Pedro Robledo es el Subsecretario Nacional de Juventud y uno de los referentes máximos de los jóvenes cuadros políticos del Pro. ¿Quién es este veinteañero que sueña con abrir Casas del Futuro en toda la Argentina?

Es madre y está feliz, chocha de que su sexto hijo, ese que boyaba en el punto medio entre los grandes y los pequeños de la familia, esté allí, sentado en primera fila, a unos pocos metros del Presidente de la Nación Argentina. Hoy, acá en avenida Chivilcoy 3301, en el barrio de Villa Devoto, Mauricio Macri, de pie ante cientos de jóvenes, lanza el Plan Nacional de Juventud e inaugura oficialmente la primera Casa del Futuro. “Que no está escrita la historia. La van a escribir ustedes, en cada lugar, en cada momento, en la forma en que ustedes se dediquen, en la convicción y en la fuerza interior que tengan”, proclama el líder del Pro, y a ella se le infla más el pecho de orgullo por su hijo Pedro. Él aplaude y muestra todos los dientes, está alegre como nunca antes. Un tipo que, casi recién salido de la adolescencia, ocupa un puesto de relevancia en el partido del Gobierno, desde donde se proyecta como la imagen joven del Pro. Claro, su cargo lo posiciona naturalmente bajo la lupa, siendo criticadas, para bien y para mal, cada una de las acciones que toma. Hace poco le tocó bailar con la más fea, pues tuvo que afrontar una serie de despidos de personal de su área a cargo del Ministerio de Desarrollo Social, dirigido por Carolina Stanley. La vida de Pedro no fue fácil, tampoco la más difícil del planeta. Pero en rigor, sabe lo que es hacerse valer y crecer desde abajo. Se puso a trabajar a los 12 años en un teatro de la avenida Corrientes para ayudar a sus padres a mantener la casa para no ir a parar debajo de un puente. Hasta ese momento, su vida había sido otra, de colegios pagos en San Isidro y cierta tranquilidad económica. Pero aquello es un recuerdo remoto. La madre lo observa y se cruzan la mirada, es que la felicidad los abraza en cierto objetivo alcanzado.

Muchos se preguntan quién es Pedro Robledo, por eso, desde PRESENTE decidimos venir a visitarlo a la Casa del Futuro, un emprendimiento destinado a quienes tienen entre 15 y 24 años que busca ayudar a los jóvenes a acceder a un estudio y a un empleo. Proyecto que buscará replicarse en distintos puntos de la Argentina, según anunció el Presidente acompañado por un ingeniero riojano de 30 años que vendía sándwiches en una estación para poder pagarse su carrera. Esta casa en la que el entrevistado sale a recibirnos está dirigida por un equipo interdisciplinario que brindará talleres gratuitos de expresión artística, idiomas, capacitaciones en oficios tradicionales y digitales, actividades culturales y práctica de deportes. Aquí también tienen pensado brindar clases de apoyo escolar, orientación vocacional y charlas sobre sexualidad, violencia y adicciones. Hace dos años, uno de sus mayores anhelos era convertirse en presidente de la Argentina. No obstante, el paso del tiempo y las experiencias que le ha dado la vida han ido aminorando este deseo. “El trabajo de presidente es aburrido”, confiesa entre risas. Reconoce que lo suyo es el trabajo social, la gestión y estar en terreno con la gente. Por eso, su principal objetivo en diez años es convertirse en el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

Pedro Robledo es apasionado, quizás en su manera de afrontar cada debate está latente ese ímpetu juvenil que ilustra que aún queda camino por recorrer. Él es el primero que evidencia en sus respuestas que está para escuchar y corregir si es necesario. Esa es una virtud de la inteligencia.

¿En qué momento de tu vida sentiste que lo tuyo era la política y el servicio público?

