Este año se celebra el décimo aniversario de la llegada de la Fundación Make a Wish a la Argentina. La ONG ya cumplió 4200 sueños de niños enfermos de todo el país y va por más. Su presidente, Mónica Parisier, nos cuenta cómo trabajan para convertir cada deseo en una realidad.

Las oficinas de Make a Wish Argentina parecen propias de un cuento de hadas. La sede de la filial Argentina está ubicada en el paquetísimo Hotel Alvear. En la suite que Mónica Parisier cede a la fundación desde hace una década, se respira optimismo y buena energía. Allí trabajan varias mujeres, focalizadas en hacerles la vida más agradable a niños enfermos y a sus familias. Este es el gran motor para Make a Wish, cumplirle el sueño a un chico para mitigar su dolor y, por qué no, darle más vida a sus días. “Ahora, por ejemplo, tenemos uno que pidió un molino. Tiene 8 años y leyó El Quijote cuatro veces. Entonces, quiere abrir la ventana de su cuarto y ver el molino girando. Cada chico es una historia, su sueño y su familia”, cuenta la presidente y board member de la ONG. Por esta razón, Parisier y sus colaboradoras trabajan incansablemente. Organizan tés, galas y todo lo que sea necesario para recaudar fondos que permitan concretar cada deseo. Un reciente ejemplo de ello fue la exposición SoñARTE, Sueños Pintados, en el Paseo de las Artes del Palacio Duhau, del Park Hyatt. Esta muestra –que ya va por su 6.a edición– incluyó la subasta de las obras de 45 artistas que donaron el 100 % de su producción, entre ellos Milo Lockett, Romero Brito, Inés White y Marta Minujin, además de la edición del catálogo de SoñARTE. El evento, al igual que cada una de las acciones que organiza la fundación, fue un éxito y el vehículo para financiar los 15 sueños que la filial argentina cumple semanalmente. Porque lo que un niño quiere, el equipo de Make a Wish lo consigue. Parisier supervisa personalmente cada historia y todos los detalles a la hora de concretar el gran momento. Los chicos que pueden gozar de este privilegio son aquellos que están transitando una enfermedad y cuya edad está comprendida entre los dos años y medio y los dieciocho.

Usted es arquitecta. Sin embargo, dejó su profesión y hoy se dedica exclusivamente a Make a Wish. ¿Qué la llevó a tomar esta decisión?

Trabajé mucho como arquitecta. Incluso desarrollé la discoteca Hippopotamus; así conocí a mi marido. Pero ya está, es otra etapa que, definitivamente, me sirvió para Make a Wish. Si no hubiera tenido esta profesión, no me hubiera podido ocupar de la ambientación de los eventos, el diseño del programa, las invitaciones. Hay cosas que las tengo muy claras y nadie me viene a imponer nada. Entiendo del tema, aunque no soy pediatra. Yo ejercí durante mucho tiempo de arquitecta y no extraño la profesión. Esto que hago desde hace una década es apasionante. Ver las caras de los chicos, la capacidad de sorprenderse. Cuando me preguntan: “¿Cómo podés tolerar el sufrimiento?”, yo respondo: “¿Cómo hacen las mamás que, a veces, tienen hasta dos hijos enfermos?”

¿Siempre le interesó ayudar a los demás o hubo un hecho puntual que la llevó a convertirte en una persona solidaria?

El sentimiento solidario no se adquiere, salvo que hayas pasado por una tragedia. Me lo inculcaron de chica, desde el colegio, yendo a los geriátricos a contar cuentos a los abuelitos. Mis hijos también lo tuvieron en el Colegio San Andrés, donde participaban del Community Service. Está bueno ver otras realidades. La realidad es difícil y no tenemos idea de lo que pasa en términos ambientales. En la fundación, tenemos chicos del interior del país con tumores cerebrales, cada vez hay más. Allí, algunos hospitales analizan el agua y los resultados arrojan que el agua tiene arsénico.

Make a Wish es una organización internacional. ¿Por qué decidió sumarse a esta y no a otra?

Yo sabía de la existencia de la ONG en Estados Unidos porque están allí desde hace 32 años, con más de 60 sedes, y además tienen presencia en 38 países del mundo. Están codo a codo con UNICEF. Es muy importante lo que hace Make a Wish, incluso, por séptimo año consecutivo acaba de recibir la Four Star Challenge Navigator, que es el máximo reconocimiento que se le da a una ONG en Estados Unidos. Me interesó mucho porque, si bien hay instituciones muy valiosas, ninguna hacía algo parecido. Lo nuestro es más mágico, tiene que ver con la ilusión del chico. Me entusiasmé mucho y convoqué a gente muy amiga, como la Dra. Rosa Etlis de Flom, Marcela Gotlib y Florencia Allende, y les pregunté si me querían acompañar en el proyecto. Había que establecerse como fundación, tener personería jurídica. Mandé un correo electrónico a Make a Wish de Estados Unidos para contarles que quería abrir una sede en Argentina, y me respondieron que estaban afiliando a Corea y a Suiza, por lo que tenía que esperar por lo menos seis meses. ¡Me dio tanta rabia! Por suerte, los americanos son concretos y respetuosos cuando ven que estás haciendo las cosas en serio, y eso es algo que me encanta de ellos. Te respetan como entidad, como persona. Si sos serio, ellos te devuelven. No tenés frustraciones. Cuando me contestaron eso, les puse: “Ok, como nosotros queremos empezar a trabajar ya, podemos ir entrevistando a los chicos en los hospitales y les decimos que van a tener que esperar seis meses para cumplir el sueño. ¿Ustedes están de acuerdo?”. Fue gracioso porque a la hora de haber enviado ese mail, me llegaron todos los formularios de aplicación. Esto fue en septiembre de 2002, y ahí mismo me invitaron al congreso mundial que se realizaba en Pasadena (California), en octubre.

