentina.

El motor y la energía que movilizan el espíritu de todo ser humano es la pasión. Julio De Vido, actual Ministro de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, lo sabe muy bien. Desde hace más de una década, trabaja sin cesar en las que considera sus dos pasiones: la arquitectura y el servicio público. Como toda persona que emprende una carrera tan intensa como la política, ha tenido que sortear y superar obstáculos y barreras, transitando a través de tormentas y de amaneceres luminosos, los cuales en ningún momento han aminorado su entusiasmo. En este momento, estamos sentados frente a él, en su oficina ubicada en la calle Hipólito Yrigoyen, listos para emprender una larga y distendida charla con uno de los hombres anclas de la era “K”.

¿Qué lo motivó a dejar la arquitectura y a dedicarse de lleno al servicio público, específicamente a la política?

La verdad es que siempre hice las dos cosas. Tenía mi actividad profesional por un lado y hacía política por el otro. En los 90 estuve en el Instituto de Vivienda de la Provincia de Santa Cruz, fui Presidente de Vialidad Provincial y luego Ministro de Economía con Néstor Kirchner, también en Santa Cruz. En realidad era Economía y Obras Públicas, por eso digo que nunca dejé la arquitectura. Luego fui Ministro de Gobierno desde 1999 hasta 2003. En esa etapa podríamos decir que estuve muy vinculado al proceso de obra pública e infraestructura de la provincia. Y desde el 2003 en adelante, arranqué con Planificación, Inversión Pública y Servicios. Esta área también está a cargo de Obras Públicas y de toda la dirección nacional de arquitectura, como, por ejemplo, los museos, los patrimonios históricos, etcétera. En este momento, estamos trabajando en el Centro Cultural Néstor Kirchner, una obra en la cual estoy muy orgulloso de participar y que sigo muy de cerca. A fin de cuentas, nunca tuve que dejar la arquitectura. Quizás no soy el típico arquitecto que está trabajando en un estudio con el AutoCAD o con el tablero viendo planos. Sin embargo, de una u otra forma, siempre me he dedicado a mi profesión.

¿Qué es para usted la política: una profesión, un estilo de vida o una pasión?

Sin duda una pasión. Los otros puntos también pueden encuadrar dentro de la definición, pero lo que tiene que primar es la pasión por hacer las cosas. Pasión y el diseño de herramientas, proyectos y programas para tratar de mejorar la vida de la gente. Por lo menos, esto es lo que siempre dice el peronismo.

Y desde los tiempos en los que participaba en la juventud peronista, ¿vislumbraba esta extensa carrera?

En realidad, si uno lo toma en términos objetivos, no imaginaba todo esto. En términos subjetivos, sí, porque era lo que yo quería hacer; quería trabajar en la generación de inversión pública en función de la infraestructura y ahí con el expresidente Kirchner, y después, con Cristina, encontré una manera de canalizar lo que era mi vocación. Acá tenemos el lema de hacer las cosas y no esperar que ellas o que el reclamo avancen, sino ir por el reclamo y, de esa manera, resolverlo. La política es eso: es articular la agenda de la gente de acuerdo a sus necesidades y poniendo para eso los recursos del Estado al servicio de esas necesidades y de los objetivos de la sociedad. Siempre ha sido nuestra misión y, por lo mismo, desde que comenzamos a trabajar en política, nunca bajamos los brazos.

¿Cómo ha enfrentado los obstáculos que una carrera como esta pone en el camino?

La clave está en conformar buenos equipos de trabajo en donde prime un sentimiento político en común. Es imposible que dentro de un grupo humano estén ciento por ciento de acuerdo, pero que haya un denominador común es muy importante. Después obviamente es importante también trabajar en la relación del equipo. Néstor Kirchner siempre decía que la política no era un club de amigos. Pero creo que hay que fomentar la relación humana dentro de los integrantes del equipo y, por supuesto, saber liderar y administrar las pulsiones, las tensiones, las contradicciones y los afectos que se producen en cualquier grupo humano que interactúa 12 o 14 horas por día durante 14 años. La idea es potenciar y generar sinergia en el equipo, en función de los objetivos del proyecto.

RESPONSABILIDAD Y SOCIEDAD

Cuando le mencionan el concepto de responsabilidad social, ¿qué es lo primero que se le viene a la mente?

Hace unos meses participé en el Primer Congreso Internacional de Responsabilidad Social, que organizó mi mujer (Alessandra Minnicelli) en conjunto con la Fundación Observatorio de Responsabilidad Social (FONRES). Yo concurrí como un asistente más y tuve la posibilidad de participar en un panel junto a otros ministros. Creo que lo que más claro quedó en ese congreso es que la RSE no pasa solamente por un empresario que quiere resolver su problema de balance social. Lo que quiero aclarar es que la responsabilidad social pasa por todos, no es RSE, sino que todos los estamentos de la sociedad y desde el lugar en que cada uno le toca estar y trabajar tiene que pensar en el otro. Un poco lo que dice la Presidenta: “La patria somos todos”. En sociedades tan interactivas como la nuestra, lo que uno hace influye sobre el otro. Desde sacar o no el auto a la mañana para ir a trabajar, o ir en bicicleta o caminando. Ya prender el auto implica una situación de contaminación. Creo que hay que buscar un esquema de trabajo en donde se integre a todos los sectores de la comunidad.