Comencé a trabajar desde muy chico. Cuando tenía diez años, escuché a mi padre decirle a mi madre que había perdido su trabajo y que nos iban a rematar la casa. En un mes estaríamos todos viviendo en la calle. Tuvimos que cambiar todos de colegio. Mis hermanos iban a El Buen Ayre y Los Molinos, y yo al Juan XXIII, todos colegios tradicionales de San Isidro. Y terminé pasándome a la escuela pública N° 4. Mi padre trabajaba como Gerente en el Banco Mariva hasta que hubo una fuerte reducción de personal y se quedó sin trabajo. Entonces, para mantener a sus diez hijos (yo soy el sexto), se reinventó como una suerte de handyman, realizando trabajos de plomería, carpintería y electricidad; mientras que mi madre horneaba tortas y las vendía. Pero todo aquello me marcó positivamente. Desde ese momento fui consciente de que debía trabajar para ayudarlos. Un par de años más tarde, conseguí un trabajo en el Teatro Nacional, en la comedia musical Tanguera, de la bailarina Mora Godoy. Fue ahí, en pleno centro, a metros del Obelisco, que viví la crisis de 2001. Trabajaba de martes a domingos, regresaba a las cuatro de la tarde de la escuela y, a las cinco y media, me tomaba el colectivo 130 para ir al teatro. Volvía a la una y media de la mañana todos los días. Eran épocas en las que el país estaba explotando y nosotros estábamos en el ensayo general porque debíamos estrenar la obra el 8 de enero. Ahí sentí por primera vez que desde el lugar donde sea, si te involucrabas en algo comunitario y público, algo podía cambiar para mejor.

¿Te imaginaste alguna vez que ibas a estar liderando a la juventud dentro de un espacio político de gobierno?

No es fácil involucrarse en política y menos aún cuando no tenés contactos ni dinero. Además, si consideramos que el Pro se conformó desde sus inicios como un partido más conservador, más de derecha, desde mi condición de homosexual tuve que librar una batalla ideológica desde adentro. Salir electo en todas las provincias como Presidente de la Juventud no me lo hubiese imaginado jamás. Recuerdo que decían “Pedro Robledo, el joven gay del Pro”, no “Pedro Robledo, el que lee libros y juega al pádel”. No resulta inocente que tomen ciertas cuestiones de la vida personal para caracterizar a la persona. Pero todos esos prejuicios los tuve que ir dando vuelta a través de mi trabajo.

 ¿Recordás algún momento de tu carrera que te haya provocado gran emoción?

El viernes fue un día muy emocionante porque lanzamos junto al Presidente Macri el Plan Nacional de Juventud. Ver a mi madre orgullosa del trabajo que habíamos hecho me emocionó muchísimo. Otros momentos que me impactaron fueron la primera vez que me invitaron a hablar en la Universidad de Harvard, la visita a Su Santidad Francisco, también cuando tuve que hablar, hace dos semanas, con autoridades del Banco Mundial, en representación de América Latina. Y luego, están esas emociones diarias de poder acercarte a los más necesitados, darles una mano, cambiar un poco sus vidas. En nuestro Ministerio juega mucho el corazón, el compromiso es muy grande, acá no apagás la computadora y te olvidás. Para nada. Un expediente que no sale es una familia que no come o un club en el que los chicos no van a poder ir a jugar y a hacer deporte.

¿Te indigna la miseria, la injusticia, la falta de humanidad que en ocasiones parece tener la política hacia las urgencias de la gente?

La tragedia de Once resume en un solo hecho todo el mal que la política puede provocar cuando la codicia personal destruye el presente y el futuro de mucha gente. Hace unos días visitamos uno de los barrios más pobres de Tucumán, donde 100 familias estaban viviendo sobre un basural. Hacía tres años que la gente del CONICET le venía pidiendo al Gobierno que hiciera algo. Bueno, en 48 horas fuimos y limpiamos todo el basural, les pusimos una plaza y construiremos en breve un club. Un comedor o un club no es un número más. Tengo a cargo a 600 personas, trato de llevar a la gente que trabajo conmigo, que me acompañen, porque quiero que entiendan que cuando completan un formulario y le dan enter, hay una familia o un desarrollo productivo, entonces deben poner un sentimiento especial a cada expediente. El sistema está hecho para enfriar el corazón de los políticos; si te metés en esa vorágine, dejás de tener tus pies sobre la tierra. Te convertís en un robot que baja, corta la cinta inaugural de una obra y te vas sin verlos a las caras.

¿Cuáles son tus momentos de reflexión?

Cuando estoy solo, tirado en el sillón de mi casa, mirando desde el balcón, antes de acostarme. Duermo poco. El domingo también pienso bastante porque estoy solo, es el momento que más disfruto, estoy tranquilo. Luego, para nutrirme de ideas, me gusta escuchar a referentes de todos los temas, intercambiar puntos de vista, compartir mesas de encuentro, un intercambio cultural. Me gusta el debate franco y reconozco cuando me equivoco. Trato de hacer viajes relámpago, meterme en los pueblos, en la profundidad de cada lugar.

