Federico Waisbaum es el Director Ejecutivo de la fundación Puerta 18 para inserción laboral, encargado de coordinar los equipos de trabajo y de hacer las vinculaciones con empresas del exterior para saber qué programas se pueden sumar a su sistema operativo.

¿Cuáles son las principales actividades que se realizan en el lugar?

Trabajamos lo que es desarrollo y talentos con herramientas de tecnología, todo esto es superamplio. Para mí, hablar de tecnología es referirse ya sea a un micrófono, a una cámara digital o a un sistema operativo de una computadora. En el lugar tenemos robótica, diseño de videojuegos, producción audiovisual, música, animación, cine, estos son los temas por los que nos vamos moviendo; y después lo más actual son los sistemas operativos que tratamos con los chicos más grandes, porque es más difícil la programación de computadoras.

 ¿Cómo surgió la idea de crear Puerta 18?

Hace diez años, había un montón de herramientas que no estaban disponibles para los chicos, muchos ni siquiera tenían acceso a una computadora. Un grupo de personas y yo nos dimos cuenta de que el mundo giraba solo para el lado de la tecnología y que las personas que no la manejaban se estaban quedando afuera de las oportunidades laborales. Entonces empezamos a enseñar a usar una computadora, había chicos que jamás habían visto o utilizado una. Hoy en día no encontrás un adolescente que no tenga una cuenta en alguna red social, lo que sigue pasando es que la brecha digital se corrió: ahora los adolescentes sí tienen acceso a un celular. Pero hace diez años nos dimos cuenta de todo lo que estaba pasando, y teníamos esta casa vacía ubicada en Palermo (un barrio con mucha propuesta sociocultural pero muy poca para adolescentes) y decidimos meternos de lleno en eso, pensando que si es para jóvenes, hay que utilizar la tecnología. Hicimos un diagnóstico de lo que faltaba en la casa y luego trajimos todos los materiales como herramienta para trabajar con la población. Fundación IRSA al principio solventaba este lugar, pero ahora nosotros formamos nuestra propia fundación gracias al apoyo que logramos obtener de las empresas que nunca nos dejaron solos.

¿Cuáles son los desafíos de Puerta 18 para el futuro?

Nuestro primer desafío, o el más grande, tiene que ver con el crecimiento del lugar, hacer que este programa llegue a otra provincia, que se puedan abrir otras instituciones en distintas partes del país. Nuestro modelo de crecimiento tiene que ver con articular con otros, hay un montón de espacios con computadoras que están vacíos. Ya no soñamos con tener diez Puertas 18 en el país, sino que imaginamos muchos espacios como esta institución, donde se compartan y aprendan cosas nuevas todos los días.

¿A qué apuntan con Puerta 18?

A que los chicos puedan tener una exploración sin presión laboral de qué cosas les gustan hacer y que tomen la tecnología como eso, como una posibilidad de crear, como una herramienta para poder hacer otra cosa. Que puedan tener una etapa exploratoria de juego, donde descubran lo que les gusta; es muy difícil para un chico de 13 o 14 años saber a qué se va a dedicar cuando tenga 20. Nos planteamos, primero y principal, poner a disposición un montón de herramientas, disciplinas y áreas que van apareciendo para que todos las conozcan, y después cuando descubran lo que les gusta y encuentren algo ahí, si es algo de lo que quieren vivir, los acompañamos a cumplir ese proyecto. Puerta 18 se llama así porque al principio era para chicos de hasta 18 años, pero después nos fuimos dando cuenta de que los más grandes también pueden aprender cosas nuevas. Nuestro sueño es que descubran qué es lo que les gusta y que puedan vivir de eso.

¿Qué es Puerta 18 para vos?

Puerta 18 es un programa social que eligió la tecnología como una buena excusa para abordar la problemática de los jóvenes y las herramientas que nosotros utilizamos. Todo esto tiene tanto potencial que permitió en estos diez años cambiar la vida de un montón de adolescentes; no nosotros, sino ellos mismos la cambiaron conociendo herramientas que antes ni sabían que existían.