¿Cómo fue la recepción de Argentina en el congreso?

Muy linda. Estaban las banderas de todos los países y ver la de Argentina entre todas me dio una gran emoción. Tuve que hacer una presentación para todo el board, contar cómo íbamos a trabajar. Aunque pensemos que no, ocupamos un lugar en el mundo. Los representantes de los otros países se acercaban y nos daban la bienvenida de una manera muy cálida. No podían creer que hubiésemos podido cumplir 500 deseos en un año.

¿Cómo es la dinámica para llegar al niño?

Tenemos 40 voluntarias que van a los hospitales o a las clínicas, entrevistan a los chicos para saber cuál es el sueño y luego vienen acá con la ficha. Son todas mujeres, tenemos solamente dos hombres. Esto es bastante razonable… Por algo las mujeres somos madres, los hombres no aguantan. Ellos empiezan, pero les parece muy fuerte y no pueden seguir. También tenemos mucha gente que nos ayuda. Por ejemplo, tenemos un contacto en River para llevar a los chicos que quieren conocer a los jugadores, esa persona es Anita Tomaselli, la llamamos cuando quieren conocer a algún famoso. Estos también son voluntarios, pero no donan su tiempo todos los días. También tenemos voluntarias en el interior. Trabajamos con hospitales de Mar del Plata, Salta, Rosario, La Rioja y Córdoba. Allá también tenemos voluntarias, que entrevistan al niño de acuerdo con nuestras pautas y después nos mandan la ficha. El mes que viene tenemos que ir a buscar a un chico a Jujuy.

¿Manejan un presupuesto determinado para los sueños?

Cada sueño se cumple, sea cual fuere el sueño. El único impedimento es si el chico pidió un viaje y el médico no lo autoriza. Por eso hacemos tantos eventos. Acá recaudamos en pesos y hay sueños que son en dólares o en euros. Por ejemplo, el caso del chico que quiso ir a Modena para conocer la fábrica de Ferrari. También tenemos chicos que piden venir a la Argentina porque quieren ver a los pingüinos, los glaciares o las ballenas. Hace tres años vino una chica griega a conocer a Luisana Lopilato, estaba enloquecida de la felicidad. Si tenemos que pensar en el promedio de dinero que necesitamos por chico, estamos en 3000/4000 pesos. Las compañías aéreas no nos dan pasajes, pero hay hoteles que nos ayudan. Por ejemplo, hemos recibido ayuda de la dueña del Costa Galana, en Mar del Plata; también de la Secretaría de Turismo de Bariloche. Si vienen del interior, les mandamos el pasaje. Muchas veces colabora el Hotel Panamericano con una tarifa especial. Si quieren tomar el té con las princesas, solemos hacerlo en el Alvear o en el Palacio Duahu. Las chicas sienten que están en un palacio, tomando el té con verdaderas princesas.

¿Es medible el impacto positivo que produce el sueño cumplido en el niño?

Claro que sí. Para eso está el Wish Impact, un estudio que se realizó en Estados Unidos. Está relacionado con las condiciones climáticas y la ubicación geográfica, entre otras variables. En breve, el estudio se hará en Canadá, Bélgica, Argentina, Austria y Singapur. De los 4200 sueños que ya cumplimos, el 40 % (1700 casos) son de niños que padecen leucemia y tumores cerebrales. El estudio muestra que la curva de vida es ascendente a partir del momento en que se cumple el sueño, porque esto repercute en la familia, en los médicos, en el niño y en el entorno hospitalario. En muchos casos, los niños se recuperan. El hecho de cumplir un sueño los hace tener una expectativa, cambian notoriamente su estado emocional.

¿El argentino es solidario?

Absolutamente. Tenemos la prueba diaria, cuando necesitás que alguien apadrine un sueño. Hay gente que te pide que le mandes dos o tres sueños por mes. El Ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, está superinvolucrado. Gracias a una carta que le mandé a Mauricio Macri, el Jefe de Gobierno porteño nos donó 500 ejemplares de Arte urbano, libro que se editó especialmente para Arteba, sobre los murales que se hicieron el año pasado en la Ciudad. Nos cedieron el espacio que tenía el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en la muestra.

¿Qué deseo le queda por cumplir?

Hace unos años, ese deseo era que mis hijos fueran felices, que vivieran el presente pensando en su futuro, que se graduaran. En este momento, en el que se vive con tantas enfermedades, hay cosas que nunca en tu vida escuchaste nombrar, y cuando investigás un poco en Internet, no lo podés creer. Creo que hay que tomar con más seriedad el tema ecológico y ambiental. El estrés influye, pero no podés atribuirle todo. Hay temas de los que se habla, y que después pasan, como la irradiación de los celulares. Mi deseo es que de eso se hable.


El primer deseo del mundo

Su protagonista fue Chris Greicius, un niño de Arizona (Estados Unidos), de 8 años, que padecía leucemia. En marzo de 1980, Chris pidió ser policía, como los de la serie Chips. Su mamá contactó con el Departamento de Seguridad Pública de Arizona. Los funcionarios lo invitaron a recorrer las instalaciones. Le tenían preparado un traje completo y hasta una moto para su tamaño. Cinco días después, el niño falleció. En su funeral le rindieron honores de policía. Así se formó la Greicius Make-A-Wish Memorial, Inc. (Memorial). Tres años después, cruzaría las fronteras con el nombre de Make-A-Wish Foundation® of America. Desde su nacimiento, la ONG lleva 280 000 sueños cumplidos y, cada 25 minutos, hace realidad un nuevo deseo.