¿Cuándo fue la última vez que te sometiste a un buen debate?

Lo hago todo el tiempo, en cuestiones administrativas con mi equipo. Las ideas son permanentemente debatidas, muy pocas veces tomo una decisión solo. Mi fortaleza es que me entrego a las manos del saber individual de cada persona. Soy muy respetuoso del conocimiento del otro y sería una falta de respeto tratar de corregirlo o cambiarlo.

¿Cuáles son, a tu criterio, las principales problemáticas que aquejan hoy a la juventud argentina?

No creo que las problemáticas sean estrictamente de la juventud, para mí son generales, aunque quizás en la juventud es en donde pueden permear de una manera más intensa, como por ejemplo el desempleo. Aunque este problema atañe a todas las edades, dado que el mundo no está generando empleo. Existe un gran problema y es que las generaciones anteriores no pueden asegurarles el futuro a los más pequeños, prometerles un proyecto de vida. Cuando estás en condiciones de vulnerabilidad, cuando son los padres los que están metidos en la droga, sin comida, sin educación, no pueden brindarles a sus hijos las condiciones necesarias para crecer y desarrollarse.

¿Cuáles son los temas que más les interesan a los jóvenes?

Equidad de género, el respeto de los derechos humanos, el medio ambiente, inclusión de las minorías, una economía sustentable y social. Los jóvenes valoran más lo comunitario que lo personal, hay un sentimiento de mayor compromiso con lo general y no pasar por encima del otro por un deseo personal. De hecho, en las elecciones primó el liderazgo comunitario.

¿Cómo es tu aporte hacia el Poder Ejecutivo?

Me reúno dos a tres veces por semana con la Ministra de Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley. También sigo los temas de agenda con Marcos Peña, Jefe de Gabinete de Ministros de la Nación; y con el Presidente Mauricio Macri, cuando la situación lo amerita.

¿Cuál es tu visión de estos primeros meses de gobierno?

Como positivo, una nueva cultura de la política, la cultura del diálogo entre las fuerzas opositoras generó un clima de mayor tranquilidad, menor alteración, antes todo se daba bajo ciertas posturas de enemistad, parecía una cuestión de hinchadas de clubes, unos contra otros. El Presidente logró un buen diálogo político porque mejoró la institucionalidad y el debate público.

¿Qué significa para vos el concepto de responsabilidad social?

Para mí todo lo contrario a la teoría del derrame que arrasó en distintos puntos del mundo, que la economía no son meras intenciones, sino que es acción. Hay que darles una vuelta de rosca a esas empresas internacionales para que vengan a invertir en nuestro país y faciliten mayores oportunidades para los sectores más vulnerables.

¿Cuál es tu proyecto concreto a largo plazo de gestión política?

La construcción de las Casas del Futuro a nivel país. Estoy tratando de darles una vuelta más para poder tener un programa de impacto masivo nacional y premiar “el ejemplo”. Tengo una idea, premiar a los mejores 100 promedios de 100 escuelas públicas del país con un acompañamiento o beca de 140 mil pesos a cada estudiante para garantizarles el ingreso seguro al sistema universitario. Si bien la universidad es pública, un estudiante de Arquitectura necesita 4500 pesos de materiales para estudiar. Tenemos un programa, llamado “Acá Estamos”, con el cual queremos contar la historia de 30 jóvenes que viven en la Argentina, que rompen con el paradigma de que la juventud está perdida, jóvenes que son un ejemplo, muchas historias que queremos premiar. Queremos lanzarlo a fin de año.

¿Qué es lo que te propusiste y no pudiste concretar aún?

Me gustaría que la gestión sea más rápida, pero no le dejo pasar ni una a la administración pública, no con este grupo de la Juventud, no transo con nada, me decían que estaba loco cuando propuse hacer las casas en el último pueblo de la Puna y en Ushuaia.

 ¿Creés que los argentinos somos socialmente responsables?

Somos solidarios, nos sale la argentinidad ante una situación de emergencia, pero no hay una estructura social o empresarial organizada. Falta una vuelta de tuerca, un poco más de distribución de la riqueza; hacer una cena una vez al año para juntar fondos para un hospital es una acción valorable, pero el sol no se puede tapar con la mano.