PRESENTE dialogó con Graciela Varlevarino, Presidenta de la Fundación Vivienda Digna, para conocer más sobre el trabajo que lleva adelante.

¿Cómo nace la organización?
En 1979, Mario Franzini comenzó a observar las necesidades de las personas carenciadas de San Isidro. Él estaba muy comprometido con Cáritas, por lo que junto con sus amigos comenzaron a pensar cómo ayudar a la gente en su desarrollo y en su promoción. Así, hace 39 años, surge nuestra misión, que es acompañar a las familias en su desarrollo integral a través del acceso a una vivienda digna y en un hábitat adecuado. Cabe aclarar que para nosotros las viviendas son solo un medio en el proceso de desarrollo de las personas.

¿Cómo está formada?

La institución está estructurada en seis áreas. De ellas, destacamos tres líneas de trabajo. La primera se llama hábitat y participación. Es el área centrada en los procesos de desarrollo de barrios y construcción de viviendas nuevas, y también del mejoramiento de viviendas. La segunda, que nace en 1994, es la línea de microcréditos; y la tercera es el corralón solidario Sume Materiales, que comenzó en 2004. Después, tenemos tres áreas operativas: la de administración, la de recursos humanos y la de desarrollo institucional. Cada una cuenta con una comisión de apoyo –conformada por quien dirige el área–, integrantes del consejo de administración –máximo órgano de la organización, conformado por nueve voluntarios–, el Director Ejecutivo –Alejandro Besuschio– y también asesores externos, que pueden ser profesionales del área de comunicación –como publicidad o periodistas–, abogados, ingenieros, entre otros.

Y con el sector empresarial, ¿qué representa para ustedes la RSE?

Desde nuestra perspectiva, creemos que todos tienen que ayudar, y el sector empresarial debe colaborar, ya que gracias a la sociedad está presente y puede trabajar y crecer, por lo tanto, es fundamental que pueda devolver y ayudar a los sectores más carenciados. En nuestro caso, nos acompañan muchas empresas que colaboran a través de donaciones de materiales de construcción, muebles, equipamiento sanitario y de cocinas, entre otros, además de contribuciones económicas o asesoramiento profesional. Por ello siempre expresamos nuestro agradecimiento, ya que con su colaboración las familias destinatarias se benefician ampliamente. 

¿Existen desafíos para la integración de las familias en los barrios?

Trabajamos fuertemente en el acceso a la ciudad. Buscamos que las personas se sientan parte de la ciudad, que participen como un actor social y que tengan un rol activo. Es decir, que puedan acceder a todo lo que una ciudad ofrece en términos de servicio, espacio público, etc. Por eso, cuando las familias acceden a las casas, trabajamos en un nivel de integración barrial en lo comunitario, para generar un sentido de apropiación. En esta línea, buscamos generar aceptación por parte de quienes ya viven en la zona. Para ello, antes de construir las viviendas recorremos el lugar, hacemos un trabajo de preparación

¿Cuáles son las fortalezas de la organización?

Destaco que está conformada por buenas personas con un gran compromiso hacia la misión y con mucho respeto de todos hacia todos. En todas las áreas hay un equipo de trabajo muy profesional y muy comprometido, con vínculos basados en altos niveles de confianza. Este punto es fundamental para que la organización funcione.

Para finalizar, ¿cuáles son las expectativas para el futuro?

Queremos seguir mejorando nuestras líneas de trabajo para responder de la mejor manera y continuar acompañando a las personas en su proceso de desarrollo. A pesar de las dificultades y el contexto tan complejo, siempre se nos abren las puertas para seguir ayudando.

“Que cada familia tenga una casa donde llegar, un hogar para crecer”, de esta manera, la Fundación Vivienda Digna define su misión. En un contexto donde más de tres millones de personas no cuentan con acceso a una vivienda adecuada, la misión se presenta como un desafío.