Desde el silencio o desde el bullicio, UNICEF trabaja a nivel mundial en la protección de la infancia y la adolescencia, desarrollando proyectos que promuevan políticas públicas, fomentando una suerte de trabajo de fertilización cruzada que implica a los Estados, las empresas y los particulares.

UNICEF es un organismo de cooperación dependiente de Naciones Unidas que tiene como primera contraparte al Estado, por ello, trabaja en tándem con los Gobiernos nacionales, provinciales y municipales en busca de la promoción de políticas públicas que favorezcan a la infancia. Son precisamente esos actores los responsables de que los derechos de los niños se conozcan, se respeten y se cumplan. UNICEF coopera para lograr estos cambios, involucrando a la sociedad civil, a las empresas y al tercer sector, las ONG. Todos los proyectos que UNICEF tiene en la Argentina, al igual que en el resto de los países en los que cobra protagonismo, apuntan a transformarse en políticas públicas para que los temas de la infancia estén cada vez más en la agenda y se lleven a cabo. De esta manera, las partes involucradas van incorporando experiencias a través de acciones conjuntas que se pueden replicar en diversos espacios. Pablo Ferreyra, Especialista en Monitoreo & Evaluación de Programas del organismo, lo tiene claro: UNICEF sabe dónde debe sembrar la semilla de la solidaridad para que la gente se comprometa con uno de los objetivos más honorables que la sociedad en su conjunto puede elevar: que los niños del planeta tengan la posibilidad de crecer y desarrollarse en el amor, en el respeto y con la seguridad de que los adultos les daremos la chance de ser felices.

Cuando hablamos de ser solidarios, ¿qué resulta más fácil: dar o hacer?

Las dos cosas tienen su punto de vista positivo, y depende un poco de la persona que está del otro lado. En ese sentido, me parece que tanto dar como hacer suman, y ambas tienen que ser valoradas como complementarias. En el caso de UNICEF, dar es brindar los recursos económicos que ofrecen las empresas y los particulares en pos de la realización de diversos proyectos. Del lado del donante, creo que hay un gran componente de felicidad interna en eso, pues el hecho de poder dar o hacer hacia otra persona genera un sentimiento de bienestar, y eso es importante.

¿Hay conciencia de donación en la Argentina?

Sí, la hay, nosotros somos una prueba de eso. UNICEF tiene hoy una base de 180 mil donantes en la Argentina; personas que todos los meses hacen una donación estipulada con su tarjeta de crédito, de débito o realizando una transferencia bancaria. Claro que debemos seguir promoviendo esta sana costumbre, porque el argentino es un ser solidario aunque todavía nos falta educación sobre lo que implica esto y ser donante. En otros países, los ciudadanos saben que un porcentaje de sus ingresos lo van a donar, forma parte de su propia cultura, mientras que aquí nos volcamos a la ayuda solidaria cuando un tema aqueja a la sociedad de manera urgente.

¿Cuál es el monto promedio que dona un particular en la Argentina?

La gente dona dentro de sus posibilidades, y la verdad que no hay un parámetro. En los donantes particulares aumenta el promedio cuando el tema los toca de cerca, cuando el necesitado es el que tenés al lado y conocés su padecer inmediato. Por ejemplo, aquellos que son padres o abuelos primerizos empiezan a vivir como propios los problemas relacionados a la infancia. La experiencia te permite tomar conciencia de lo que sufre el otro, y ese hecho te motiva a implicarte en la colaboración.

¿De qué manera distribuyen las donaciones?

UNICEF tiene un fondo de dinero proveniente de las donaciones y lo destina a la financiación de un gran abanico de proyectos que tienen como objetivo que se respeten los derechos de los niños y los adolescentes, entre los que se encuentran temas como la educación, la salud y la protección. Algunas de estas causas pueden contar con mayor receptividad o resonancia en la gente, y otras quizás son cuestiones más complejas, como la prevención de la violencia o la equidad de género. La clave es poder equilibrar el destino de los fondos para cubrir todo el abanico de una manera equitativa.

¿Cuando el donante es una empresa los fondos son direccionados a un proyecto específico?