¿Qué rol debe adoptar el Estado dentro de este esquema?

Nosotros creemos que el Estado debe tener un papel preponderante en todas las actividades estratégicas que regulan la vida y el funcionamiento de la sociedad. Porque si no regula el Estado, regula el mercado. Y el mercado regula en función de los que ofrecen bienes y servicios, no de los que los demandan. Es todavía muy incipiente la organización de los consumidores, han tenido en algunos casos fuertes niveles de politización. Que no digo que esté mal. Pero creo que el Estado no puede estar ausente, porque estar fuera de la política hace que vivamos en instancias que no son plenamente democráticas.

Desde el ministerio que lidera, ¿se desarrolla algún programa específico de responsabilidad social?

Tenemos un programa de control de mejora de gestión permanente, en él gestionamos y controlamos obras y servicios que siempre beneficien a la comunidad. Todo se mide en términos de la masividad de la solución. Creo que es el mayor aporte que hacemos. Después tenemos proyectos derivados de la televisión digital abierta, como por ejemplo el Plan de Igualdad Cultural, que permite que la cultura se lleve a todos los rincones del país y que esos rincones, por más alejados que estén, puedan ser vistos por el resto de los 40 millones de argentinos; la creación de los núcleos de acceso al conocimiento, un proyecto que permite y se inscribe en el ámbito de cada municipio. Para nosotros, los municipios son los hacedores y ejecutores de la descentralización. Asimismo, el Estado tiene el Plan Argentina Conectada, mediante el cual se les entregan computadoras a los chicos con las que pueden acceder al lenguaje tecnológico que ofrecen y usarlas también para aprender en la escuela, inclusive pueden serles útil a su entorno familiar, que no tiene acceso a este tipo de herramientas. En otras palabras, toda la actividad del ministerio está inmersa en una fuerte presencia de responsabilidad social, la cual comprende un exhaustivo seguimiento a todos los proyectos que llevamos adelante.

¿Hay algún logro en particular que superó sus expectativas?

Sí. La terminación de Yacyretá, que se inauguró a costa plena el 25 de febrero de 2011, y de Atucha II, que estamos inaugurando en estos días. Ya estamos haciendo las pruebas finales, la carga de combustible, etcétera. Hay que tener en cuenta que fueron obras que estuvieron 14 años paralizadas. En el caso de Atucha II, gran parte de este proyecto se llevó adelante con tecnología nacional. Hoy podemos decir con orgullo que esta central nuclear cuenta con un 75% de participación de tecnología y conocimiento argentino. Para mí, son los dos hitos más importantes. Por supuesto que la construcción de un millón de viviendas también es un logro para destacar. En fin, así como esas, hay muchas más.

EL PODER DE LA ENERGÍA

Sabemos que en la Argentina el tema energético genera mucho debate, sobre todo por los costos que implica. Con respecto a esto, ¿cuál es su opinión sobre la utilización de energías renovables o sustentables?

Incorporamos el plan de energías renovables, tanto eólica –que es la que más volumen de megavatios ha incorporado– como fotovoltaica. Sobre esta última, incorporamos en San Juan 5 megavatios (por ahora en forma piloto) y vamos a ir por una de 25. Antes de su accidente, el Gobernador de la provincia, José Luis Gioja, firmó un acuerdo con la Presidenta para la fabricación de paneles solares que tienen contemplado proveer de energía a toda la región. También estamos trabajando con energía hidráulica y con biomasa, o sea todo lo que es el desperdicio de madera que se utiliza en la producción de papel. En materia de biocombustibles, la Argentina producía cero toneladas de biocalor y cero de biodiésel. Hoy estamos cerca de los dos millones y medio de toneladas por año. Somos el primer exportador del mundo de biodiesel.

¿Y por qué tanto cuestionamiento sobre la parte energética?

Más que cuestionamiento, primero hay presiones. Hoy en generación y transporte de energía estamos muy bien; en distribución, cuando las temperaturas suben, todavía hay algunas situaciones traumáticas, pero son traumáticas porque también hay un crecimiento en el consumo. Hubo cortes producto de esta ola de calor y generalmente se producen en barriadas tal vez de clase media, que son los que se han incorporado al consumo más recientemente. Las instalaciones estaban diseñadas para casas que tenían un solo aire acondicionado o no tenían. Ahora tienen dos o tres. Pero no es una crítica, estamos alegres, es lo que habíamos planteado como desafío, que la gente consumiera más. Sabemos que muchas personas sufren por los cortes y reclaman, y tienen toda la razón. Pero hay que tener en cuenta que en 2004 el pico de consumo era de 14.000 megavatios, y hoy es de 24.000. O sea, en diez años generamos 10.000 megavatios.

Por último, y para cerrar esta conversación: ¿cómo le gustaría ser recordado?

Por lo que hice. Por las obras que llevamos adelante. Y por la palabra HACER más que nada, hacer y no figurar. Que digan: “Esta obra la hizo el equipo de Julio”. No soy de hacer grandes discursos ni grandes notas. Agradezco por un espacio como este, porque lo ayuda a uno a reflexionar, pero mi tarea es hacer. Cuando Néstor me invitó en 2003 para integrar el equipo de Gobierno, me habló de eso, de hacer, hacer y hacer; y Cristina me lo recuerda permanentemente.