Con el deporte como escuela, Magui Aicega traslada los valores aprendidos en la cancha al resto de los escenarios donde se desempeña: “Me crie en un deporte grupal y no concibo la vida de otra manera: todo es un equipo”. Rodeada de una generación notable de jugadoras, fue uno de los motores que provocó el cambio del seleccionado argentino: de un combinado de segunda línea, pasó a ser protagonista en todas las competencias internacionales (durante quince años, no bajaron del cuarto puesto en ninguna de ellas). Además, crearon una identidad y un nombre propios al erigirse como Las Leonas en los Juegos Olímpicos de Sídney, en 2000 (apodo que, por extensión, llegó hasta el seleccionado masculino).

¿Qué entendés por responsabilidad social?

Ser responsable con lo que hacemos en la sociedad. Cumplir los valores de los que hablamos: el respeto, la unión, la solidaridad. Es intentar aplicar todos los valores de los que una habla en privado.

¿Creés que, en general, los argentinos somos responsables socialmente?

Hay de todo: gente que sí y gente que no. Estamos en un momento en el que, por un montón de factores, a veces nos faltamos el respeto. No están los valores que una quisiera. Muchas veces es porque hay gente a la que no se los inculcaron o porque no los llevan a la práctica. Pero no generalizo, me parece que te encontrás con todo. Y hay personas que sí se manejan con mucho respeto. Lo que sí creo es que si fuéramos un país donde nos respetáramos más, estaríamos mucho mejor, más allá de lo económico. Me tocó viajar, y afuera veo que hay reglas y normas que se cumplen. Yo no dejo mi país por nada del mundo, no me iría a vivir a otro lado, pero miro y trato de copiar lo positivo de otros países. Tenemos un montón de cosas buenas, pero en esto nos falta, me parece que no respetamos todo lo que deberíamos respetar. Si lo hiciéramos, seríamos una sociedad mucho más sana.

Desde tu rol, ¿creés que tenés una responsabilidad mayor?

Sí, me parece que, me guste o no, cuento con mayor responsabilidad. Si tenés más exposición, sos dueño de lo que hacés, pero también hay gente observándote, y eso es una responsabilidad. No es ser careta y dejar de ser una, pero sí asumir que hay gente mirando y que podés aportar tu granito de arena sumando valores. Igual, todos tenemos que ser responsables. No podés desligarte diciendo “Hago lo que quiero, si a mí no me conoce nadie”… Tenés amigos, hijos, padres, conocidos. Todos tenemos responsabilidades con otros.

¿Sos de sumarte a campañas solidarias?

Cuando puedo, sí. Igual, cuando colaboro, no me gusta contarlo. Lo digo cuando la campaña necesita difusión. Ayudo por sentimiento, aporto lo mío para que otro esté un poquito mejor. Soy consciente de que, desde mi lugar, puedo conseguir que otras personas colaboren con alguna fundación, entonces ahí puedo llegar a hacerlo público. Creo que en este país muchos quieren colaborar, pero no saben dónde ni cómo. Me incluyo: a veces no sé qué hacer para ayudar. Mucha gente ayuda cuando tiene la oportunidad. Somos una sociedad comprometida, y eso me gusta.

Debutaste en la primera división de Belgrano Athletic a los 14 años. Hoy, con 45, seguís jugando, ¿qué te lleva a hacerlo?

Amo el hockey. Juego porque puedo seguir haciéndolo y porque lo disfruto. Jugué tanto que lo exprimí todo lo que podía, y me pasé un poco. Creo que será el último año, porque hay que decir basta en algún momento. Estoy disfrutándolo mucho, siempre me va a gustar jugar y podría hacerlo cinco años más, pero me parece que está bueno correrse, dar un paso al costado y dejar que suban otras.

¿Cómo cambió tu relación con el hockey en todos estos años?

Cuando era chica, mi objetivo era jugar en primera división y en la selección. Todo eso lo hice, y durante mucho tiempo. Hoy mi objetivo principal es mi familia, y después viene el hockey. Igual, me lo tomo con tanta responsabilidad que no falto nunca, como corresponde. Si querés disfrutarlo y jugar bien, tenés que entrenar, y más cuando sos grande. Si no, después sufrís en el partido. Cambiaron los objetivos, y también la experiencia que fui ganando, pero la pasión por este deporte no se modificó nunca. Es siempre la misma, por eso sigo jugando.

¿Qué te brindó el deporte?

Me enseñó los valores que aplico en la vida. Me crie en un deporte grupal y no concibo la vida de otra manera: mi familia es un equipo, mis amigas son un equipo, el laburo es un equipo. En la nutrición, por ejemplo, para tomar decisiones a veces necesitás que un médico te pase información del paciente. Y así con todo. Los valores que aprendí en el deporte trato de llevarlos a mi vida.