No. Lo que tratamos de hacer con las empresas son acciones de comunicación o concientización social sobre alguno de los temas que te nombré anteriormente, según se encuadre el perfil de acción que tiene cada compañía, lo cual tampoco significa que los fondos que recaudemos estén ligados indefectiblemente a un determinado proyecto. Las empresas confían en UNICEF porque forjamos alianzas a largo plazo, son muchos años de trabajar de manera conjunta, analizando seriamente cada proyecto de manera consensuada con los distintos actores que integran la sociedad.

¿Por qué se acercan las empresas a UNICEF?

Existen diferentes variables. Algunas lo hacen porque desean tener beneficios en imagen o asociar su marca a una causa social para motivar a sus empleados. Otras, porque confían en nuestra experiencia a la hora de elegir una organización con la cual hacer acciones de marketing social que, además de generarles un valor económico, les permitan crear valor social desde su organización. Esto es algo que está sucediendo cada vez más a nivel mundial, no solo en las multinacionales, sino también en las pymes, donde el planteo es mantener su negocio de manera sostenible a lo largo del tiempo, generando confianza desde el hacer. Y eso lo logran creando alianzas público-privadas, apoyando políticas públicas en las que el otro empieza a ser considerado parte del asunto y no solo un beneficiario. Esto provoca que la empresa no estipule unilateralmente qué debe recibir la comunidad en la que ella actúa, por el contrario, se presta a un debate, a un proceso participativo en el que los actores interesados se juntan y dialogan el destino final de los fondos, llevando adelante un proyecto más integrador y comprometido.

¿Presentan de manera habitual algún balance oficial a los donantes sobre el destino que se les dio a los fondos recaudados?

Nuestros donantes reciben el informe anual de actividades, en el que pueden visualizar todo lo que se hizo en las diferentes áreas a nivel educación, salud, protección, etc. Y después, al final del informe, hay un cuadro de inversiones que presenta la distribución de los recursos para cada área. Además, todo esto está en la web de manera transparente, porque sabemos que cuando la gente dona su dinero desea saber qué uso se le dio. Además, durante todo el año, el donante recibe de manera periódica nuestras revistas con información general, donde se le cuenta, en un tono más coloquial, la historia de muchos chicos que fueron beneficiados con los proyectos realizados.

El trabajo de UNICEF los emparenta a diario con las instituciones básicas sobre las que debería afianzarse la crianza de los niños, tales como la familia o la escuela. ¿En qué estado consideran que se encuentran dichas instituciones en la actualidad?

Uno de los trabajos de UNICEF es trabajar en los sistemas formales de la educación y la salud: las escuelas, los hospitales, las oficinas de protección de los derechos de los niños, entre otros sistemas que dan servicios a una gran proporción de la población. Por ello, nuestro objetivo es que empiecen a incorporar ciertas prácticas que se han perdido, algunas que no tienen tanto que ver con una cuestión de infraestructura o equipamiento de suministros, sino más relacionadas a las dinámicas de funcionamiento o de concientización sobre necesidades fundamentales. Por ejemplo, que un hospital incorpore un servicio de seguimiento a la mamá y al bebé, no solo darle el alta al recién nacido, sino también a la mamá, saber que ella tal vez vive en una casilla donde no existe el número y la dirección, donde se necesita un mapa para saber cómo llegar o resulta necesario contar con el teléfono de algún vecino o de alguien de la cuadra para poder contactarla. Entonces, debemos empezar a promover temas para protegerla a ella y a su hijo, cuestiones básicas y fundamentales como la lactancia materna, un tema que con los años fue dejado de lado de la agenda pública. O empezar a capacitar a las enfermeras en temas de neonatología. Fomentar esas acciones va a permitir que el propio hospital, considerado como una institución de base, esté cada vez más fortalecido. En el caso de la familia, entendida como un ámbito privado, puede abordarse desde el propio hospital, trabajando sobre temas relacionados a cuestiones propias de las familias. Lo mismo ocurre con las escuelas, donde se debe tener en cuenta que muchos de los chicos que van a estudiar necesitan un DNI y quizás no lo tienen, y en ese caso, se les debe facilitar la cosa. La escuela también puede ser un ámbito de detección de situaciones de violencia, y debemos estar preparados para derivar esas situaciones a través del canal correcto. UNICEF busca transformarse en un puente hacia la comunidad, y en ese camino es en el cual estamos avanzando, fortaleciendo estas instituciones apoyados en una alianza con el Estado para que dichos ámbitos protejan cada vez más a la infancia.

En ocasiones, parece que conformamos una sociedad que le da la espalda al necesitado, que somos parte de una comunidad global en la que pasamos caminando por al lado de la injusticia con los ojos cerrados, asumiendo que algún otro tomará cartas en el asunto. Muchas veces la indiferencia es la que nos mueve hacia adelante con cierta carga de frustración. Pero llamativamente, esa misma sociedad parece cobrar un protagonismo mágico cuando el afectado es el vecino, el compañero de trabajo, un familiar o un amigo cercano. En esas ocasiones, los argentinos tenemos un corazón ASÍ DE GRANDE para ponerles el pecho a las situaciones más drásticas y urgentes, trabajando codo a codo para darle una mano al necesitado. Quizás solo nos haga falta un empujoncito para asumir un compromiso a largo plazo, un llamado de atención para convertirnos en protagonistas e implicarnos de lleno en una historia, en la realidad de un niño que puede cambiar, en una tristeza que se puede transformar en alegría, en un futuro amoroso que le brinde la oportunidad a una personita de crecer y desarrollarse. Tomemos conciencia de esto y estaremos creciendo todos, no solo los niños, sino también los adultos, porque en definitiva somos los grandes quienes debemos proteger el devenir de los más pequeños. UNICEF está presente en la Argentina desde mayo de 1985.

Es hora de que cada uno de nosotros también diga “PRESENTE”. Si querés colaborar, podés hacerlo ingresando en: www.unicef.org.ar.

UNICEF Y LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO DEL MILENIO

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), asumidos por los jefes de Estado y de Gobierno de 189 países en el seno de las Naciones Unidas para ser alcanzados en el año 2015, tienen una estrecha vinculación con la niñez y la adolescencia, ya que cada uno de ellos cuenta con implicación en el desarrollo de los niños, niñas y adolescentes. Los ODM adaptados al contexto de la Argentina son: ODM1 Erradicar la pobreza extrema y el hambre ODM2 Alcanzar la educación básica universal ODM3 Promover el trabajo decente ODM4 Promover la equidad de género ODM5 Reducir la mortalidad infantil ODM6 Mejorar la salud materna ODM7 Combatir el VIH/sida, la tuberculosis, el paludismo, el chagas y otras enfermedades ODM8 Asegurar un medio ambiente sostenible

El conjunto de los ODM contribuye a la reducción de la pobreza concebida en sus múltiples dimensiones. El reto planteado por el ODM 1 para 2015 es reducir el porcentaje de hogares pobres (en términos de ingresos) a menos del 20% y erradicar la indigencia. La tendencia de reducción de la pobreza registrada muestra que podría lograrse la meta establecida; no así la relativa a la eliminación de la indigencia, cuyo ritmo de disminución debe acelerarse.

Según datos del año 2006, un 40,9% de los niños, niñas y adolescentes argentinos vive en hogares pobres, y un 14,3% en hogares indigentes. En algunas provincias casi el 70% de niños menores de 18 años vive en la pobreza.

El ODM 4, referente a la promoción de la igualdad de género, apunta a alcanzar mayores niveles de equidad en la participación económica de la mujer y a aumentar su participación en los niveles decisorios. El indicador de ingresos mensuales para varones y mujeres muestra diferencias llamativas, ya que la media de ingresos de los varones era de $1150, ante los $797 de las mujeres, según datos del segundo semestre de 2006.

Además, las desigualdades de género en el hogar son condiciones propicias para favorecer la existencia de violencia en el ámbito doméstico, que afecta principalmente a mujeres, niñas y niños, y que sostiene estereotipos basados en la discriminación.